La vianda escolar: otro desafío de la maternidad

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No todos dominamos el arte de la vianda escolar. Algunos apenas lo sospechamos.

Terminaste de etiquetar todo lo que de todos modos van a perder. Ajustaste los horarios con precisión quirúrgica, cambiaste los despertadores de toda la casa y gastaste los ahorros que tenías previstos para la facultad en los útiles escolares de 2do. grado. La vuelta al cole es un acto de amor, sin embargo, nunca termina. Hay cosas que se mantienen todos los meses escolares, todos los días, por muchos años.

Cuando te dijeron que la maternidad te iba a llevar a lugares impensados, nunca imaginaste que iba a ser a tu cocina, a las 6.15am, a hacer fideos con tuco. La vianda escolar, ese infierno tan temido, forma parte del combo que viene con los hijos. Una maravilla en su conjunto, lo mejor de la vida sin lugar a dudas, pero con zonas oscuras (o incómodas), para qué vamos a negarlo.

Es cierto que si planificamos (las compras, el menú, dormirnos temprano y tantos otros sueños dorados) luego es más sencillo. Pero también es cierto que la vida no cabe en una planilla y de repente te encontrás en una lógica confusa: Tu hijo, que muchas veces no quiere comer la cena, rechaza la comida del comedor del colegio y prefiere llevarse la tuya en una vianda. Puede que sí quiera comer en el comedor pero sus amigos no, otra vez volvemos a la vianda. Quiere la comida del comedor, pero mandarlo todos los días te sale más caro que pagarle la cuota del colegio a un chef para que le cocine en el patio del recreo. Hola vianda.

Nadie te avisó y cuando elegiste colegio te fijaste en cuestiones menores, como la calidad académica, y olvidaste los detalles que de verdad importan: ¿Hay microondas? ¿No? Bueno, entonces se te complica el transporte de la comida y casi volvés a quedar empatado entre lo que te sale el chef personalizado y el precio del termo que mantiene la comida caliente. Eso más que nada porque en la mochila, entre tanta cosa, no entra un microondas. Una pena, porque si saben usar tan bien una tablet, mirá si no van a saber manejar un electrodoméstico tan sencillo… Pero volvamos al termo, el embalaje de los alimentos es muy importante. Es que los nenes no quieren comer la albóndiga con el flan o la ensalada rusa con la mandarina. Los nenes son quisquillosos y desconsiderados, no es cierto?.

Te concentrás entonces y te descubrís combinando colores, sabores y calidad nutricional como si fueras una mezcla de cocinera con decoradora, porque viste que según las redes sociales, la novedad es que ahora las viandas, además, tienen que tener formas locas o la cara de un personaje famoso o ser “divertidas”. Después de tanto esfuerzo, seguro que a la noche, agotados, pedimos una pizza. El problema, queridos padres, una vez más, es nuestro. Del mismo modo, si en casa el único menú es milanesas con papas fritas a caballo, no sé por qué pretendemos que el nene en el colegio coma las croquetas de quinoa y brócoli con milanesa de soja cultivada en tierra virgen. Sobre todo porque se le va a pasar la hora del almuerzo intentando descubrir qué es eso que le pusieron los desquiciados de los padres en su vianda tan linda (y carísima) de Iron Man.

Terminamos siendo unos seres ridículos que un día creemos que la vianda escolar tiene que tener un menú gourmet de 4 pasos y que otro día llenamos el termo con dos sanguches de miga con las puntas levantadas que nos robamos del cumpleaños del tío Rolo y con una ensalada de sobras a la que defendemos por lo “colorida”.

Eso sí, lo que nunca falla es la cantidad. Les mandamos comida como para que todo el colegio sobreviva a un apocalipsis (Para una madre todo es posible) sólo con la ración de nuestra criatura.

La vianda que armamos, nos dicen, tiene que ser sana, variada, suficiente, transportable, rica, atractiva, nutritiva, equilibrada… Hay que tener un máster, parece, lo que no termino de saber bien es en qué.

El equilibrio tiene que ser mental, no solo alimenticio. Ya hablamos acá mismo de concepto amplio de “comer bien” (link a post anterior) y claro que alimentar a nuestros hijos es un tema muy importante.

La vianda escolar, entonces, nos pone a investigar, nos recuerda que conviene planificar y sobre todo, nos invita a relajarnos. Porque alimentamos todos los días, y vamos aprendiendo y tomando decisiones familiares que exceden el contenido del termo, pero que ahí se reflejan.

Y porque siempre existe la posibilidad de que nos pasemos dos horas haciendo una comida casera en forma de animalitos divertidos para que nuestro hijo lo cambie en el comedor por un pancho frío, dos patitas congeladas y un alfajor de dudosa procedencia recubierto por “simil” chocolate.

¿Y saben qué? No pasa nada. Siempre tendremos la revancha de la cena.
Y, compañeros de infortunio, también la vianda de mañana.

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