Hay dos tipos de mujeres, las normales y las que creen que todos los tipos se pajean pensando en ellas.
Ese pensamiento me asaltó en la Clínica, estaba con mi mejor amiga que traía un dolor que la había doblado, literalmente, en dos. No tenía que ver con las enfermeras ni con las médicas. No tenía que ver con mi amiga, ni conmigo, ni con ningún suceso reciente.
Era una idea suelta. Un concepto cerrado. No era la primera vez, me persiguen frases. Y casi siempre lo hacen cuando tengo mucho sueño. Era de noche, estábamos en la guardia, y me dormía. Esto antes no me pasaba.
Nací nocturna. Me gusta la noche para beber y bailar pero sobre todo para escribir, leer, charlar, pensar, hacer. El silencio me relaja y la oscuridad, en general, me ayuda a distinguir la verdadera luz.
Duermo poco. El médico colombiano que atendía a mi amiga no me asombraba con sus horas de guardia, que repetía como un trofeo. Hay noches que comparto su cuota de sueño y no ando por ahí haciendo tanta alharaca. Si, ya sé, el salva vidas, pero seguro que no siempre. Voy asumiendo que todo no se puede, y considerando que la mayoría de la gente que me rodea vive de día, mi nocturnidad se ha convertido en una negociación constante conmigo misma, que soy un cliente difícil.
Escuché que alguien dijo, si te salvás del ACV de los 30, del paro cardíaco de los 40 y del cáncer de los 50 parece que vivís para siempre. Pero primero tenés que esquivar todo eso. Y entonces, el planteo de qué hacés y qué no hacés queda reducido a una cuestión de economía de recursos. Me lo traduzco: no puedo vivir de noche todas las noches.
A veces hay que parar la moto para que vuelva a arrancar. A mi amiga, según el menú, le correspondía el ACV, pero eran unas muy poco glamorosas piedras en los riñones. Además para ACV mi entorno tiene la cuota cubierta por un largo tiempo. Una eternidad.
Hay dos tipos de mujeres, las que googlean su propio nombre y las que googlean el nombre de todas las demás. Sigo dormida, parece.
La economía de horas de sueño, horas de noche bien despierta y horas de día despierta y punto, se me va a la mierda cuando intervienen factores ajenos o no planificados. Por ejemplo, un par de noches antes de esa noche en la guardia, Suárez había rascado la puerta de mi cuarto hasta que no pude hacer más que levantarme. La primera vez me fijé si tenía agua. Tenía. La segunda si tenía comida. Tenía. La tercera me levanté dispuesta a tirarlo por la ventana cuando noté que estaba Suárez solo. Tenemos dos gatos. Ese pensamiento me llevo como tres minutos. Ok, en dónde está Roberta? En el ropero del cuarto de una de las nenas. Agarré a la gata, la revoleé al lado de Suárez, que me miraba con ojos de: “Tres veces me hiciste rascar, lenta!”. Y me volví a acostar. Pero ya tenía sueño descontado.
La noche anterior, seguí, mientras mi amiga, el suero, yo y este humor íbamos de acá para allá, la menor se había hecho pis en la cama. Ese evento requiere una logística increíble. Dos noches de descuento. Entonces, lógico, la tercera noche me atacan frases. Podrían atacarme cosas peores.
Mi amiga me decía, señalando la bolsa con calmante, que quería eso para su casa. Y yo casi le muerdo la vía para tomar un poco y dejar de escuchar a la señora que se había puesto un tapón de silicona en la oreja para dormir mejor. Se lo había metido hasta que no se lo pudo sacar más. Las barbaridades que le dijo el doctor fueron tan interesantes que me guardé varias para usarlas a futuro en algún insulto.
Llega el enviado de hematología con sus instrumentos dispuesto en una caja de pescar. Si dejo que mi mente cansada siga con esa idea ocurre un desastre. Entra la jefa de enfermeras, pelo rojo a lo Canosa cuando era grasa asumida y sombra celeste con ganas. De fondo, el ronquido más fuerte del mundo.
Hay dos tipos de mujeres, las que usan sandalia con media de nylon y las que no. Y esta división es la más profunda de todas, me digo entre sueños.
En las guardias el tiempo deja de correr linealmente para convertirse en un caleidoscopio. Pasa una enfermera explicándole a un adolescente totalmente borracho que las chicas no lo van a querer así, tal vez lo dice por experiencia. Escucho que alguien vomita en un tacho. Llega una ambulancia. Hay cambio de turno. Se nos seca la piel. Entra el colombiano para estimar médicamente el dolor de mi amiga: A ver, le dice, de uno a diez, de me estás jodiendo a te quebraron la columna, cuánto te duele? Pasa de todo, menos el tiempo.
Esa noche era mía, la madrina de las niñas se las llevaba a dormir a su casa. La tipa está ahora en la camilla intentando aplicar la métrica del colombiano a ese dolor que la detuvo, y las nenas dormidas en sus camas. Agradezco, sin embargo, poder compartir otra noche con mi amiga. Con la edad te asustás menos, pero cuando te asustás lo hacés en serio.
A veces me da nostalgia. A veces añoro la liberad de las noches solitarias sin compromisos reales. O la capacidad del cuerpo más joven (Y de la cabeza) de ir sumando noches y noches en vela. Yo la tenía.
Pero borran el nombre de mi amiga de la pizarra de la guardia y nos vamos. Y sé que crecer, vivir para adelante, no es resentir ni reprimir ni lamentar. Es administrar.
En la noche no hay sol ni mañaneros. El café huele diferente en las primeras horas del día. Tampoco hay nenas que se levantan cantando, aunque a veces les quieras poner cemento en las cuerdas vocales. De noche no hay día.
Me encantan los días, pero las noches me siguen gustando más. Lo difícil (Acá viene la obviedad) es el maldito equilibrio.
Hoy arrancamos seis y media (Horario escolar e inmoral) con el cumpleaños de la pequeña. Vamos los tres, y los gatos, a despertarla. El sol de este Septiembre se desborda por la ventana y la cortina anaranjada lo hace aún más cálido. Le da en la cara y entre lagañas y pestañas bosteza y dice: Soy la cumpleañera y abre los ojos más grandes que nunca. Nos encendemos todos. Miro a la mayor, que le hace mimos y cosquillas casi con gestos maternales (Dije maternales, así que a mi no me los copió) y en el tipo que se desarma con la imagen veo al adolescente con el que compartí miles de noches en un tiempo sin apuro. Estaba bueno ese fuego. Y está bueno este también.
Aunque el párrafo anterior se parezca peligrosamente a una publicidad de mayonesa, puedo ampararme en que fue real y en que hace años que no veo publicidades. Y digo entonces que, aceptando sin drama que todo no se puede, sería fantástico aprender a ser certera en aquello de sacar de aquí para poner ahí. Porque para no estar dormida hay que dormir.
Mientras peino a la cumpleañera con unas hebillas espantosas, con puntillas, moños, kittys, brillos y flores, reconozco que sería una idiota si por quedarme anclada en mi fantástica noche me perdiera estas cosas, vitales, que se merecen que yo esté bien despierta.
Y si hay dos tipos de mujeres, las que lo logran y las que no, se exactamente de qué lado quiero estar.
(Básicamente del lado de las que nunca usarían sandalias con medias de nylon).
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Gracias.
Excelente!! En NY por algun motivo cada vez veo mas gente que usa sandalias con meidas de nylon. Un horror!
Me gusta mucho este blog, no lo puedo leer tan a menudo como me gustaría pero me encanta. Espero que terminéis entre las primeras clasificaciones de los Premios Bitácoras. Os deseo mucha suerte. Nos leemos, un saludo desde http://www.gorkavillanueva.com
Enhorabuena Betina por tu blog.
Un saludo,
José Antonio Rodríguez Salas
Alcalde de Jun
Hola, he visto tu sitio en Bitácoras,y en Facebook. He puesto mi voto en premio Bitácoras,pues lo mereces por tu sitio tan interesante.
Si aún te queda algún lugarcito, y te gusta, puedes votar mi blog EDUCACIÓN DE ADULTOS,cuyo tema es precisamente el título del blog. Soy de Córdoba y ejerzo la docencia en la Pvcia.de Santa Fe en una escuela Media para Adultos.
Gracias, y mucha suerte en los premios!
Mi voto fue para Blog de Humor, pues para Blog Personal, no tenía más posibilidades de hacerlo.
¡Vamos Argentina todavía!!!
No sé si seré de las mujeres que lo logra, pero si pertenezco al grupo de las que lo intenta
¡Gracias! Te sigo en twitter.
Saludos, y reitero mis deseos de que sigas escalando de posición en los premios Bitcoras.
No sé si ganarás este premio u otro a futuro. Lo que sí sé es que los que ganamos siempre somos los que leemos tus post…
Gracias!!!