PARTIDO 2: Argentina 0 / Croacia 3. Cualquiera es hinchada cuando se grita gol.

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El juego previo es importante, sabemos. Pero lo que nos define es el después de tanto achaque.

En la preliminar fuimos estrategas y nadie nunca armó el equipo mejor que el tío Alberto, el domingo después de los ravioles, en la mesa familiar. No entendemos cómo el tío se dedica a la plomería y no fue convocado en lugar de Sampaoli.

Traficamos figuritas de jugadores que ni sabíamos que existían para un álbum interminable, abominable, y le dimos nuestra dirección a un desconocido que contactamos en un grupo cerrado en una red social porque tenía esa que no encontrábamos. La pasión exige ciertos riesgos, también sabemos.

Armamos picadas y desayunos. Tarareamos la canción insufrible del evento y compramos gorro, bandera, marcadores para la cara, la remera negra, le celeste y blanca… Invertimos en la previa para poder decir que el gol también fue nuestro.

Usamos el “Traeme la co” hasta para pedirle a nuestra pareja que cuando se baje del tren nos compre media docena de huevos. De eso también pusimos, claro que es el living de casa es más fácil que en la cancha.

Después llegó Islandia y nos duró poco la euforia del 1 a 0, pero como somos gente comprometida, nos ofrecimos a hacer lo que haga falta para ganarles, sobre todo si eso incluía a “hacer” con el nro. 19 del rival. Pero bueno, empatar siempre es mejor que perder.

Y llegó Croacia. Ahora sí, dijimos. Estábamos precalentando. Volvimos a sacar el merchandising nacional y la locura esperanzada. Día laboral, oficinas y escritorios, chats y computadoras en clave mundialista.

Gol de Croacia. Qué mal la estamos pasando. Bajón ciclotímico, porque así somos. El tiempo del partido es poco para levantar un ánimo goleado. Por las dudas empezamos a googlear “qué pasa si Argentina pierde / empata contra Croacia”. No es falta de fe, es previsión. Si nos vamos a morir de un paro cardíaco que sea de alegría y no de desazón.

Segundo gol. Una depresiòn. El tercero. Balbucean los relatores, demostrando que igualan la performance de los jugadores para que no se sientan solitos. Me gusta el pensamiento mágico que tenemos los argentinos, esa cosa de que incluso aunque falten 5 minutos y todo indique lo contrario, creemos que podemos tener no solo un empate, sino un triunfo glorioso y épico.

Pero no. Listo. Ahora hay que explicarle a los hijos que la vida no se nos va en un partido ni en un mundial, aunque pareciera que en la calle se nos apagó el sol. Banquen que estoy buscando en spotify una lista que se llame “Para superar la goleada” y termino el post.

Tenemos tiempo hasta el 26 de julio para reponer todo lo que haga falta. Nos esperan días repletos de Directores Técnicos y de jugadas posibles que no fueron. De cálculos confusos de puntos que aún no tenemos y de promesas absurdas y desproporcionadas para ver si clasificamos o tenemos que esperar 4 años más, en el mejor de los casos. De ingenio twittero y memes brillantes. Es que siempre nos salva el humor, sobre todo de nosotros mismos. Igual me quiero mudar a una isla sin fútbol ni conexión. Vuelvo para el encuentro con Nigeria, dale?

Escucho que hoy es una jornada para olvidar. Bien, para no perder la costumbre,  pienso lo contrario, ojalá no nos olvidemos, así aprendemos. No es lo mismo desear que merecer, pero nada nos impide intentarlo. A mi no me va la esperanza necia, pero la prefiero a un pesimismo adelantado. A mi me gusta el juego previo porque debería prepararnos para cualquier resultado sin destruirnos lo fundamental. Cualquiera baila cuando hay fiesta o es hinchada cuando hay que gritar un gol.

Ojalá seamos más que un partido de un mundial, no me rompan el corazón.

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2 comentarios

  1. Me encantó, es cierto…cualquiera es hinchada cuando hay que gritar gol…que odio me da cuando a la primera de cambios salen todos a criticar con ese resentimiento de que “ganan fortunas y no juegan a nada”.

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