La maternidad nos quita el sueño

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“Cuando el bebé duerme, vos aprovechá y dormí”, te repiten como una verdad revelada cuando acabas de parir, y te miran con caridad, como si sintieran pena por vos. Es una mezcla de orden y ruego. “Dormí todo lo que puedas”, insisten. Y vos, ilusa, inexperta y pasada de felicidad, como cualquier madre primeriza, pensás que se refieren al primer año de tu retoño. Ahí, cuando no importa porque el amor maternal te sostendrá despierta sólo para tener la alegría de mirar fijo a ese ser que vino a modificarte la vida, los días… y sobre todo, amiga, las noches.

Pero nadie puede decir que no fuiste advertida: los últimos meses del embarazo, entre patadas, panza y antojos, tal vez hicieron que no durmieras tan plácidamente. Es que el cuerpo es sabio y se entrena. Habrás tenido también noches de desvelo soñado con ese hijo al que aún no conocés. Y todo como el preámbulo de lo que se viene.

La maternidad, lamento ser yo quien se los diga, también es una vigilia permanente.

Con el bebé te despiertan la teta y el llanto. Cuando ya camina, se pasa y empieza el colecho, ya sea por elección, por cansancio o porque con tal de dormir un ratito más por vos se puede pasar a tu cama el barrio entero. Cuando empieza a dejar los pañales, serás el despertador de su incontinencia, como si eso fuera posible.Y la fiebre de algunas noches y las preocupaciones que sólo vienen con la maternidad. Aquello que le cuesta aprender, el nene que lo molesta, la seño que no te gusta y todo, pero todo, lo que mundo incluye y vos, de ratos, ves como un peligro para la luz de tus ojos. Desde el borde de la hamaca de la plaza hasta las guerras mundiales.

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