PRINCESAS EN ZAPATILLAS

0

Las princesas y las hijas de hoy son las arriesgadas, porque exploran y se atreven a ir más allá para cumplir sus sueños.

Nadie en su sano juicio quiere hijas con la vida detenida hasta que llegue un príncipe a salvarlas. Al menos yo me esfuerzo por criar hijas que se liberen de sus propios encierros, escalen sus propias torres y elijan a quién besar cuando están despiertas.

Ya hemos reivindicado aquí mismo a las princesas despeinadas. Mérida con los rulos al viento, desafiando con cada flecha a sus padres y a ella misma, nos cae bastante simpática. Aunque ahora mismo seamos esos padres que están del otro lado del arco.

El problema es la definición que los padres tenemos de las princesas. Cuestión generacional, mal que nos pese. Porque nuestras hijas andan vestidas de Bella subidas a la bici, a toda velocidad, y combinan vestidos con zapatillas y les queda fantástico. A nosotras, más grandes, reinas madres en un mundo más duro para las mujeres, nos han dicho que teníamos que ser bellas, y luego, que si éramos bellas, seguro éramos tontas. Nuestras hijas, espero crecerán diferente.

En nuestra casa tenemos princesas en los vasos y en las sábanas. En las películas y las cartucheras. Pero conviven con superhéroes y monstruos mitológicos. Con la certeza de que ellas son princesas que no necesitan servidumbre. Las princesas encarnan valores particulares, propios y diferentes y las une la idea de que “la belleza nace de ser uno mismo” y entonces, esa belleza será siempre diferente. Me atrae la idea de que entiendan que ser bueno te hace bello y nunca al revés.

Pueden terminar de leer este texto acá (Hacer click). 

Compartir.

Sobre el Autor

Dejar una Respuesta