La pelota sí se mancha

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En el fútbol, como en la vida, podemos manchar la pelota. Con intención, por accidente o por error. La gran diferencia es hacerse cargo y saber limpiarla. ¿Qué hacemos como padres para que esto ocurra?

Entre el gas pimienta de estos días y la sanción cuestionada, el superclásico entre River y Boca arruinado y las redes y los medios monotematizados, el fútbol entró incluso a nuestra casa. Es que en casa, con mucho esfuerzo, logramos aprender que hay 11 de cada lado de la cancha. Claro que sufrimos con los campeonatos mundiales y que tenemos equipo (la familia está partida en dos camisetas, podría ser peor), pero no nos pidan mucho más.

Es raro porque vivimos en Argentina, en donde todos nacemos con una camiseta puesta, una herencia de pasión y muchos domingos familiares de análisis detallados sobre la última jugada. Los mundiales son causas nacionales. Los clásicos se parecen a la eterna historia de amor y de guerra entre los Capuletos y los Montescos. Un arquero puede tomar rango de prócer nacional y tenemos, siempre y por decreto, a los mejores jugadores del mundo.

Ahora, si hay que ser justos, también tenemos partidos con restricciones de público, barras bravas que parecen intocables, muertos del fútbol que ya hemos olvidado, jugadores millonarios que alientan a los violentos, banderas que en lugar de animar al equipo propio agreden al otro y, porque somos re modernos, últimamente hasta tenemos drones futboleros. Esto, no lo dudemos, tiene una relación directa con los padres enajenados que en el partido del nene del domingo gritan, insultan y critican como si se les fuera la vida en el resultado del torneo entre escuelas. O, lo que es peor, como si se le fuera la vida al hijo.

En casa no nos interesa en particular el fútbol, pero no nos es ajeno, sobre todo porque el fútbol no es una burbuja, nuestro fútbol, nos guste o no, es lo que somos. Y del último evento violento que llegó a las tapas de los diarios de todo el mundo y que incluye a barras bravas, políticos, dirigentes de los clubes y muchas cosas que no deberían estar ni cerca de una cancha deportiva, lo que más me llama la atención son las excusas.

Dicen los de Boca: Los partidos se ganan en la cancha, son cobardes.
Dicen los de River: Venían perdiendo y por eso pasó esto… a nosotros… que nunca les hicimos daño.
Decían los árbitros sin parar el partido: No es nada lo de los ojos, ya se les va a pasar.

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