Ir a la verdulería: Esa aventura diara

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Por si faltaba algo, el buen ejercicio de la maternidad me exige un máster en frutas y vegetales. Opciones, ventajas y desventajas de querer comer “mejor”.

Uno quiero lo mejor para sus hijos. Esa, sacando algún caso patológico, es una verdad irrefutable. “Lo mejor” incluye la alimentación. Hasta hace un par de generaciones no era tan complicado porque bueno, las opciones eran menos y la información, poca. No pienso sin embargo que todo tiempo pasado haya sido mejor, ser madre es redefinir el concepto de esperanza. Creo que la humanidad, en algunas cosas, mejora. (Sî, y en otras hace un desastre).

Pero volvamos al plato de nuestra cría. Según el pediatra que “te toque” aprendés a construir una alimentación balanceada, de acuerdo a tus posibilidades y después te hacés la canchera y ahondás en el tema y así estamos: Poniendo en duda el buen ejercicio de nuestra maternidad cada vez que le damos, ya no una hamburguesa de comida rápida, sino una pobre y solitaria zanahoria.

¿Qué nos pasó? Queremos llenar el plato de colores (En cualquier momento empiezo a pintar los alimentos con témperas para cumplir con el mandato) y salimos de gira: Del supermercado a la feria, de la feria a la verdulerìa del barrio… y quedamos tan cansadas que solo por nuestro amor maternal no pedimos una pizza cuando llegamos a casa.

¿Manzanas orgánicas o tradicionales? ¿Y yo que comía cuándo era chica? ¿Esa lechuga tan verde qué será? ¿Es más sano comer fideos? ¿Tomates eran lo de antes? ¿Si sumo a la mesa ese racimo de uvas estoy dañando al planeta? Demasiado dudas para cuatro comidas diarias de por vida.

Somos gente común y queremos comer sano sin tener que viajar dos horas y vender un órgano vital para comprar esa radicheta cultivada con responsabilidad y amor mientras le hacen reiki. La disputa, parece, se da entre los alimentos naturales y los que no lo son, digo yo que, partiendo de mi ignorancia, me puse a leer bastante sobre el tema. Ahora, lo cierto es que ya nada lo es, porque no salimos a cazar nuestro churrasco ni agarramos las bananas del banano. La duda se reduce entonces, a los cultivos orgánico y a los tradicionales. Las diferencias son más sencillas de lo que creemos: Todos los vegetales que comemos, tanto los que se producen en forma tradicional como los que producen en forma orgánica, se cultivan en la misma tierra, tienen el mismo color y nos aportan los mismos nutrientes. La diferencia está en cómo se siembran, se desarrollan y protegen frente a las amenazas de plagas y malezas. Me encanta investigar, conocer y sacar mis propias conclusiones.

En lo que a mi respecta, voy al supermercado y a la verdulería de la esquina sin tanto drama y también voy de vez en cuando a diferentes ferias y todo convive en casa. Bueno, hasta que nos lo comemos. Si les interesa profundizar, la web está llena de información y ustedes, como en todo, pueden elegir la fuente que mejor les venga.

Saber es fundamental para tomar decisiones. La información no da poder y responsabilidades. Pero también es verdad que los padres hacemos lo mejor que podemos, también con la alimentación, y en general nos sale bastante bien. Leer las etiquetas, consultar con nuestro pediatra o nutricionista amigo, no obsesionarnos y apoyarnos en nuestro sentido común son ingredientes que al menos yo, también quiero en mi mesa.

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