PARA MI HIJA QUE SE VA DE VIAJE DE EGRESADOS (Y por qué le deseo que NO sea muy memorable)

0

Después de dos años de pagarlo y conversarlo, llegó el día. La previa incluyó tantas cosas que, habiendo pesado la valija mil veces, pareciera que nos vamos todos de viaje. Algo de eso hay, las familias que se aman se llevan puestas. Con los años vas a valorar eso hasta al infinito y más allá, te lo juro. Hay pocas cosas más importantes en la vida que tener un hogar al que te guste volver.

Quería, para variar, dejarte en palabras un par de cosas, así las ordeno y se te quedan. Y empiezo, siempre haciendo amigos, con la idea políticamente incorrecta de desearte de corazón que la pases muy bien y que esto no sea, ni de cerca, lo mejor que te pase en la vida. Y te voy a explicar por qué.

Las expectativas son un tema, hay tanto puesto acá, en estos siete días de pseudo descontrol, que es complejo que no te decepciones aunque sea un poquito. Es que, aún sin tomar alcohol, este tipo de hitos te dejan algo de resaca. Ojalá hayas proyectado lo que de verdad importa: Disfrutar con tus amigos y empezar a ver todo lo que hay afuera de la caja.

Las expectativas, además, vienen en combo con otra joyita: La intensidad. A los 17 los amores (y los desamores) son para siempre, las amigas lo más importante del universo, cada fiesta a la que no vas la única que valía la pena y los enojos son, todos, una tragedia griega. Quiero contarte que hay segundas veces que son mejores que las primeras, que uno se puede desilusionar hasta de gente a la creía conocer mucho y que, si algo de eso te pasa y ojalá que no, nada debería impedirte seguir con el corazón abierto y la mirada llena de futuro. Lo primero no depende de vos. Lo segundo sí.

Todo esto, encima, ocurre en un momento inefable: Terminás el secundario y no lo sabés, pero ahora no empieza tu estudio universitario, ahora empieza, de verdad, tu vida. Con un pie afuera del uniforme y el orden que te dan los horarios fijo y hacer lo que “tenés que hacer” porque lo decimos nosotros, no sabés bien si este viaje es la despedida de eso o el comienzo de lo otro. Lo que sí parece es que quieren meter en estos últimos meses todo lo que tienen pendiente desde 1er. año. Será que la mirada adulta, al menos la tuya y te admiramos por eso, te permite tener más caridad incluso con los que no la tuvieron con vos y más alegría y bondad para los que te quieren. Qué maravilla verte crecer.

Sobre la joda, porque hablamos del viaje de egresados y no de un seminario de yoga, nosotros creemos firmemente en las libertades y durante el viaje vas a tener exactamente las mismas que tenés a diario. Pura ventaja o pura desventaja, según como lo mires. Sabemos que a festejar también se aprende. Te sugerimos que no hagas nada que no harías acá, con o sin permiso. Uno se lleva de viaje pero también se trae de vuelta a casa, dicen que es importante viajar liviano, dejame que te sume que es vital no volver con lastre. Anotá, pibita, justo tu papá y yo tenemos bastante más noche que happy hour y te vamos a decir algo que en cualquier momento hacemos remera: Las mejores fiestas son las que se recuerdan.

Y sobre vos, si supieras la confianza que te tenemos te ahorrarías varias discusiones. No hay un solo modo de vivir un viaje de egresados. No hay un listado de cosas para tildar, no creemos en los mandatos ni para la diversión. Ojalá puedas ser vos todo el tiempo. Ojalá que te rías tanto que te duela la cara. Ojalá que cuides tu cuerpo, tu corazón, a tus amigos y, sobre todo, ojala que cuides tus ideas. No te permitas la incomodidad. Me encantaría que puedas disfrutar todo lo que se te cante y alejarte de lo que te duela.No hay motivos para pasarla mal en un viaje de placer. Ojalá seas vos todo el tiempo, decía, porque con vos sobra y basta.

No me vas a creer, pero recuerdo muy poco de mi viaje de egresados, y eso que la pasé genial y juro que estuve consciente. Pero, y no lamento ser yo quién te lo diga, no fue ni de cerca lo mejor que me pasó en la vida, por eso se me fue desdibujando. Es tanto lo que viene después, el mundo es mucho más grande que el patio de tu colegio, son tantos los sueños que vas a pelear y tan poderosos los que vas a conseguir, que mil años después sospecho que el único modo de recordar vívidamente el viaje de egresados es que te pase algo “malo” o que todo lo que transites luego sea gris.

No me da nostalgia tu infancia. Estoy fascinada con esto de verte crecer. Amo profundamente a la adulta que adivino y estoy lista para ser más espectadora que guionista (pero por las dudas ahora me voy a ir a jugar un rato con tu hermanita). Pero antes, dejame que te diga que además de desearte que tu viaje no sea tan memorable, te aclare que espero que en estos días el sol te sorprenda bailando, que en esta semana puedas pisar la arena sin preocuparte mucho por el destino, que seas valiente para mirar a la gente con la que caminaste estos años y que estés lista para dejar ir a algunos, para aferrarte más a otros y para decirle gracias a todos. Que sepas que las verdaderas normas de convivencia no son las que nos dieron en la empresa que te lleva y que leíamos mil veces, sino las que te prenden fuego el corazón. Que espero que abraces, que te rías, que cantes, que te emociones y que decidas tener este alma joven para siempre.

Y que cuando vuelvas a casa, después de tanto arrebato, hayas descubierto algo que a mi me llevó mucho más tiempo: Hija, no hay un ejercicio de la libertad más profundo que el de no dañar a los que tenemos al lado, no hay rebeldía más fundamental que la de no permitir que nos lastimen ni exceso más poderoso que el de pasarla bien siendo uno mismo.

Listo.
Nos podés llamar a cualquier hora de cualquier día por cualquier cosa.
Tené piedad y mandanos alguna foto.
Confiamos en vos, siempre, incluso cuando no estamos de acuerdo.
Te amo, DI – VER – TI – TE.
(Y por lo que más quieras, ponete protector).

Compartir.

Sobre el Autor

Dejar una Respuesta