No te enamores

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El amor es una molestia y hará que hasta los detalles más cotidianos tomen otra dimensión. Están advertidos.

Me levanto diez minutos antes para que descanse un ratito más. Intento entender esa película que no me interesa ni un poquito para acompañarlo. Le combino la ropa para que no salga a la calle hecho un corso a contramano. Ensayo la receta de un plato que le gusta para, 15 años después, todavía sorprenderlo. Defiendo nuestros espacios solos, nuestra cama, nuestro café a la noche y nuestras salidas “de novios”, aunque haga falta una organización propia de una empresa multinacional para que ocurran. Una copa de vino juntos, complementar las tristezas, compartir la alegría, turnarnos con el peine fino de las nenas. No se enamoren, enamorarse da mucho trabajo.

El amor también incluye dejarse querer y dejarse querer supone ciertas contingencias. Lo extraño cuando no está, me duelen hasta los huesos cuando la pasa mal, me obliga a ser mejor porque se lo merece, lo prefiero feliz y libre que atado a mis inseguridades. Acuerdo y negociamos, sufrimos y nos encontramos. Puede que un día me deje de querer o que yo no lo quiera más y en ambos casos sería devastador. No se enamoren les digo, enamorarse es un riesgo.

Amar a otro hace que perdamos el hilo de la conversación, que seamos cursis (tanto como para escribir este post), que nos despistemos en una mirada, que recordemos fecha y planeemos un regalo por todo un año, esperando que llegue el día. Nos encuentra guardando recuerdos, cartas y envoltorios. El amor, amigos, es una molestia inconveniente.

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