Odio la escuela (Pero no se lo digan a mis hijas)

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cuadenorsokLo disimulo todo el año, pero cuando llega diciembre lo dejo filtrarse: odio la escuela y como no se los puedo decir a mis hijas, lo comparto con ustedes.

Cuando se comienzan a mezclar el cansancio de diciembre con los preparativos de Navidad, los eventos de fin de año y la planificación de las vacaciones, reafirmo algo que sé desde pequeña: odio la escuela.

No detesto todo acerca de la escuela y no lo detesto todo el tiempo. Pero ahora mismo, sí. No quiero hacer más manualidades ni forrar cuadernos. No quiero ir a más reuniones de padres ni sufrir con las evaluaciones de La Mayor o intentar recordar de qué color es el traje para el acto de La Menor. Aborrezco las entregas de boletines y los libros de lectura. No quiero llenar más permisos ni estar pendiente de cuánto uniforme limpio y planchado tenemos para atravesar la semana. Me resisto a hacer almuerzos para la vianda a las 6.30 de la mañana y me niego a seguir atendiendo los grupos de WhatsApp de los respectivos cursos. Empiezo a dudar sobre la importancia de escolarizar a los hijos y esa duda se acrecienta cada vez que “tenemos” tarea. Las rueditas de la mochila se traban y eso es, para mí, una clara señal que apoya mi sentir.

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