Lo que pasa cuando salimos con amigas

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Dejar nuestra casa y salir con amigas es sano y placentero. Sin embargo, las madres nos enredamos entre el propósito y la culpa. ¿Te pasa?

Encontrar un día en el que “podamos todas” ya es una tarea inmensa, pero a veces lo logramos. Cuando ocurre y la salida con amigas es una realidad concreta y ubicada en la agenda, comenzamos el detalle, con precisión quirúrgica, de todo lo que podría ocurrir antes, durante y después de nuestro abandono del hogar.

Previa:

El antes, creemos, requiere de medidas extremas como cuidados exagerados para que los nenes no se enfermen ese día y entonces van con bufanda al colegio en pleno verano. Dejamos la comida lista aunque es el padre el que cocina la mayoría de los días. Ponemos en la heladera los teléfonos de nuestras amigas, del lugar al que vamos a ir y de los sitios que lo rodean. Por las dudas.

Esta obsesión maternal nos deja casi sin energías para salir, pero estamos dispuestas a todo. Entre el propósito y la culpa. Entre la conquista y la duda.

Durante:

Durante la reunión, hacemos un gran esfuerzo para desconectarnos de nuestros propios temores y puede que lo logremos. Intentamos, incluso, no hablar mucho de nuestros hijos. Es ahí cuando se nos presentan, indefectiblemente, tres situaciones de contacto con el hogar abandonado.

  • El mensaje que alude. Hay mensajes en clave que despiertan todas nuestras alertas: “Hola amor, no pasa nada, pero… ¿en dónde están las vendas? ¿y el termómetro?”. Y luego nos aclaran que en realidad están jugando al doctor con una muñeca, una posibilidad que jamás contemplamos.
  • El mensaje por obligación. Nos contactan porque les pedimos tantas veces que nos contaran “cómo estaban” que, pobre familia, debe pensar que nosotros la estamos pasando muy mal y no sabemos sobrevivir, o incluso salir, sin ellos.
  • El no mensaje. El silencio absoluto hace que nuestra imaginación fatalista tome las riendas de nuestra cabeza conflictuada y nos haga enviar dos mensajes, tres llamados, un chat y un posteo en alguna red social hasta que alguien nos dé una señal de vida. Con una foto de toda la familia, incluyendo mascotas, con el diario del día nos alcanza, tampoco pedimos tanto.

El llamado de verdad temido no ocurre casi nunca, porque la vida en general tiene mucho más momentos gratos (u ordinarios) que tragedias.

Pero volviendo a nuestra gran excursión, ahora que ya hicimos contacto y comprobamos que están todos vivos (y que pueden vivir sin nosotros un rato más), estamos en condiciones de disfrutar nuestra noche de amigas.

Sabemos que tenemos derecho a pasarla bien un rato sin que nadie nos llame “mamá” y que de nosotros depende aprovecharlo. Cuando eso ocurre, casi es hora de volver pero vamos aprendiendo.

Podés leer el después acá (Hacé click). 

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2 comentarios

  1. Qué cierto y divertido post! Con un nene de casi 22 meses la culpa es una protagonistas de mis salidas … cuando las hay! jajaja…
    Es bueno saber que no somos las únicas culpógenas miserables, que nos autolasceramos y nos castigamos mentalmente… o como bien decís nos agarra ese “ataque de ultra egocentrismo” donde nos da por creer que sin nosotras se cae el mundo! jajaja
    Muy buena entrada, me hiciste identificar y reír mucho!

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