El hambre en el mundo (O uno de los temas más complejos para hablar con los hijos)

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¿Cómo hacemos para hablar de este tema con los hijos? Digo, mientras tiramos la banana que se puso negra y nos olvidamos alfajores arrumbados en la mochila.

Me pone de muy mal humor tirar comida. Incluso ese cuarto de milanesa que quedó en un tupper en el fondo de la heladera. Tener que descartar un yogurt porque se pasó de la fecha me arruina la mañana. Y, como todo, le paso ese malestar a mis hijas: Terminá el plato. Se come lo que se pone en la mesa. Nada de no me gusta. Nunca más traigas la vianda del colegio a medio comer. ¿¿Sabés cuàntos nenes ahora mismo tienen hambre???

Tremendo. Pobres hijas, como si deglutir el brócoli que les puse enfrente solucionara el hambre en el mundo. Justamente, vivir en este mundo que tiene hambre es complejo para adultos, imaginense para los niños. Difícil de comprender, imposible de aceptar, hiriente como realidad diaria. Por eso, los papás, muchas veces, evitamos el tema.

Tendemos a protegerlos del dolor. Y a protegernos también a nosotros, porque esos niños en el semáforo de la esquina que hacen malabares por unas monedas, o esos otros que mueren de hambre, no tan lejos de casa, podrían ser los propios. Esa es la angustia que, veo, se traduce en lo horrible que me siento cuando descarto una banana porque se puso negra.

Hablar del hambre en el mundo es hablar de dos cosas: Por un lado de la falta de igualdad y por otro lado de cuestiones estructurales, como el aumento de la población y el mal uso de los recursos escasos. En teoría son temas “fáciles” de explicar, hay artículos y artículos al respecto que podemos hablar con nuestros hijos. Pero todo eso se desdibuja si volvemos a un nene que hoy, en el mundo que compartimos, pasa hambre.

Ahora, sabemos que la acción combate la angustia. Y sabemos también que no podemos solucionar el hambre en el mundo, porque bueno, muchas veces de casualidad logramos levantarnos para llegar a tiempo al colegio. Sin embargo, hablar de estos temas tan tremendos con nuestros hijos, siempre según la edad, las inquietudes y los tiempos de cada uno, nos da la posibilidad de ayudarlos a comprender este planeta que es nuestra casa, pero también lo que ven todos los días en los diarios, la tablet y la calle.

Pensaba, mientras escribía, en cómo hacer, como familia, para no desperdiciar alimentos. Porque de ese modo, seguramente, mis hijas aprenderán a hacer lo mismo. La fuerza del ejemplo. Como pueblo tenemos que aprender a producir alimentos de modo más efectivo y sustentable y a distribuirlos mucho mejor de lo que lo estamos haciendo. En casa, hoy, empezamos a trabajar sobre el desperdicio de alimentos. Es tarea de todos: El cuidado hogareño y el hambre en el mundo.

No se trata de asustar a los chicos con cifras terroríficas, sino de hablar de la realidad para tomar conciencia entre todos y generar cambios que hagan, lejos de la frase vacía, un mundo mejor.

Es que un mundo mejor se hace todos los días, con pequeños gestos, con decisiones cotidianas, persona a persona, acción a acción, comida a comida… y claro, brócoli a brócoli.

Que podamos.

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1 comentario

  1. Excelente Beta! es tan cierto…” Es que un mundo mejor se hace todos los días, con pequeños gestos, con decisiones cotidianas, persona a persona, acción a acción, comida a comida… y claro, brócoli a brócoli.” Los grandes cambios se dan sumando pequeños actos! me encantó!

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