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Querer queriendo.

globodTiene la altura de una banqueta y diría que es pura cabeza si no fuese pura actitud. Chiquita, linda y tremenda, con la voz  de un dibujito animado borracho y resacoso. Lleva cuatro años explorando los modos más sorprendentes de empujarnos al límite.

Con ese envase un domingo dijo tres veces  “Me quiero morir”. No sabemos de dónde lo copió. Una galletita rica y que se quiere morir. Una caja de lápices gruesos y brillantes y que se quiere morir otra vez.

A la tercera vez, mientras levanto los platos, le digo que no lo diga más. Me mira y duda, busca en qué parte de mi comentario está la estafa. Mientras voy a la cocina  transfiero: “Papá te explica por qué”.

La mayor, tan alta, tan serena, advierte resignada: “Lo dice todo el tiempo” y reojea el Ipod, confiscado, sobre la cómoda. Una tiene una primavera en la mirada y la otra un mar tormentoso. Se me ocurre que para la primera soy la que le pisa el pasto y para la segunda un barco pirata.

El ipod viene siendo el mejor recurso pedagógico de toda nuestra experiencia en la crianza. O estudiás (Ordenás, te bañás, jugás con tu hermana, hacés la tarea, etc) o te saco el ipod. Es estupendo, estoy esperando que salga algún chiche nuevo para correr a comprarlo. Sigo pensando, sin embargo, que la edad del pavo debería estar prohibida de algún modo. O penada.

Volvamos a la cena en donde el padre saca a la madre judía que tiene adentro y le responde: “No tenés que decir que te querés morir porque si te morís nosotros te vamos a extrañar mucho y vamos a estar muy muy tristes”. La chica lo mira titubeante, sin saber si finalmente la estafamos o si el papá entró en la tercera edad ahí mismo, frente a sus ojitos. Después de todo para alguien de cuatro años uno de casi cuarenta es un anciano. (Escalá a tu edad y contame, que en esta vida todo es cuestión de proporción).

Entré en pánico, casi tiro todos los platos, mirá si le grabamos en el subconsciente que  la vamos a extrañar y se queda viviendo con nosotros hasta los treinta y cinco.  Me senté y le expuse mi punto. La vida es un regalo, cada día, las cosas que compartimos, incluso lo malo, de todo aprendemos. La vida es un regalo, insisto. No está bueno querer morirse, menos a los cuatro años, ni en broma, además morirnos es algo que todos vamos a hacer, no jodamos, está bueno querer vivir mientras se vive.

Y además te extrañaríamos muchisísimo, tanto que no puedo ni imaginarlo, y sobre todo no lo digas porque a la palabra dicha le tengo algo que está en un punto perdido entre el respeto y el miedo. Esto último fue para adentro, todavía estoy capacitada para ahorrarles a futuro alguna sesión de análisis.

No se si entendió el concepto. Pero vive conmigo, así que seguro entendió que era mejor cambiar la frase que soportarme hablando del tema una y otra vez. Y la cara de la hermana mayor, que ya una vez me cortó un sermón diciéndole: “Basta, es por nuestro bien”, ayudó.  Y como “Me quiero vivir” no le cerraba del todo porque viva ya está, la travistió  en “Me quiero reír”. Y usa el mismo tono histriónico que antes, y combina mucho más con ella aunque la gente la mire raro.

No hay frases vacías de sentido, la dignidad del que habla ancla las palabras. Y los deseos.

Esto de nombrar (Desear) para que sea es uno de mis temas existenciales. El impulso vital te lleva a sortear la muerte o como “sabés” que te vas a morir, joven, en un accidente, enferma, no deseás la vida proyectada? Más terrenal, si dejás fluír el deseo profundo por algo, ese deseo te impulsa o instintivamente sabés que no está a tu alcance y entonces no te permitís el deseo?

No sé qué es primero, pero la pasión debería ganarle a la realidad.

Y ese pensamiento siempre me lleva a otro que es más cruel aún. Cuando claudicás, cuando resignás o apagás un afán, incluso con las excusas más racionales y razonables, es por realista o por cobarde?  Cuál es el (maldito) punto limítrofe. Y de qué (puto) lado estoy?

Reconocer las propias limitaciones es de inteligente, pero uno debería ser más chico que sus apetitos, sino nada valdría el esfuerzo. Entonces, limitarse a uno mismo, achicarse a la propia medida es de corto. Y te mata, lo he visto.

Es posible querer reírte, no como un escudo, si como una actitud vivencial, aún cuando estás rodeada de muerte? Es de rebelde o de boluda? Abandonar es ponerse gris? Seguir es de negadora?

Y en todo caso, qué se paga más caro? Cómo vale la pena vivir? Queriendo qué?

Me quiero reír”, me responde la menor porque se acabaron las uvas y es hora de irse a dormir. Y se ríe mientras lo dice, y está buenísimo. Es un deseo que se realiza en simultáneo. Un milagro.

Me guardo la frase.  Incluso en el medio de la furia, me quiero querer reír.

Una proyección esperanzada. Una posición buscada para que sea una posición tomada. Una bandera para envolverte cuando te estás muriendo de frío.

Después, mientras las dos se peleaban por la pasta de dientes de Barbie, anoté que ahora que la chiquita entendió que está bueno querer reírse tenemos que concentrarnos en convencerla de que era con y no de nosotros.

Y por un rato no tuve más remedio que abandonar esos pensamientos que me arremolinan y que me van a esperar, obstinados, a la vuelta de cada decisión.

12 comentarios

  1. la Flá dice:

    Me quiero querer reir. Genial.

  2. alfon dice:

    me encantó Be, la verdad que el día de hoy me viene super bien este post, te quieroo!!

  3. cotita dice:

    Beta!! Es genial!!! me encanta leerte.

  4. Andrea K dice:

    Yo me quiero reír, pero no puedo. Me quedo por ahora con un “quisiera reírme”.
    Pa’ reflexionar, amiga. Lo releeré y meditaré. En algunos ratitos de descanso…
    Love

  5. Pauli dice:

    Justito cuando estaba leyendo el texto y riendo cómplice, apareció una amiga en el BB chat al compás de “Me quiero morir”. Todo porque una planilla Excell “de oro” para la vida en Accenture, no se había guardado como se debe. No entendí su problema, claro, pero le aconsejé reemplazar su frase por “Me quiero reír”, y usarla con la misma efusividad que a la anterior, pero otorgándole ese sentido. Creo que uno puede transformar las situaciones que vive a través de la elección de las palabras que utiliza. Gracias por este post, me encantó.

  6. Matías dice:

    Me siento identificado Beta, los chicos a veces nos recuerdan que lo absurdo subyace toda la existencia, y pretenden que se lo expliquemos. Gracias. Beso.

  7. mona dice:

    la risa y el amor, sanan…y tus palabras Beta, siempre alivian y esperanzan…te quiero, nena!!!

  8. Paula dice:

    Muy buen post. Pero en mi blog tengo un comentario de un saxofonista groso, y vos no. ¿No te causa risa?

  9. Andre dice:

    Hola! qué bueno que volviste a postear algo! una amiga me recomendó tu blog luego del post del bordado, como me gustó mucho leí de a poco tooodos los posts, esperaba uno nuevo!
    “Es posible querer reírte, no como un escudo, si como una actitud vivencial, aún cuando estás rodeada de muerte? Es de rebelde o de boluda? Abandonar es ponerse gris? Seguir es de negadora?” Excelentes preguntas…

  10. RCC dice:

    “quisiera reirme”

  11. Yainire dice:

    Hola!
    Disculpa que te moleste. Mi nombre es Yainire Elorza y soy redactora de http://www.losmaspequenosyseguridadvial.com y http://www.ninosyseguridadvial.com , dos webs de educación vial para niños de 3 a 5 años y de 6 a 11 años respectivamente, promovidas por el Instituto de Seguridad Vial de Fundación MAPFRE.

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  12. Majo dice:

    qué importante que entiendan que uno los quiere, pero no viviendo bajo el mismo techo durante 35 años…qué sabiduría la tuya.

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