Esa abuela no es mi madre

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EleMi madre implacable transmutó en una abuela inimputable que transgrede con mis hijas todas las reglas con las que me crió.

Mamá siempre fue una mezcla explosiva de creatividad y sentido común, defensora de la libertad, solidaria y graciosa pero con un carácter de fuerte para arriba y un vozarrón retumbrante para marcar los límites. Conmigo sigue siendo exactamente así.

Hace años, cuando La Mayor era chiquita y única, fui a dejársela por primera vez. Junto con la nieta amagué a entregarle una lista de recomendaciones, advertencias, horarios y condiciones.

– Vos y tus hermanas están vivas, ¿no?

– Sí. (Era un punto indiscutible)

– Entonces si me la dejás, confiás, sino prefiero que no la dejes.

Miré el bolso tamaño viaje a Europa que había preparado para la hora y cuarto que le iba a dejar a la bebé, calculé la cantidad de cuestiones profundas que se jugaban en su afirmación y entendí que mi madre tenía razón. Pasaron años y mi mamá sigue coherente, nunca me ha dicho cómo tengo que criar si yo no le pregunto, pero cada vez que miro desorientada a la primera que encuentro es a ella. Es por todo esto que mis hijas han desarrollado con sus abuelas una relación genial en la que yo, por suerte para todos, no tengo nada que ver.

Sin embargo debo reconocer que me he convertido en una espectadora indignada de una transformación que es, como mínimo, provocadora.

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