Lo que queremos saber de nuestros hijos

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Entre los nervios, la ansiedad, lo que nos preguntan y lo poco que sabemos, nos gustaría que nuestros hijos traigan debajo del brazo, en lugar de un pan, un libro de respuestas.

Hasta que no te pasa, no sospechás la catarata de emociones que te despierta una acción tan puntual como es hacer pis en un palito. Porque bueno, después de todo hacemos pis a diario. Pero la expectativa, el deseo, el miedo, la alegría, la sorpresa, los nervios…. todo eso empieza con dos rayitas. Bueno, empezaba.

Empezaba digo porque el nuevo Evatest digital tiene indicador de concepción (primero y único) que te muestra el resultado en palabras (embarazada o no embarazada) y además estima de cuántas semanas estás. El resultado es preciso y fácil de leer pero las emociones siguen corriendo por cuenta nuestra. Y en eso me detuve, y para variar, se me amontonaron las palabras.

Con #LaMayor me hice el test cuando #Consorte se había ido a un recital. No lo esperé, la ansiedad pudo más. Cuando confirmé que estaba embarazada me fui a dormir con una paz encantadora (Madre primeriza, se ve que no entendía nada) y cuando él volvió, fue una fiesta. Con #LaMenor el oráculo fue mi madre que me dijo “estás embarazada”, yo me reí pero pero las dudas me compré un evatest y acá estamos, atajando penales, a pura maternidad.

Volvamos al palito. Salís chocha porque ya tenés la respuesta a la pregunta primera, a la que fundamenta el resto: Está confirmado, estás embarazada. Eso sí, das dos pasos y te chocás con todas las preguntas que te hacen y para las que, por supuesto, no tenés ni un asomo de réplica: ¿Es nena o nene? ¿En dónde lo vas a tener? ¿Y cómo se llama? ¿Le vas a dar la teta o fórmula? ¿Vas a hacer colecho? AYYYYYYY!

Y sin embargo, mientras vas evadiendo interrogatorios, igual tenés que reconocer que las preguntas más inquietantes no son las de los otros, sino las propias, con nuestra cabeza tan embarazada como nuestro cuerpo: ¿Seré buena mamá? ¿Podré cuidarlo? ¿Podré mantenerlo? ¿Sabré vestirlo? ¿Tendrá piojos? ¿Será feliz? ¿Le gustará mi gato? Y mil millones de preguntas más que surgen a diario mientras la panza crece primero y el hijo crece después y empieza la universidad. Sí, así de extremo.

Y es que todo eso que queremos saber no tiene que ver con la ansiedad, sino con el instinto maternal de protección que te rompe los esquemas y te abraza y se queda con vos para siempre.

Tiene que ver con querer tener herramientas para sentirnos preparadas para defenderlo del mundo. La maternidad combina dos cosas que parecen contradictorias: Es sentirte todopoderosa al servicio de hijo que llega y es tener miedo para siempre.

Hijo se nace, madre se hace. Y eso ocurre a medida que le vamos encontrando respuestas a las preguntas que parimos, desde que nos hacemos el test de embarazo y cada día, todos los días. Y esto también lo hacen esas madres que no tienen a sus hijos en su cuerpo, claro. Preguntas y respuestas parimos todas.

La maternidad entonces, también es buscar respuestas. Y de nosotros depende relajarnos en esa búsqueda, perdonarnos los errores, aceptar las dudas, resignar las que nunca responderemos y disfrutar cada paso mientras exploramos.

Que así sea.

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