El viajar es un placer

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conducir-embarazadaPoner el freno, advertir al otro sobre mis maniobras, conducirme con cuidado, prender las luces para iluminar el camino, procurar no llevarme puesto a nadie, contar con el combustible necesario para llegar a cualquier destino, estacionar cómoda cuando el lugar es mío, etc.

Estas eran todas cosas que, algunas más, otras menos, sabía hacer en mi vida diaria, lo que no sabía hacer, hasta hace un año, era manejar autos.

Empecé tarde por motivos diversos. Aprender a manejar casi en los 40 tiene sus ventajas y sus desventajas. Dentro de las desventajas está la gran falta de experiencia en el tema, los miedos arraigados (que se traducen en esperar la muerte en cada esquina) y la mirada del otro que no relaciona tu edad con la cantidad de maniobras que necesitás para estacionar el auto.

Dentro de las ventajas la más grande es la experiencia asentada en tantas otras cosas, y como a esta altura ya sabemos que uno, por ejemplo, trabaja como vive, uno también maneja como es. Y a las pruebas me remito.

Compartir el auto con tu marido no es tan difícil si realmente compartís la vida con él, vas a dejar pasar siempre al peatón porque lo has sido durante toda tu vida adulta y no vas a olvidar ponerte el cinturón de seguridad porque ya sabés lo duro que es chocarte contra los imprevistos de la vida.

Junto con la licencia no me dieron, pero deberían haberlo hecho, un glosario de ruiditos del auto, aunque tengo claro que para esto está el mecánico. Tampoco recibí, y lo hubiera necesitado, un manual de autoayuda para manejar la idea de que todo el resto del universo maneja mal. Es que aprender a manejar de grande te hace tener fresca la teoría que la gente que maneja hace años olvidó. Manejar también tiene vicios. Se trata de respirar hondo y confiar, pero también de bajarte a tiempo cuando ves que el conductor designado se desbocó. Dejarse llevar es todo un desafío para las mujeres independientes.

Hay caminos por los que conviene ir despacio y otros que permiten otra velocidad. La emoción no depende de la rapidez. Es que aquí también podemos manejar lo que hacemos nosotros pero no lo que hacen los demás. Algunos peajes nos salen caros pero son necesarios para avanzar y ya sabemos que en ocasiones es necesario desviarnos para volver a casa.

Marchar sin destino puede ser una aventura o un gasto inútil de combustible. Conducir en compañía es una grata elección a veces y otra una responsabilidad.

Manejamos como somos y educamos cómo manejamos. No soltar el volante aunque el camino sea un monumento a los baches es una de mis decisiones más conscientes.

Sabemos que la verdadera independencia no depende de nuestro registro de conducir pero también valoramos (Y cada vez más) la comodidad de transportarnos por nuestros propios medios. La sensación de ir manejando, sola, y que en la radio suene una canción que te gusta se parece bastante a la libertad.

El viajar, en la vida y con el auto, es un placer si sabemos qué debemos contemplar para que así sea.

Que tengan un buen viaje.

También podés leer este post en “Mujeres al volante”. 

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