En tu casa o en la mía? Tips para pasar las fiestas en paz

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En pareja la agenda cambia, ya sabemos. Algunas cosas se acuerdan, otras se van turnando, muchas se negocian y varias se ceden, porque de eso también se trata el amor.

Pero hay una escena que se repite año tras año. Es inevitable y conozco a pocos que lo tienen realmente resuelto. Llega diciembre y se nos amontonan actos escolares, cenas de trabajo, encuentros con amigos, lo que prometimos hacer y no hicimos y los deseos que se nos despabilan para el próximo año. Todo eso además mezclado con cuestiones más prácticas, como enganchar las ofertas del super para no tener que pagar el turrón en 12 cuotas, encontrar colonia para los nenes, comprar los regalos los días de descuento e intentar recordar en dónde guardamos el arbolito sin dar vuelta toda la casa.

Y en el medio de ese estropicio de actividades que requieren de precisión quirúrgica para ser ordenadas en la agenda, llega la pregunta del millón: ¿En dónde pasamos las fiestas, en tu casa o en la mía? No importa quién haga la pregunta, si hay niños se mirarán entre ellos y desaparecerán de la habitación en donde transcurre el acto, puro instinto de supervivencia. Y nos quedaremos los adultos, con las ideas fijas en nuestras circunstancias, reconociendo que las opciones son muchas y que hay que definir antes de que la góndola de pan dulce quede vacía.

En tu casa porque toca, en la mía porque porque la tía Roberta tiene 90 años y no sabemos cuántas fiestas le quedan, pero venimos diciendo lo de la tía Roberta las últimas 5 Navidades, quiero en la nuestra solos, quiero en la nuestra pero invitamos a todos, en la nuestra con todos pero a la canasta, en un restaurante así nadie trabaja, en ninguna y nos vamos de viaje, pero más que nada para que nadie se ofenda…

El modo en el que definimos en dónde pasamos las fiestas influye directamente en que tan bien la vamos a pasar durante fiestas. Van mis tips, y espero los suyos.

· Decidirlo con tiempo. Como casi todo, a las apuradas hay más riesgo de tropezar.
· No dar nada por sentado. Preguntar, charlar, dejar en claro nuestra opinión. Todo vale, menos suponer.

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