No existe el día indicado

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No hace falta un día especial para estrenar zapatos.
Ni que sea feriado para comer más tarde.
O que vengan visitas para usar las copas.
No hay que esperar a los aniversarios para morder los labios.
Es de miserable felicitar solo cuando se sacan 10.

No es necesario esperar a que nos lastimen para irnos.
Ni aguardar una señal divina para perdonar.
O que nos donen sangre para agradecer.
Ni tener los bolsillos llenos para advertirnos ricos.

No es condición tener ropa cómoda ni la cena lista para tirarse a jugar con los hijos.
No es la cantidad de likes lo que te define el gusto o la convicción.
No es menester vencer el miedo para avanzar.

Tampoco hace falta que nos den permiso para patear el tablero. O los planes.
Para tomar una copa.
Para volver a empezar.
Para festejar que transitamos.

Abrí esa botella. Hacé esa llamada. Pegá ese portazo. Apurá ese abrazo. Escupí esa puteada. Volá un cacho más alto, hacete el favor.

Es que no vale dejarle al azar, al calendario o al otro, la tarea íntima, valiente y poderosa de comenzar las revoluciones que se nos cante y de ser los dueños aguerridos de nuestros dolores y de nuestras alegrías.
De nuestra vida.
Y de nuestros zapatos.

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