Fiestas adolescentes, dudas paternales

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B - AR - Beta Suarez - Que siga el baile_732x412Los hijos crecen y los festejos cambian. Ya tuvimos el primer baile adolescente en casa y sobrevivimos.

Cuando pensábamos que teníamos un doctorado en peloteros, La Mayor empezó el secundario y para su cumpleaños pidió un baile. Como en casa festejamos todo y la bola de espejos quedó para siempre colgada, nos pareció poco serio decirle que no. No hay nada peor que educar con incoherencias.

La planificación nos llenó de dudas: ¿Apagamos algunas luces para crear clima o ponemos reflectores gigantes estilo plaza pública? ¿Le damos de comer como a gente o como a niños? ¿Hasta qué hora es adecuado? ¿Invitamos adultos para que nos hagan de acompañantes terapéuticos? ¿Cuántos preadolescentes podemos tener al mismo tiempo en casa sin perder la fe en el futuro de la humanidad?

Con pocas respuestas, comenzamos con la ejecución que nos enfrentó con verdades más duras que nuestra imaginación. Confirmamos, por ejemplo, mientras armábamos la lista de canciones que nos pidió la criatura, que no importa la cultura musical que les hayamos intentado inculcar: todo termina en el top 10 de la radio de moda. Se negó a los manteles a tono con las servilletas y a los globos y pidió mesura en el adorno de la torta. Servimos como ejecutores y responsables financieros del evento, pero ya no somos inspiradores. Nosotros que nos creíamos productores con onda éramos apenas proveedores…

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