Hay silencio y sol. De a ratos, el ruido del caño de escape de un colectivo me confirma que estoy despierta. Es que es domingo, es de mañana y es 1ero.
Hemos sobrevivido. Hubo momentos en lo que lo creí imposible. La vejez parece un objetivo bastante complejo de alcanzar y me dieron un poco de miedo las horas que restaban para terminar, de una puta vez, este año inolvidable.
La familia duerme y en pijama me balanceo sobre mis ideas, que es bastante diferente a hacer un balance. Ya lejos del vitel toné, los ríos de extra brut, y los deseos de buen año, siento que he corrido una maratón (la única que puedo correr) y ni remera me han dado. Si lo miro desde otro lugar me veo tan rica que hasta me parece obsceno.
Sin embargo, hace un par de días que me encuentro pensado en cómo voy a recordar este año dentro de una década. Nací sin memoria para la fechas. Ni siquiera para los aniversarios.
“Tengo música en mi cabeza” me confesó la menor. Lo que se hereda no se hurta, dicen en mi familia. Y de eso si tengo. Una especie de banda sonora para los momentos más importantes de mi vida. La gente te puede decir en dónde estaba cuándo murió Lady Di. Yo te puedo decir qué música estaba escuchando, ahora, no tengo la más pálida idea del año.
Y este 2011, sobre todo el último tramo, parecía tener un silencio sepulcral. Me niego a pensar que es una cuestión de balance, que tanta muerte se corresponde con tanta vida. Prefiero mantenerme, plantada y dando frutos, en la idea de que aquí, seguimos vivos. Es que nuestra humanidad no se reduce a las tristezas. Hay que saber mirar, hay que dejarse llevar, hay que poder sentir y creer para lograr vivir. Hay que ser honestos con la alegría y no tenerle miedo. Y no hay mucho más.
El último día, insistente, tozudo, me halló en mi terraza, terminando una fiesta que habíamos planeado cuando parte de nuestra vida era otra. Y como después de una tormenta, el día amanecía despacio y bocetaba en el paisaje los techos de los vecinos (Buena gente, que no llamó a la policía). Desparramados en el piso, con el año deslizándosenos sobre los hombros, tomábamos la última copa.
Mi consorte había dejado ya de insistir con tirarme champán en el escote, los vasos en el piso y una guitarra acústica que amalgama y acompaña la voz de un amigo que canta bajito. Sanador.
Es cierto aquello de que cuando se comparten, la pena se achica y la alegría crece. Es cierto que siento que con cada acorde soy más liviana. (Y eso que no comí exactamente doce uvas).
Han venido los amigos que han podido (Y no hablo de agenda). Estoy tan agradecida. Me apoyo en mi marido, que me acaricia, suave como la música. Las velas se consumieron, las botellas vacías asoman por todos lados. No queda ni un vaso limpio. Nos abrazamos, lloramos, cantamos, bailamos, charlamos. Estamos juntos, somos muchos. Hay realmente tan pocas cosas importantes que es increíble que a veces perdamos el rumbo. Cuando sea grande quiero ser más básica.
Llegan mis hijas, las que tienen música en la cabeza, las que ordenan nuestros días. Sin ellas todo tendría otro sentido. Menos. Noche de familia y cariño. Harta de torta de alicante y de los balances de los noticieros se hacen las doce y otra vez no hay dos relojes en la mesa que coincidan. Juro que pensé que no llegábamos. Celebremos.
Levantamos la copa y se me cierra el pecho, desaparezco y sólo queda mi corazón. Con mucho para agradecer y, en lo personal, casi nada para pedir. Me saca de las lágrimas que me entorbellinan la idea de que si a mi marido se le ocurre cumplir la amenaza y tirarme la copa en las tetas esta vez lo asesino. Es Pommery, no jodamos.
El smartphone me permite la cercanía con la gente que se me antoja. La menor me brinda con gaseosa, la mayor me mira plácida. Ojalá la vida sea buena con ellas, y ellas con la vida. Eso me vale a mi cualquier dolor.
La Navidad ya es realmente una noche vieja. Otra vez no escribí el libro (Aún) y ni pienso plantar el árbol. Hijas tengo dos, vamos, que alguna debería valer, mínimo, un árbol.
Engordé, pero tengo enero. O la esperanza de tenerlo, que es casi lo mismo. Espero haber aprendido. Para los que seguimos de este lado, no tengo dudas, ser un sobreviviente es una decisión.
Un día sin diarios y lo que nos permite pasar de un año a otro no es que todo cambia, sino que hay cosas que se mantienen, como un hilo conductor, como el buen devenir de un relato (Y no hablo del chino abierto 7 x 24, incluso hoy).
El pan dulce ya cuesta la mitad. Es fácil saber cuántos muertos hubo por la pirotecnia. Más complejo es saber cuántos nuevos muertos hay en esta vida. Que no nos encontremos un día llorándonos, no ya por lo que hemos perdido, sino por lo que no hemos hecho con lo que ha quedado.
Tener caridad con las heridas. Festejar todo lo bueno. Darle guerra a lo malo. Y dejarse educar. Hacerle buena prensa a la alegría. Este año yo quiero ser más buena.
El amor nos salva, me repite mi madre. Incluso de nosotros mismos, le sumo. Y en este silencio de domingo, de mañana, de sol y de 1ero., si me disculpan la obviedad, se que no puedo cambiar el destino, así que planeo musicalizarlo a gusto.
Sin ir más lejos, hace varios diciembres que escribo el último post del año. Pero este texto, como una declaración de principios, es el primero del que empieza.
Que tengan un año en paz, y gracias, una vez más, por leer.

Betina, me encantó leerte -una vez más- Te robé una frase. La puse en mi facebook. Me la robe para el año, la hice mía. Refleja exactamente como me siento desde la partida de mi vieja.
Gracias totales.
Beso grande, buen año, esperemos que sea más bueno.
ME ENCANTO!! IGUAL TE ACLARO QUE ME HIZO LLORAR, PERO BUE.. ES ASI LA LIFE TE QUIEROOOO
Feliz año Beta! Te leo y te sigo siempre. Un abrazo fuerte y mis mejores deseos.
Bien Betina, ¡qué buena forma de empezar el año! a darle fuerte a la alegría, esa que burbujea en el champagne y q se hace fuerte cada mañana, así nomás como la sentís cuando aparece una de tus hijas y en mil situaciones más. un abrazo, felicidades!!
Feliz Año! No nos conocemos! o quizás si de algún
karaoke! Te deseo un excelente año!
Un buen texto para comenzar este bendito 2012.
Directo, de una verdad inmensa, Gracias por comprtirlo, es hermoso y me muestra un costado tuyo que no conocia
Empecé a leerte por curiosidad, para sentirme más cerca del dolor de una querida amiga como Andrea,y creer que de este modo la acompaño un poco(años que no la veo pero el cariño sigue intacto)…y la verdad es que me identificaron tus textos, ponés palabras a la emoción, a lo que no nos sale decir en momentos de dolor o de alegria. No te conozco pero te lo agradezco y deseo que tengas un buen año. Nancy
BETA, COMO SIEMPRE, GENIAL NENA!
No te conozco personalmente, pero sí a través de alguien a quien cariñosamente llamás cachirula (y nunca mejor dicho…)
Te deseo un muy buen 2012, o por lo menos uno que no golpee tan fuerte. Porque ya lo sabés, sos mamá igual que yo, y mientras todavía tratamos de digerir el dolor, respirar con alivio porque ya pasaron la Navidad y el Año Nuevo y pilotear las vacaciones con los chicos, en un mes ya hay que estar listos para comenzar las clases, rearmarse con las rutinas, en fin, seguir adelante y, sobre todo, pensar en positivo.
Que no falte el trabajo, que la salud acompañe, que los chicos aprueben sus materias, que la familia siga unida y que nunca falten proyectos y reuniones con amigos.
Feliz 2012 entonces! Un abrazo.
FELIZ AÑO AMIGA!!!!!! como sabes no leo nada publicado, no soy amiga de facebook, nii twitter pero lo tuyo es ejemplar y en cada nota siempre hay algo que me identifica!!!! Idola Beta!!!! besos