Las 8 cosas buenas de la gripe

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La gripe nos quita pero también nos da. Es sólo cuestión de perspectiva.

Mi marido se engripa, históricamente, una vez por invierno. Yo no me engripo (engripaba) nunca. Este año, quizás por los 40, o por las defensas bajas o tal vez porque un viernes estámos en el caribe tropical y el sábado en el invierno de la estepa rusa, el tipo me pasó la gripe y así quedé: Afiebrada, friolenta,congestionada, dolorida, débil y embotada. A pura tos y articulaciones sufridas, llena de mocos y con derecho a acciones en las empresas de pañuelos de papel.

La cabeza como un corso, el cuerpo como atropellado, la garganta como un incendio, la nariz como un arrebato, el pecho como una fanfarria, la voz como un tango y la conciencia ralentizada.

Sin posibilidad alguna de hacer más que concentrarme en respirar, sonarme los mocos y no hacerme pis cada vez que tosía, dejé que pasaran los días (Intentando que no me pasen por encima y sin mucho éxito en dicha empresa) y con asombro descubrí que la gripe me devolvía, traducidas, algunas de las cosas que me quitaba.

Las cosas buena de la gripe, punto por punto:

  1.  Podés rodear tu lecho de dispositivos tecnológicos, pinear ropa que nunca te va a entrar y muebles que nunca vas a tener, ponerle me gusta a todo lo que se te antoja, postear canciones espantosas y stalkear a tus compañeros de trabajo. El aletargamiento de los antigripales es una buena excusa.
  2. Como el tiempo pierde la forma y tus días pasan entre sueño y gripe, gripe y sueño, podés disputarle la siesta a los gatos, ver temporadas enteras de series, incluso la que ya viste, escuchar tango y aburrirte con derecho. Todo esto a horarios insólitos, total el único compromiso que tenés mañana es el mismo de hoy: Sobrevivir.
  3. La gripe te libera de cualquier responsabilidad. Ves salir a tu familia al mundo y te quedás parapetada debajo de tu acolchado. Sin culpa, podés escuchar a los lejos como tu marido prepara a las nenas para el colegio y advertir las corridas en duermevela y sentirte ajena al traqueteo. Como mucho irán mal peinadas. Dormir cuando ellos salen, ver tele cuando ellos duermen y por una vez en tu vida, tener la oportunidad de extrañarlos.
  4. Podés andar vestida con lo que se te ocurra y sin corpiño, total prima la posición horizontal y también podés pedirle a quién sea y a cualquiera hora un té. Eso, podés reducir tu dieta a té, sopa y chocolate y aducir que cualquier otra cosa, en conjunto con los antigripales, te destroza el estómago.
  5. En ese estado aciago, apreciar las cosas simples de la vida deja de ser una frase barata: Dar vuelta la almohada te devuelve la potestad sobre tu cuello, bañarte te recuerda que hay una vida mejor, un caramelo de miel te quita el arenero de la garganta y disfrutás la visita del médico a domicilio como si fuera un lujo asiático. Ir a la guardia y escalar el Everest tienen, en ese momento, el mismo grado de dificultad.
  6. La fiebre te da permiso para cambiar las sábanas todos los días, incluso varias veces por día, tantas como juegos de sábanas tengas. Pocas cosas más efectivas para mejorarse (O para quedarse en la cama un día más) que la pericia de enfundarte en sábanas recién puestas. La fiebre, además, te habilita para decir barbaridades que luego podrás olvidar. O asegurar que las olvidaste.
  7. La gripe nos da un pretexto para evitar el contacto con todos los que no queremos estar para “no contagiarlos”. Esa excusa se puede extender un tiempo luego de nuestra recuperación. El “estoy recién recuperándome” es como el “Acabo de parir”. Duran todo lo que queramos. (Hace años que acabo de parir).
  8. La gripe se exuda. Va de adentro para afuera: tos, mocos, lágrimas, sudor. Entonces, hay que aprovechar los ojos rojos, las convulsiones y la congestión para escupir todo que nos tiene enterrados, engripados, en nuestra habitación. Es la coartada perfecta para transpirar lo que nos enferma y podemos hacerlo con todo el ruido y el drama que amerite.

No es que le busque lo bueno a lo malo, no soy de esas. Lo malo es malo sin tibieza. La tibieza es pobre. Y la gripe es gripe. Cuando me estaba recuperando le tocó a La Mayor, que con las defensas al nivel de sus hormonas la rezumó rápido y sin mucha tragedia. La Menor fue la única que no se enfermó, sólo para demostrarnos que no la podemos detener ni con una guerra química.

Las gripes duran más este año, dicen. A mi me duró todo lo necesario. Y lo mejor de la gripe es que, luego de permitirnos  flotar impunemente en los 8 puntos anteriores, simplemente desaparece y “no era nada”.

Transcurre hasta que pasa. Como todo. 

¡Salud!

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