DESEOS 2017: ANIMATE A PENSAR EN GRANDE. Y EN VOS

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Hijos sanos, marido contento, familia feliz, un mundo en paz… Todos deseos divinos que compartimos. El problema de los deseos es que son peligrosos porque se pueden cumplir. Sobre todo si los deseamos con intensidad. Si los sentimos en el cuerpo, si los escribimos, palabra por palabra, en nuestro corazón. Entonces, podemos deducir que lo que no deseamos será más complejo que ocurra. Decir para que sea, me explicaba un profesor en la facultad. Desearlo fervorosamente para poder decirlo, le sumo yo.


La primer pregunta es si entre tanta corrida propia de diciembre, nos detuvimos a pensar si, además de paz en el mundo, deseábamos algo para nosotras. Si entre la búsqueda del mejor precio del Pan Dulce y las mil cenas de despedida del año, nos fijamos en aquello que no nos animamos a pronunciar… porque si no se cumple sufrimos. Pero si no nos animamos, no se va a cumplir jamás. Mejor nos animamos. ¿Ya sabés qué deseás?
Para el 2017 les propongo enterarnos de lo siguiente:

1) Para desear hace falta mirar para adentro: Pensar en aquello que queremos nos obliga a detenernos e investigarnos. Descartar lo que sobra puede ser doloroso, pero es liberador. Olvidar lo ajeno para rescatar lo propio. Esto puede llevar tiempo, pero vale la pena. Digo, es posible que no podamos resolverlo en la cola del supermercado, por más cargados que vengan estos días.

2) Para desear hay que saber perdonarse: No importa lo que quisimos y no pudimos durante el año que se termina. Con el cambio de almanaque, al final, no se acaba el mundo, solo se cambia de mes. Los deseos no tienen tiempo ni fecha de vencimiento, siempre hay modo de reciclarlos. Las reglas (Y las excusas) las ponemos nosotros. Los deseos pueden pasar, livianos, de año a año, y renovarse.

3) Para desear hay que animarse: El punto uno se parece bastante a mirarse en un espejo desnuda y con una luz blanca de frente. Desear tiene que ver con la valentía. Al final si uno vuela bajo hay poco viento y se nos arruga la capa. Mejor desear fuerte y claro.

4) Para desear, no hay vergüenza: Sin son honestos y bien deseados, no hay propósitos mejores que otros. No hay sueños chicos ni sueños grandes. Tus anhelos sólo se miden con la vara de tus ganas, nunca con la de los deseos de los demás.

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