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Sobrevivientes. Y sonrientes.

senalespreventivasHay silencio y sol. De a ratos, el ruido del caño de escape de un colectivo me confirma que estoy despierta. Es que es domingo, es de mañana y es 1ero.

Hemos sobrevivido. Hubo momentos en lo que lo creí imposible. La vejez parece un objetivo bastante complejo de alcanzar y me dieron un poco de miedo las horas que restaban para terminar, de una puta vez, este año inolvidable.

La familia duerme y en pijama me balanceo sobre mis ideas, que es bastante diferente a hacer un balance. Ya lejos del vitel toné, los ríos de extra brut, y los deseos de buen año, siento que he corrido una maratón (la única que puedo correr) y ni remera me han dado. Si lo miro desde otro lugar me veo tan rica que hasta me parece obsceno.

Sin embargo, hace un par de días que me encuentro pensado en cómo voy a recordar este año dentro de una década. Nací sin memoria para la fechas. Ni siquiera para los aniversarios.

Tengo música en mi cabeza” me confesó la menor. Lo que se hereda no se hurta, dicen en mi familia. Y de eso si tengo. Una especie de banda sonora para los momentos más importantes de mi vida. La gente te puede decir en dónde estaba cuándo murió Lady Di. Yo te puedo decir qué música estaba escuchando, ahora, no tengo la más pálida idea del año.

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Cachiruleadas (No, no es un homenaje. Es un ajuste de cuentas).

sobremesa-flor-roja-7013-01_p1Nota del autor: Una amiga de mi hermana que vi crecer, joven y querida, se murió hace tres meses. Y una amiga amada hace unos días. A la segunda le dedico todas las puteadas de este texto,  que es casi una carta personal. Está posteado público porque temo que la muertita me reclame. Considérense advertidos antes de leer.

Para ser sincera prefiero los duelos que son combates. De espaldas, diez pasos y a matar o morir.

Negación, enojo, depresión, negociación y aceptación. Esas cinco son, según un amplio consenso, las fases de los otros duelos.  Duelo de doler, en donde no matás pero sentís que te morís.

Y nos viene doliendo este año de un modo ya casi ridículo. Sin ánimo de quejarme, que se me caería la cara. Vieron eso de que cada día es un regalo? Bueno, es verdad. En cualquier momento pongo un pasacalle. En mi frente por ejemplo, de oreja a oreja…

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Toda carpa tiene su circo.

carpaEn estos últimos días decidimos no tener más hijos y comprar una carpa. Y los dos hechos están íntimamente relacionados.

Ocurre que el problema de encontrar un colegio que te guste es uno de los secretos mejor guardados de este racimo de bondades que trae aparejado la maternidad. Lo encontramos. Lo podemos pagar. Van. Pero el colegio tiene “espíritu”. Y si bien eso es algo bueno (En otro post les cuento por qué)  al espíritu, nos dicen,  hay que alimentarlo.

Tenemos entonces un campamento familiar por año por hijo, sin docentes, una sola noche. Para compartir. El problema es qué se comparte. Entre el sueño y la realidad, un camino de dudas.

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Culpa de las tripas tanas. (No apto para madres sensibles).

DibujoMedio boludita, una pendeja del orto, manipuladora, chota, mamarracho y una zorra. Cuando voy por el insulto número 37, in crescendo, agradezco tener tantos vocablos disponibles para armar, prolija y grande, la ristra de epítetos que se merece la yegua del día.

Después me dedico a pensar, minuciosamente, todas las frases que se podrían haber usado para responder a su provocación. Y acá soy Gardel. Me supero con cada nueva opción, intercambio palabras, pruebo tonos y ensayo remates. Y me quedo con dos o tres que son devastadoras. La topadora de los retruques malvados. Un lujo de doble sentido. Lástima que el momento ya pasó.

Finalmente guiono mentalmente una serie de muertes accidentales en las que la justicia divina  me libera de la culpa. Pero por las dudas a estas escenas le siguen una lista de asesinatos ingeniosos con mucho sufrimiento. Todos para cadena perpetua agravada por premeditación y alevosía.

Culpa de las tripas tanas.  Después vuelvo a la realidad y se que ni los insultos ni las respuestas ni las muertes son aplicables a la compañerita de mi hija que la trató mal.

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¿De qué lado estás? (Elucubraciones sobre economía y caleidoscopios)

caleidoscopioHay dos tipos de mujeres, las normales y las que creen que todos los tipos se pajean pensando en ellas.

Ese pensamiento me asaltó en la Clínica, estaba con mi mejor amiga que traía un dolor que la había doblado, literalmente, en dos. No tenía que ver con las enfermeras ni con las médicas. No tenía que ver con mi amiga, ni conmigo, ni con ningún suceso reciente.

Era una idea suelta. Un concepto cerrado. No era la primera vez, me persiguen frases. Y  casi siempre lo hacen cuando tengo mucho sueño. Era de noche, estábamos en la guardia, y me dormía. Esto antes no me pasaba.

Nací nocturna. Me gusta la noche para beber y bailar pero sobre todo para escribir, leer, charlar, pensar, hacer.  El silencio me relaja y la oscuridad, en general, me ayuda a distinguir la verdadera luz.

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Respondeme ésta.

imagesLa menor: ¿Mamá yo tengo corazón?
Yo, apurada, haciendo cualquier otra cosa: Si.
La menor, reflexiva y desconfiada, mientras se pone bizca mirándose el pecho: Pero no me lo veo.
Yo, siguiendo con eso que estaba haciendo y que ahora no recuerdo qué era: Porque lo tenemos adentro, no se nos ve.
La menor, insistente y desafiante: ¿Pero todos tenemos corazón?
Yo, haciéndome la metafórica: Bueno, deberíamos.
La menor, desconcertada: ¿Pero a todos no se les ve?
Yo, haciéndome la boluda: A algunos casi no se les ve, parece que no tuvieran…

La menor, que tiene casi cuatro, se va haciendo montañitas con las manos derecho a jugar con un mono nuevo que grita como un tormento (para nosotros, no para él que es un muñeco). Camina hasta su cuarto, madura, luego de haber mantenido la concentración en una charla que superó los tres intercambios. Es más de lo que puedo decir de muchos adultos con los que converso en el día.
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