Frivolidades (Pero necesito una)

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mallaEntre el ataque de pánico, la sofocación y el deseo de matar. Encerrada y haciendo equilibrio. De un lado una cortina diseñada para abrirse cada vez que me muevo. Del otro lado el espejo fanfarrón que ocupa toda la pared. Una luz blanca y fuerte destaca cada pozo y cada estría de mi verdosa y abultada humanidad después de un año gélido y oscuro. Finalmente, intentando esquivar los percheros modernos, la banqueta redonda inservible y mi propia cartera, yo, probándome una malla. Otra vez.

Es que cuando estoy aún atragantada con el turrón del 31 llega la primera invitación del año a una pileta y  empiezo a revolver cajones buscando el traje de baño.  Cada enero es igual, o no lo encuentro o no me entra y me pregunto en qué momento de confusión las mujeres dejamos de ir a la playa luciendo bermudas con volados y cofia al tono.

Da lo mismo,  en cualquiera de los dos casos debo procurarme una malla. Soy valiente pero complicada, así que mejor rapidito.

Shopping, marca conocida. Entro y me ahorro la elección de color. Negro. Mirá si voy a innovar justo acá. Luego sigo con el modelo: Trikini, bikini, tankini, enteriza…  La que me sostenga bien todas estas tetas, le digo a la vendedora. Me mira el escote como si midiera el espacio que necesita para un trasplante de corazón y empieza a manotear perchas de aquí y de allá con una confianza que me apabulla. Yo me declaro incapaz para estos menesteres. Y me quiero ir a mi casa.

Si no fuera porque ya reventé las tarjetas en navidad me las llevo todas y nos ahorramos el mal momento. Si, las siete.

Me rodean pósters, catálogos y varias ideas. La primera: con esos fondos paradisíacos es más fácil ver cómo te queda una malla. La Polinesia te enmarca mejor que la mano de la vendedora (Llena de pulseras, uñas esculpidas y decoradas, por qué?)  agitando un talle más por encima de la cortina del probador.

Tres chicas en bikini posan ligeras desde un catálogo que cubre una mesa baja. Si yo me pongo alguno de esos modelitos lo perdemos y no lo encontramos nunca más. Y eso que las chicas están bien. Infra alimentadas hay pero en la publicidad de otra marca.

En la foto que sigue reconozco una malla que me compré el año pasado. A esa rubia le queda bastante mejor. Ella se la habrá probado antes? De todo modos, si yo tuviera su cuerpo no sólo no me podría malla entera, sino que andaría en pelotas. Todo el día.

Deportiva no, que me aplastan la panza pero también  el escote y quedo como un kohinoor, pero de los primeros.

La vendedora insiste con la idea de que me pruebe otros colores para que se me “suavicen los rasgos”.  Le digo que para flojitas las carnes, que me deje los rasgos como están. Por lo pronto agradezco a Dios y a todos los Santos que este año la moda sea net y no liberty. He vivido veranos a lunares y veranos rayados. No podría con un verano floreado.

Aprovecho y le compro malla a mi consorte. El tipo es muy alto y siempre termino en alguna bermudas de surfer.  La sacamos de la bolsa y le arrancamos el peine para la tabla, porque para lo único que  puede servir es para tener atada a la menor, y así y todo sospechamos que desaparecería igual dejando desnudo al padre.

Mientras, sigo aquí, cumpliendo con mi parte. Encerrada y acalorada, decidiendo por descarte, rogando para que nadie se haya probado el modelito sin la ropa interior puesta e intentando adivinar cómo me queda sin la bombacha marcando algún costado y asomando por otro.

Encima son caras. Muy caras. Miro, me pruebo, elijo y salgo satisfecha por decisión. Vuelvo con mi bolsa, con mi malla, que siempre combina con mi pareo favorito. Basicamente porque la tapa.

No es pudor (creo que no tengo), es buen gusto. Ya se yo que las arrugas se estiran con caricias y que la sensualidad no es directamente proporcional al peso o a la celulitis. No es eso. Es la puta malla lo que no me gusta.

Me gusta el sol en la nuca, lo tibio del viento, las patas en el agua y el atardecer que arrastra el calor. Los contrastes.  La piel se deja tocar por texturas que desconoce con la ropa, la piel huele diferente. El cuerpo es más libre en verano.

Lo que no quita que siga pensado que incluso en bolas y con cofia me vería mucho mejor.

PD: Ya guardé las mallas en el segundo cajón del ropero del cuartito de arriba, si no quieren volver a leer sobre semejante pelotudez, por favor, el año que viene haganme acordar.

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8 comentarios

  1. No olvidemos a la vededora, que cuando lograste sacarte los zapatos te abre (sí, sí, te abre) la cortinita al grito de “¿cómo te quedó?”. Abominable.

  2. Veronica cevasco el

    Buenísimo Betina!!! Como me hiciste reír! Todo lo que describís es la pura verdad!!!!
    Un beso

    Veronica.

  3. que keres q te diga…no me canso de leerte…no sé si abrazarte o putearte…
    no tenes derecho a ser tan clara y puntual, como si tuvieras una camara oculta en mi closet….
    Lo de la malla, este año la hice fácil…usé las mismas del año pasado. Las fotos del 2011/2012…un solo corazon!!!

    Te mando un beso grande…de verdad!!!

  4. esas uñas, por dios ¿en serio cree q voy a tomar sus consejos de moda con ESAS uñas?
    la última vez la compra la hice recién parida (temerario lo mío) pero a veces no queda otra :S

  5. Ja ja! Me reí mucho. Esto me traslada al odio que siento en los probadores, siempre tan minúsculos, a los que se suma la imposibilidad de calzar correctamente prenda alguna debido al sudor que te producen esas luces tipo dicroicas!! Ni hablar cuando buscás un jean!! Y despues dicen que las mujeres aman el shopping!! Por Dios!!

  6. Un poco tarde, me había quedado colgado este post. Mi última compra de traje de baño fue dos hijos atrás, así que para estas vacaciones no se me ocurrió mejor idea que ir con los causantes de mi estado actual: marido y dos niñitos pequeños que cual Crónicas de Narnia, abrían la cortina a un promedio de 5 sgs cada uno, mientras yo pedía “¿tenés una bombacha más grande? dame ese shorsito, que me tapa más”. “El corpiño este me baila, ¿tendrás uno talle dos?”.
    Me llevó 10 días de vacaciones superar el momento. Te entiendo.

  7. Pingback: Feliz día para mi. – Mujer Madre y Argentina

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