Con 5 minutos no alcanza

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“El problema de las mujeres no es que tenemos muchas cosas para hacer, sino que las hacemos todas”.

Eso dice mi socia y adhiero. Es que nos encanta ser mamás, trabajar, salir con amigas, compartir con nuestras parejas, estudiar, hacer deporte, arreglarnos, leer, coser, mirar películas, cocinar, manejar, pasear… puff! Parecemos mujeres pulpos, sin embargo, hay momentos en los que sentimos que sí, somos pulpos, pero a la cacerola.

Poner prioridades, ordenar la agenda, detectar los deseos, distinguir las obligaciones de lo innecesario… tareas complejas pero vitales. Hay días en los que nos sale y días en los que no. Vamos aprendiendo.

Y a pesar de todo eso, un viernes de abril, con la semana en los hombros, ustedes y nosotros, nos encontramos.

Arriesgar el orden, finalmente, establecido luego de una vuelta a clases agitada. Quitarle tiempo a otras cosas para asumir nuevos desafíos. Dejar que las ganas atropellen a la comodidad que muchas veces encierra el “no tengo tiempo para nada más”. Puras preguntas.

¿Valdrá la pena ponerse a trabajar en semejante proyecto? ¿Tendré tiempo para armar la charla? ¿Tendrá sentido participar en el concurso por un lugar? Dudas, cansancios y problemas de logística que podrían haber detenido a cualquiera de los actores necesarios de este encuentro tan rico (Y no hablo solo de la merienda).

Y sin embargo, cuando caía la tarde de un viernes de otoño, ustedes y nosotros, juntamos voluntades.

Entre regalitos y globos, charlas y presentaciones, café, medialunas, bebés a upa y chicos que corrían, combinamos el deseo de que ocurra con el gran trabajo necesario y previo para que no quede en el plano de las ideas. Encastramos nuestras palabras con el esfuerzo de escuchar. La voluntad de ir con la alegría de encontrarnos. Compaginamos un rato de agenda con un espacio en nuestro corazón.

Gracias al staff de esta revista no sólo por el plan, sino por organizar, armar, coordinar, consensuar, disponer y organizar. Gracias a mis compañeras de micrófono por el placer de escucharlas. Gracias a Ustedes, queridas lectoras, por el afán de conocernos, por los saludos cálidos, por las ganas de pensarnos como mujeres y madres en varios planos y en todas sus formas. Es un acto de valentía. Muchas gracias por los mensajes del después que extienden el momento y reafirman lo acertado de la decisión, por compartir y por dejarnos saltar desde estas hojas directo a un abrazo.

Es que, no tengo dudas, vale la pena detenernos a mirarnos. A las otras y a nosotras mismas. Vale la pena entendernos como mujeres pulpos y comprender que para no sentir que estamos a la cacerola, entre otras cosas, es necesario reconocer que nos merecemos más de 5 minutos para tomarnos, juntas, un té.

¡Que se repita!

Columna publicada en la revista Nacer y Crecer de Mayo 2016.

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