Otro modo de celebrar la vida

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Versión completa de la columna publicada por el Diario Clarín sobre Baby Showers.

¿Pero en dónde está la bebé? No tía, la bebé no nació todavía. La tía Olga mira confundida los globos en forma de chupete, los cupcakes decorados y hasta la vajilla personalizada para la ocasión, como de revista. Será posible, con lo que le costó terminar los escarpines a tiempo para ese día…

La apropiación autóctona de los baby showers no sólo desconcierta a las familiares más longevas. Este universo casi exclusivamente femenino aún está lleno de dudas: ¿Además de llevar regalo ese día también tengo que llevar cuando nazca? ¿El padre tiene que participar? ¿De verdad me tengo que poner un babero? Es como con las redes sociales: Aún hay generaciones que no son nativas.

Mientras, las embarazadas se debaten entre hacer el evento, porque después de todo será la última vez que tendrán tiempo para ponerle una cinta pintada a mano a cada vaso o no hacerlo y seguir empollando en paz. Después de todo el chico ni se entera. Por otro lado, gracias a Dios que no nació aún, porque si ve a la tía Olga a lo gritos diciendo que le da impresión ir al baño con el papel higiénico decorado con el nombre del bebé, tal vez pide que junto con la partida de nacimiento le den la emancipación temprana.

En los baby showers se hacen carreras para cambiar muñecos y el juego del paquete con un pañal, se contratan shows y se encargan golosinas con iniciales, pero lo que de verdad se está haciendo es aprovechar otro modo de festejar la vida. Y eso nunca, nunca, está mal.

Sin ir más lejos, en el último al que asistí se propuso un fondo blanco con mamaderas llenas de cerveza. No todo está perdido amigos… Pero, si me disculpan, el babero mejor no me lo pongo.

Nota completa, aquí (Hacé click)

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