Correr por y con los hijos

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Más de 30 000 personas vivieron la segunda edición de la carrera Disney Magic Run en Argentina. Algunos, contra todo pronóstico, sobrevivimos a nosotros mismos.

Por si aún quedaba alguna duda sobre la capacidad de hacer magia que tiene Disney, los diez días previos a la carrera me los pasé entablando una relación profunda con la cinta de correr que está en mi casa desde hace años. Éramos desconocidos, terminamos casi íntimos.

“Mamá, ¿corremos juntas?”, me dijo La Mayor, como una demostración más de que los hijos nos ayudan a ser mejores o al menos a intentarlo. Es que la maternidad te lleva a lugares insólitos. A mí, esta vez, a una carrera. Claro que no era cualquier carrera: la Disney Magic Run no es solo una experiencia deportiva, es también una experiencia familiar, mezcla de juego e inspiración, de fiesta y de superación.

Mi primer desafío fue encontrar las zapatillas deportivas. Finalmente lo logré: las compré hace años pero siguen impecables. Y empecé despacio y firme, mirando a mi hija hacer porque yo hacía o viéndola hacer para que yo haga. Y se sumó La Menor y después el padre. Un paso a la vez. Parece que correr es como vivir.

El segundo desafío fue aceptar que La Mayor ya está en condiciones de hacer algunos tramos sola e incluso de avanzar y dejarme un poco atrás para no quedar atrapada en mis propias limitaciones (sobre todo para no tener que pedir un pulmotor que me asista).

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