Las carteras no son zapatos

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La gente me regala carteras porque me gustan mucho los zapatos, como si fueran un combo. Nunca van juntos en mi vestimenta y definitivamente no están ni cerca en mi corazón

Necesito una cartera negra, de cuero. Si tiene alguna tacha, ayuda. Ni muy grande ni muy chica, con el ipad como referencia. Debe tener algo de rock y algo de formal. Me tiene que servir para ir a la oficina y a un evento. Para el día y la noche, para la semana y los feriados. Puede ser mochila. Preciso que sea de buena calidad y con bolsillos. La marca me tiene sin cuidado. Los sobres me caen bastante simpáticos pero para esta búsqueda no son prácticos.

Necesito una cartera así porque la gris reptil que venía usando ya da pena. Es que mi relación con las carteras es constante pero con un carácter puramente utilitario: Elijo una, la uso todos los días y todo el tiempo y cuando ya da vergüenza, la vacío arriba de la mesa, hago limpieza, cargo una nueva con lo que necesito y tiro a la basura los restos del contenido y la cartera misma (Conozco gente que hace eso con otra gente, pero gracias a Dios no es mi caso). Si bien el momento tiene algo de ritual tampoco es que despido a la cartera vieja con fanfarrias por los servicios prestados. Las carteras no son zapatos.

Los zapatos, en cambio, arrestan mi atenciòn. Colecciono libros sobre zapatos y sus historias, necesito conocerlos en su estructura, comprenderlos desde el principio. Tengo muchos pares pero siempre aparece alguno nuevo que me detiene. Voy regalando de a varios, pero jamás por viejos, si tanto tiempo estuvieron aquì se merecen permanecer a resguardo, ellos y su alma. Nunca los combiné con la cartera, ni cuando se usaba. Prefiero que no acuerden, tal vez como una declaración de principios: No tienen nada que ver.

Hay algunas carteras, muy pocas, que realmente me gustan: Tengo un clutch con calaveras que me trajo #Consorte que me enamora (El y el cluth) y una cartera plateada que era de mi abuela que siempre está de gira entre la casa de mi madre y la de mis hermanas. En ninguna de las dos entra nada, pero esas sí me gustan. No es casual, no pueden llevar peso.

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Estoy siempre bien dispuesta para que alguna me sorprenda y me seduzca. No me molestaría desear una cartera con esa intensidad superficial, urgente, limitada y básica con la que se puede desear un objeto.

Entre tanto, la cartera que uso siempre, mientras la uso, me tiene que ser útil y me tiene que gustar. Es complejo. Me regalan carteras que nunca elegiría y que no cambio porque por desinterés demoro el trámite hasta que vence el plazo para hacerlo. Va en detrimento de mi economía, pero por otro lado, la economía nunca puede estar por encima de la pasión. Ocurre entonces que se me rompe la gris reptil y me asomo a la parte de arriba de uno de mis armarios y me sumerjo en una pila de carteras con la etiqueta aún colgando y escarbo, excavo, revoleo, revuelvo y nada. Ninguna me gusta lo suficiente como para acompañarme a diario hasta que ella misma pida un retiro digno.

Y entonces necesito una cartera negra. De cuero. Si tiene alguna tacha, ayuda. Ni muy grande ni muy chica… pero ya les dije no? Perdón, es que me resulta mucho más apasionante escribir sobre el tema que ocuparme realmente.

Las carteras son útiles, los zapatos son amor. Las carteras, insisto, no son zapatos.

Las carteras llevan el peso de mis horas. Cargan con la practicidad del bolsillo para el tampón y el ibuprofeno por las dudas. Acarrean los pañuelos siempre listos para #LaMenor y el peine para #LaMayor. Las carteras se alimentan de lo que no sabemos en dónde poner y engordan con pendientes: Cuentas sin pagar, el volante con el teléfono de la profesora de yoga a la que queremos ir hace 4 meses, el reloj para cambiarle la pila, el paquete de caramelos con fecha de vencimiento vintage… La cartera traslada de un lado a otro un set disparatado de supervivencia, pero apenas llegamos a un sitio amigable, la dejamos a un costado y la olvidamos hasta la hora de volver a enfrentarnos con lo gélido de todo lo que no es hogar.

Los zapatos, en cambio, nos suavizan la ruta, avanzan, dejan huella y hacen camino. ¿Quién podría no ver la diferencia?

PD: Igual si saben en dónde hay una cartera como la que necesito me avisan y me ahorran la búsqueda.

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