Qué ven cuando me ven?

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No preciso tener los ojos abiertos para ver a mis hijas.
Entre sueños, en la oscuridad, cuando no están frente a mi, las veo.
Les conozco, con exageración, los detalles y los recovecos. Las partes brillantes y las oscuridades que pujan.
Evoco las pecas, las comisuras y los gestos. Las construyo exactas, aún con los ojos cerrados.
Me encanta verlas cuando no notan que las miro. Me enorgullezco por lo que son y por lo que intentan, registro torpezas para trabajar (las mías sobre todo). Me río, me río mucho pero sin ruido, para seguir viéndolas sin que sepan.
Las veo como cuando eran bebés pero también las veo como lo que serán. Adivino. Bien aventuro.
Las veo como un acto de fé.
Las veo como la promesa de un mundo mejor.
Las veo con ojos de madre, con esa mirada limpia que no sabía que tenían mis ojos.

¿Qué verán ellas cuando me ven?
Corriendo como loca por cosas que solo son cosas.
Enojada porque no me cierra el jean.
Cansada.
Quejándome hasta de las quejas.
Sin tiempo.
Dándole más importancia a la medias tiradas que al dibujo en la heladera.
A la cena, que al cuento de las buenas noches.

Ay, qué angustia si me ven rendida. Que no me rinda, para que no me vean.
Los hijos nos quieren ver. Los hijos nos ven hasta cuando no sabemos que nos miran.
Como nos ven, es lo que somos.

Entonces, espero que me vean también cuando grito el pase de Hockey sin que me importe ni un poquito si hacen gol.
Y cuando hablo de ellas y se me llena la boca de sol.
O cuando escribo y mis manos vuelan y el teclado hace música.
Cuando suspendo todo porque tienen fiebre y cuando me voy de copas porque puedo.
También cuando acaricio a mi amor, cuando soy hija de mis padres, amiga de mis amigos, y tantos rubros que las incluyen, porque van conmigo, pero que no las necesitan.
Que me miren cuando me maquillo concentrada o cuando les pido que esperen un minuto, que quiero terminar el capítulo del libro que leo tirada en un sillón, disfrutando de mi sola compañía.

Espero que me vean feliz, incluso por cosas que ni entienden, triste por tristezas de verdad, linda cuando así me siento, esforzada siempre que la causa lo merezca. Buena, porque lo sigo intentando. Libre, porque las elijo. Presente.

Deseo con toda mi alma que me vean como soy, para que ellas puedan ser también felices e imperfectas, personas siempre en viva construcción.

Pero sobre todo deseo que algún día me vean mirándolas.
En esa visión está mi mejor versión.

Madres con voluntad de ser felices para que los días, y los hijos, también lo sean.
A la que me parió, a las que me rodean y a la que soy.

Texto escrito para la campaña #MamáTeQueremosVer 2017 de VER. 

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