El auto, la lluvia y yo

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B - AR - Beta Suarez - El auto, la lluvia y yo_732x412Nunca se termina de aprender a manejar. En la calle, las lecciones son diarias y la lluvia es una de las más difíciles

Aprendí a manejar siendo grande y con prejuicios. Me costó mucho más que lo que pagué por el curso, pero ya estoy en las rutas e incluso he dejado de pensar que me espera la muerte en cada esquina.

De todos modos sé que cada día se me presenta un desafío nuevo, como en la vida, como en casa. Hoy estacionar en una dársena, mañana quedar parada en un túnel cuesta arriba y arrancar sin hacer un desastre, pasado quién sabe…

De todas esas pruebas, la más tremenda viene siendo la lluvia. La lluvia envuelve mi auto en una cortina de astigmatismo visual y el coche cree además que está en Disney on ice. Prefiero seguir derecho hasta que deje de llover, aunque mi destino quede atrás, que pasarme de carril en esas condiciones.

En ese estado, y aunque yo las dejaría hasta el otro día por su bien, debo ir a buscar a las nenas al colegio y se suman los escollos. Salgo mucho tiempo antes porque mi velocidad lluvia es entre lenta y muy lenta y sufro además porque creo que los peatones son manadas de hongos suicidas. Empiezo a pensar que Dios puso a los motociclistas para ejercitar mi templanza e invento insultos nuevos (y eso que tengo el repertorio de una flota de camioneros) para los que estacionan en doble fila. Hablando de estacionar, esos días suelo estacionar a 10 cuadras del colegio, es decir, a 2 de mi casa.

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