De oferta

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sale2Me vestía, capa por capa, en esta primavera polar cuando recordé que en la liquidación del último invierno me había comprado unas botas negras imponentes, altas y de cuero, con un entrelazado en la parte de atrás (Si las amazonas pueden…) Tienen un taco bajo pero digno que las habilita para ser calzadas desde temprano, a esa hora insolente en la que me levanto.

 

Las recordé tarde, en la puerta del calor, pero no es sencillo tener presente la malla con lentejuelas que compraste a un precio ridículo cuando ya tenés puesto el pantalón de corderoy y la polera de lana. Las liquidaciones son anacrónicas y esta memoria añejada no hace más que perjudicarme.

Acá las liquidaciones son raras. Primero te bajan un poco los precios pero te sacan las promociones y todo resulta más caro que antes. Después abaratan las cosas un poquito más pero sigue siendo carísimo y encima ya medio fuera de temporada. Después por un par de días es el sale más copado, en donde no hay gangas, pero hay rebajas, variedad y talles. Finalmente amontonan todo lo que antes te salía un riñón y te lo ofrecen a precios grotescos, sobre todo si lo compraste hace dos meses al triple de lo que lo ves ahora. Revisá, puede ser que la ropa esté corrida, sucia, etc porque la tiraron en un rincón del local, como mierda al río dirían en mi pueblo. Es que ya entró la colección nueva que pretenden que compremos a precios descomunales y hay que hacer lugar. Es el momento dorado de las bicocas y las oportunidades, esas que te dan ganas de pegarle la etiqueta del lado de afuera para que todos vean el trofeo que conseguiste.


Antes de seguir, si en el último tiempo tuviste la suerte de andar de viaje no pises un shopping ni nada que se le parezca. Acá no nos venden, nos mancillan, nos deshonran. Olvidate de las liquidaciones locales y andate a tu casa a leer un libro hasta que olvides los precios que pagaste afuera.


Mi amplia experiencia me abstrae en algunas reflexiones sobre estos tiempos de baratas. Se las dedico en este rato vacío que tengo mientras abro y cierro cajas, esperando que aparezcan las benditas botas.


  1. No se encandilen con los precios. Si quedó un perchero entero de pantalones oxford, rayados y tiro bajo, por algo será.

  2. La moda pasa de moda. No es casual que lo que se recontra usó la última temporada cueste ahora menos que un kilo de milanesas. Y sino presten atención a las birkenstock gamuzadas de colores chillones que van a servir este verano para sostener las puertas que se golpean o los libros en los estantes.

  3. Les puede pasar, como a mi ahora, que casualmente la moda tenga que ver con su estilo atemporal. Esto tiene su lado oscuro. Nadie necesita tener calaveras hasta en los toallitas higiénicas. Aprovechen pero con mesura.

  4. Si la prenda está a un super precio pero tiene que ser “modificada”, y si son como yo que no puedo coser ni un matambre, hagan cuentas. No sea cosa que el pantaloncito de Munro termine costando más que un Benito Fernandez.

  5. Son épocas en las que pasamos del estrés de ver qué día hay descuento y con qué tarjeta y en qué lugar a la tensión de los shoppings repletos. Si la experiencia es un infierno el balance se debe hacer entre nuestro agotamiento y la prenda, porque el costo no es solo el cartelito tachado. No vale la pena tironear de una cartera violeta charolada. De verdad, no vale la pena.

  6. El flagelo de la moda hace que nos crucemos en el chino de la vuelta con  abuelas con medias con pantuflas, una remera con un mostacho y una chalina con calaveras que ella cree que son rosas negras. Una desgracia. Otra vez, repito, con mesura compañeras.

  7. Ese talle small que nunca nos entró, ni cuando teníamos 12 años, tampoco nos va a entrar ahora por más buenas intenciones que tengamos. Recordemos que esas intenciones se esfuman, insolentes,  frente a una bondiola de cerdo o una barra de chocolate. Los mismo con los zapatos. Por más buenos que estén el modelo y el precio, si no te entran, no te entran.


Encuentro las botas. Tan lindas como las recordaba.  A ojo de buen cubero me parece que son como largas, las estudio con detenimiento y sigo con mis cavilaciones.


  1. En plena liquidación las vendedoras te tratan como si te estuvieran donando sangre y es un buen momento para recordarles que apenas están cumpliendo con su trabajo.  Peleales, se lo merecen, descargá y te ahorrás el psicólogo y tenés más presupuesto para las ofertas. Es como cuando volás en turista, te hacen sentir como si fueras en el 60 y el pasaje te costó como un año de obra social.

  2. Si no tenemos a dónde ir con los tacos plateados, tornasol y con strass, no los compremos. Para cuando aparezca un evento con un dress code que los avalen, el strass va a estar opaco y el tornasol se va a estar usando mucho en la murga “Los Pizpirtas de Liniers”. Ahora, si te da placer ir a comprar zapallitos con esos tacos, adelante, te aplaudo.

  3. Si tenés nenes está bueno. Hacés futurología, promedias el crecimiento y apostás a que cuando haga frío el niño tenga el tamaño exacto para que el suéter comprado a precio de ganga. Suerte eh…

  4. Las rebajas nos aturden y terminamos poniéndole al consorte una chomba “roja medio coral tirando a fucsia” porque el importe era INCREÍBLE. Y le hacemos creer que le queda divina. Así somos, impresentables como la chomba.

  5. Si compramos 480380384 ofertas vamos a destruir la tarjeta aunque todo esté barato. El límite del crédito sigue siendo el mismo aunque tengamos un mundo promiscuo y de liquidación al alcance de nuestro pin.


La evaluación final tiene que ver con el equilibrio entre el gusto, lo clásico y lo que pasará de moda. La única moda aceptable es la que tiene que ver con tu gusto personal. De algún modo extraño, todos estos tips no se enfrentan con la idea de base de la que suscribe de que lo mejor para uno es lo que se le antoja.


Finalmente me estoy poniendo las botas que suben fácil hasta arriba, y siguen. Descubro que tengo las rodillas un poco más abajo de lo que pensaba. Las botas no son bucaneras y yo no soy pescadora. Sospecho que por más que me esfuerce las rodillas no se me van a subir ni un poquito. No todo depende de la buena voluntad.


La ropa más cara es la que nunca vamos a usar. Ténganlo en cuenta. Sobre todo ahora que estamos de oferta y liquidación.

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