El Lado B de la Maternidad: Jugar es cosa seria

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Columna publicada en la Revista Nacer y Crecer – Septiembre 2015 / Argentina.

“Mamá, ¿jugás conmigo?” Me dice La Menor, como un mantra, por lo menos una vez al día. Tiene además una habilidad especial para lanzar esa mezcla de invitaciòn y amenaza en momentos muy particulares: Cuando me acabo de pintar las uñas, cuando estoy haciendo la cena, respondiendo un mail y colgando la ropa al mismo tiempo, cuando me senté los únicos 10 minutos libres que tengo en ese dìa para leer mi libro… y así. Es que creo que ese convite esconde además una puesta a prueba: Ella, además de jugar, quiere saber si tengo tiempo para ella o si es más importante que la cantidad de tareas, citas, trabajo y compromisos que llenan mis horas.

Me pasa que, a veces, sigo con el envión agitado del día y llego a casa dispuesta a seguir tachando los pendientes del día y hacer las milanesas parece tener más relevancia que tirarme en el piso a armar castillos con los bloques. Pero me equivoco. Cuando nuestros hijos nos invitan a jugar nos abren la puerta de su mundo màs exclusivo y trascendental. Nos dan un pasaje de vuelta a nuestra infancia, estamos locos si lo rechazamos. Sobran motivos.

  • La corona de princesa no sirve como peine fino. Pero disfrazarnos juntos nos limpia realmente la cabeza.
  • Los dibujos que pintamos con témpera no sirven para cenar. Pero ese momento compartido nos nutre como un superalimento.
  • Saber el nombre de sus muñecos y qué representan no nos da títulos académicos. Pero nos enseña más que mil libros sobre lo que nuestros hijos piensan de la vida.
  • Jugar carreras con sus autitos no agiliza las tareas hogareñas, pero no se me ocurre viaje más placentero.
  • Jugar a la maestra, y cumplir el rol de alumnos, nos da una gran perspectiva de la maternidad.
  • Cantar, bailar y tocar instrumentos con nuestros hijos no suele sonar afinado pero es una banda sonora irreemplazable y maravillosa.
  • Tirarnos en el piso no nos achata, nos eleva.

Esto no significa que tengamos que dejar absolutamente todo cada vez que a la chiquita se le ocurra, sino que tendríamos que poder ver la importancia de cada momento y ponerlo en su lugar.

No serán muchos los años en los que nos inviten a jugar. Las cosas de verdad importantes no suelen estár es una lista y no se tachan porque nadie quiere que se terminen También está bueno tener el termómetro justo para no meternos cuando nuestros hijos juegan solos. Cuestiones del equilibrio, el gran tema de la maternidad.

Las educamos hablándoles, entre otras cosas, de reciprocidad. Seamos educados y devolvamos la invitación: Un convite a cocinar puede resultar muy divertido, ir a la verdulería, elegir zapatos para un conjunto, cambiar una lamparita o bañar al perro, todo puede tener algo de juego.

Ese juego compartido además, en el tiempo se convierte en el hábito de pasar momentos juntos. Y es así como con La Mayor hay espacios que van variando su contenido pero que resisten los años y su crecimiento.

Jugar es una cosa seria, solo que los adultos, que nos creemos serios, a veces lo olvidamos.

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