Maternidades en evolución y con una dosis de humor negro.

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La autora del blog Madre, mujer y Argentina presenta su primer libro, pro disfrute, anti culpa y pecado materno.

Contar el “lado b” de la maternidad: la medicina perfecta contra siglos de idealismos cuadrados, madres de manual y recetas para crianzas perfectas que, llevadas al extremo, dan un poco de risa.

Entre las pretensiones de omnipresencia (estar en TODO lo que el chico necesita) y las grandes dosis de culpa que generan los dramas y errores cotidianos está la grieta que Betina Suárez (44), “Beta” para los amigos, supo explorar con su escritura en el blog Madre, mujer y argentina. Allí viene sacando desde hace diez años los trapitos al sol, desahogando risas y penas de la crianza de La Mayor y La Menor (no son notas musicales, sino hijas).

Ahora nace como libro con el mismo título, integrando el catálogo de la Editorial Planeta, y se presentará el próximo 30 de abril en la Feria del Libro de Buenos Aires. Viandas escolares que son un martirio, mandatos que cuesta desobedecer -aunque nos creamos muy libres-, la disputa por el espacio privado, el alivio de apoyarnos (e identificarnos) en las tribus de madres. Todo eso narrado bajo el cristal de que “no hay receta única” y “a maternar se aprende andando”, convierten a Beta en una cuenta cuentos infalible de la locura cotidiana, risueña, incorrecta y mamífera.

– Madres emprendedoras, sociales, con dinero, que viajan y crían respetuosamente… ¿Es mucho lo que se nos pide?

– ¿Sabés que yo pensaba así? Es que esa es un poco mi realidad (lo de ganar bien te lo debo porque estudié comunicación, pero bueno, todo no se puede). Pero mi realidad es pequeña… ¡hay tantas madres! Hay tantas formas de serlo, te modifica de tantas maneras… Hay madres que darían cualquier cosa por estresarse, por tener vida social y ser emprendedora.

Pero en el ecosistema general, observo dos “fenómenos”. Nos estresan más las pretensiones irreales, propias y del contexto, sobre cómo debemos ejercer la maternidad que la lista de tareas que elijamos o que debamos hacer. No hay modo de dar con una expectativa imposible y eso frustra y nos pone nerviosas. No solo a las madres, claro, pero con la maternidad está ese temita omnipresente… Si salís a trabajar sos una madre abandónica, si no salís sos una madre sin ambiciones que va a criar hijos chatos… ¿Ves? ¡Es imposible!

Por otro lado, y gracias al santoral completo, creo también que empieza a haber, acompañando el movimiento feminista mundial, cierta liberación de la culpa. Criar es lo más difícil que hago en el día, así que al final de la jornada las madres deberíamos sentarnos a tomar algo y sentirnos cómoda entre pares en lugar de competir, juzgarnos y estresarnos…

– Como siguen funcionando los mandatos de crianza de madres y abuelas, ¿a cuáles renunciaste rotundamente?

– Tengo suerte. Con las temporalidades del caso, mi abuela materna, mi madre y mi padre son adelantados para su época. (Pero que mi padre no lea esto, así lo puedo seguir peleando). Tengo críticas, como todos los que tienen padres, pero también tengo muchas enseñanzas relacionadas con la libertad, el amor, el trabajo por lo que soñamos, que atesoro e intento replicar. Pero otra vez, alcanza con leer los comentarios en mis redes para ver que no todas las realidades son iguales.

Yo renuncio a una maternidad culposa, creo que vamos a acabar con la humanidad. Madres infelices que dejan todo por sus hijos y entonces los cargan con el peso de sus frustraciones y esos pibes piensan que tener hijos es una porquería. Sin embargo, tampoco juzgo a esas madres, todos hacemos lo que podemos, pero me gusta ser el disparador, al menos, de la duda. Quiero que cuando mis hijas se vayan de casa vuelvan seguido por gusto y no por obligación, porque yo sin ellas no tengo vida.

Muchas veces me encuentro pensando esta misma pregunta pero para adelante: ¿Cuáles son los mandatos de crianza que nosotros le vamos a dejar a nuestros hijos? Esa es la parte a la que no le vamos a poder escapar, aunque nos hagamos los desentendidos.

– ¿Qué dicen tus hijas y tu marido de tu blog? (por los gatos se me complica preguntarte)

– Más allá de disfrutar las ventajas prácticas que incluyen invitaciones, etc., ocurren dos cosas: por un lado les es totalmente natural (el blog tiene once años, es el primero de maternidad en Argentina), nació antes que mi segunda hija. Yo escribo desde que tengo uso de razón, conviven con eso. Y hay cosas como el libro que les da orgullo, me acompañan. Igual que al padre en lo que hace o nosotras a ellas. Nos gustamos siendo felices, por suerte.

Por otro lado, y tenemos que dividir al elenco estable, mi marido está acostumbrado (no le copa mucho que lo reconozcan en la calle, pero se lo toma con humor) y es un compañero increíble en todo lo que hago, no solo en el blog, y no hablo solo de amor, sino de admiración profesional mutua. Para las nenas soy la madre. Y aunque yo me crea súper moderna súper cool, soy un embole, la que las manda a levantar las medias, y de a ratos, alguien densa y muy poco interesante. Lo normal.

Yo no descartaría preguntarle a Suárez y a Roberta, los gatos. Sospecho que hablan a escondidas, pero no estoy segura de que digan nada bueno.

– ¿Sentís el libro como un nuevo alumbramiento?

– Sabía que iba a publicar libros antes de saber que iba a ser madre, así que no sé si lo siento así exactamente. Era un “pendiente” importante. Y fue un gran desafío no tentarme con publicarlo yo y someterlo al ojo agudo del mundo editorial, con el riesgo de que me digan que me dedique a otra cosa. Lo siento como una certeza, es que uno repite eso de “hay que trabajar, esforzarse, mejorar, ir por los caminos honestos, etc.” y al final eso tiene frutos. Entonces, cuando eso pasa, es esperanzador, reconfortante.

Tengo una cabeza medio intensa y diversificada. El segundo libro es un objetivo placentero y trabajoso. Desafíos son bajar todos los kilos que tengo de más para que me entre el pantalón del cuero y lograr forrar alguno de los cuadernos de mi hija menor sin que a la nena le de vergüenza mostrar el resultado.

– ¿Cuáles son los temas que más resuenan?

– Las lectoras (y no son todas madres, te asombraría saber la cantidad de hombres y de mujeres sin hijos que me leen) sienten cierta liberación. Pero es un mérito de ellas. Lo que yo sé hacer es poner en palabras certeras lo que muchos sentimos. Igual que otros saben poner bien los azulejos en una pared. Ni más ni menos. Y poder nombrar lo que a uno le pasa es de verdad muy poderoso porque nos permite adueñarnos, ordenarlo, desecharlo, etc. Cuando se nombra, es.

La culpa como una cárcel, los deseos postergados al límite del abandono, las ganas de quejarnos si se nos antoja… Esos son algunos de los temas, pero hay un lugar más profundo, de comprensión, en donde nos encontramos más allá de las realidades diferentes de cada persona.

– ¿El humor es el mejor antídoto contra la culpa? ¿En qué aspectos de tu vida diaria lo explotás más?

– El humor nos cura y nos salva. Sobre todo, de nosotros mismos. Y eso aplica también a las que somos madres. Tengo un humor muy ácido, mucho más oscuro que el que se lee en el blog, porque con el tiempo aprendí a tener más caridad con mis palabras. Es fácil ser jodida, tenemos que ser mejores.

En los textos que escribo creo que tengo una mezcla rara de humor negro y alguna fibra sensible. Me lo dicen siempre y entonces empecé a notarlo y es cierto, ahí está. Me gusta ese lugar, creo que hay una sana e impensada convivencia entre esas condiciones. Y ese mismo mix va conmigo a todos lados. Humor en las reuniones de trabajo y en el dentista. Sin ser desubicada ni graciosa, el mejor ejercicio del humor lo tengo en situaciones críticas o límites, en cualquier contexto.

Además, como soy una speaker muy activa (de temas relacionados con profesión, con el emprededurismo o con el blog y la maternidad) ejercito el humor con audiencia muy seguido, como otra herramienta, poderosa, de la oratoria e incluso pedagógica.

De vez en cuando también hago stand up, fue un proceso natural, “digo lo que escribo”. Por supuesto, antes me preparé. Para todo.

– El libro se llama “Las madres tenemos derechos” que es, además, uno de los capítulos del libro. ¿Podrías contarnos un poco a qué te referís?

– Nació de un hashtag que ya tiene vuelo propio y luego fue apropiándose de más palabras hasta que llegó al libro. Esto de que los hijos son lo más importante de nuestras vidas pero no son lo único es una obviedad hasta que te das cuenta de que hace dos años que no vas al ginecólogo porque el nene tiene fútbol. Si los hijos son lo más lindo que nos pasó en la vida no está bueno que los usemos como excusa para demorar nuestros sueños ni nuestras obligaciones.

Las madres tenemos derechos, solo que estamos tan ocupadas que lo olvidamos. No está bueno para nosotras ni para nadie. Proponemos un modo amable de recordar que no solo tenemos derechos, sino que está bueno que aprendamos a disfrutarlos.


Podés encontrar a Beta Suárez en MujerMadreArgentina.com, en Instagram y en Twitter.


NOTA PUBLICADA EN CLARÍN ENTREMUJERES EL 17/04/2018.

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