Las cosas a las que no debemos renunciar por nuestra pareja

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Una pareja está compuesta por un par. Y de esa obviedad se desprende que son dos los que se encuentran sin necesidad de perder aquello que les hizo tener ganas de conocerse.

Habiendo cumplido felizmente 14 años de casada (una pavada dirán unos, una eternidad dirán otros) me senté a reflexionar sobre aquellas cosas propias a las que no hemos renunciado a pesar de compartir tantas otras:

  • Pasatiempos: Lo que hacemos por placer, incluso cuando estamos cansados, es indelegable. Tener hobbies nos asegura una vejez entretenida en el futuro y una mente relajada siempre.
  • La verdad: Mentir o fingir para agradar no es una buena idea (ni en la cocina, ni en la cama, ni en la vida). Se corre el riesgo de olvidarnos de nosotros mismos.
  • Las relaciones que nos importan: No todos los amigos tienen que ser en común ni toda nuestra familia tiene por qué caerle bien. Dicho eso, partiendo de la nobleza de una relación sana, sería muy difícil que alguien que lo haya dañado me importe o que él intente alejarme de alguien que amo.
  • Independencia: Estar con alguien por elección y no por necesidad. Vivir con otro porque queremos y no porque no nos queda otra. La independencia que te da seguridad puede estar relacionada con la movilidad, el vestuario, las finanzas, los afectos o lo que se te antoje. Esa, justo esa, no hay motivo para cederla, y al contrario, hay muchas razones para que sea respetada.
  • Nuestros deseos: Los objetivos compartidos muchas veces se apoyan en los deseos individuales. El me acompaña en mi escritura, yo viajo con él y su guitarra. Olvidar nuestros deseos particulares nos deja vacíos de pasión. ¿Quién podría amar a alguien desapasionado?
  • Tu cuerpo: Es tuyo. Y no hace falta agregar mucho más al respecto.
  • Decir y decidir: Si no hubiera desacuerdo no existiría la conversación ni la negociación ni  la reconciliación. Nadie debería exigir, como prueba de amor, que pienses como el. Eso es sumisión y en el amor no hay escalafones. Y eso vale incluso para el cine (las ventajas de las multisalas es que te podés encontrar a la salida y compartir las historias con un buen café).

 

Todas estas cuestiones parten de la generalidad y claro que hay momentos y situaciones particulares. Una pareja también es postergar, alentar, poner prioridades, esperar y avanzar. Se trata, una vez más, de mantener un sano equilibrio en donde los logros del otro te alegran y te generan admiración al mismo tiempo que ese otro te alienta para que superes tus abismos personales.

Los mundos propios alimentan ese mundo compartido. Y si olvidamos quienes somos que no nos resulte extraño que el otro olvide de quién se enamoró.

Lo bueno de saber a qué no debemos renunciar es que es justamente lo que nunca deberíamos pedirle a quien bien amamos, porque, como decíamos, una pareja es un par .

 

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