El auto, mi marido y yo

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autojugueteHace un año éramos una familia con un auto y un conductor. Ahora somos dos conductores en la misma familia, pero el auto sigue siendo uno.

Durante mucho tiempo el concepto de compartir el auto en casa consistía en que, por cuestiones que me son ajenas, el vehículo estaba a mi nombre pero lo manejaba mi marido. Esto era así por el bien de la humanidad; yo no sabía manejar.

Luego de hacer el curso, reprobar el examen, tomar clases de apoyo, rendir bien, dejar de pensar que la muerte me esperaba en cada esquina y de redefinir el concepto de adrenalina a partir de poder entrar a una estación de servicio, cargar combustible y salir sin matar al playero, llegó el momento de confrontarnos con la dura realidad de tener que compartir el auto.

Compartir la cama es sumamente agradable, compartir la vida viene siendo bastante divertido, compartir las hijas es necesario y tranquilizador y compartir algunos gustos nos pone tan contentos como no compartir otras cosas. Ahora, compartir el auto me trajo una serie de revelaciones que les comparto:

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