EL MISTERIO DEL TRAYECTO HASTA LA PUERTA DEL COLEGIO

0

Las madres tenemos la extraña habilidad de condensar una cantidad infinita de tareas en el recorrido que hay desde el auto hasta la puerta del colegio. ¿Lo notaron?

Hay un camino obligado y repetido, diario e inevitable, conocido y mil veces recorrido: es el que va desde nuestra casa hasta el colegio. Podemos adivinar la huella de nuestro auto por las mismas calles que recorremos todas las mañanas. La radio repite el clima y las canciones. Vemos salir a las mismas personas de las mismas puertas al mismo horario. Hasta ahí, todo más cerca del tedio que del misterio. Luego, hay un micro trayecto, comprendido en el primero, pero que encierra un enigma: es el que va desde la puerta de nuestro auto hasta la puerta del colegio.

En ese trayecto, cortísimo, las madres desarrollamos un don que se activa sólo ahí. Somos capaces de hacer dos trenzas perfectas, firmar 4 autorizaciones, terminar una tarea, limpiar caras, comprar la merienda olvidada, prender camperas, repasar todos los continentes para la prueba de geografía o practicar el Bolero de Ravel en la flauta dulce. Y todo eso, a veces, junto.

Los superpoderes se intensifican cuando los hijos son varios y el trayecto, les juro, sigue siendo el mismo. Los lunes y los viernes suele ser más intenso, ambos días por la proximidad del fin de semana y, lamento comunicarles, no se modifica nada a medida que los hijos crecen. No es extraño entonces que nos asombre que una vez que los niños tienen la edad suficiente para ir solos al colegio lleguen bien, vivos, y a veces, peinados. Quién lo hubiera pensado.

Podés seguir leyendo este texto acá (Hacé click)

Compartir.

Sobre el Autor

Dejar una Respuesta