Quedarse sin batería en el celular: La pesadilla de la madre moderna

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No importa que tomemos todas las precauciones, de vez en cuando nos pasa: cuando se descarga el celular, todo cambia.

¿Lo toco o no lo toco? ¿Enciendo la pantalla o no? Si no la enciendo, tal vez ya se apagó del todo y no lo sé. Lo toco. Mi angustia se mide de modo inversamente proporcional a las líneas de carga de mi teléfono. Queda solo una, así que mi malestar es inmenso. Estoy en tránsito, en la mitad de un camino, lejos de mi casa, de mi oficina y de mi auto, los oasis salvadores que me permiten recargar la batería de mi celular. Olvidé los cargadores de viaje y sigo sin entender cómo habiendo llegado el hombre a la luna aún hoy nadie inventó una batería que dure, como mínimo, un año.

Necesito un teléfono que se cargue a pilas. O que se mantenga con energía solar. O que los gobiernos piensen en el desconsuelo de las madres y coloquen un cargador en cada esquina.

Si se me agota la batería del celular, me desconecto y quedo sin saber qué desayunó una amiga, a dónde viajó otra o qué zapatos se puso la tercera. También me pierdo la noticia al instante, ese texto reflexivo, el dato de quién cumple años, otro video viral de un gatito tocando el piano y la posibilidad de terminar ese informe para el trabajo en el tren de regreso a casa. Pero en lo que más me hiere es en el ejercicio de mi maternidad. Siento que si desaparece la última línea de la batería, desaparezco yo también y dejo solas a mis hijas. Si estoy con ellas, quedarme sin batería es solo una circunstancia irrelevante que se soluciona fácilmente (sobre todo si tengo ubicado el cargador).

El celular nos da a las madres una sensación de presencia constante. Es irreal, pero a quién le importa. Algunas mujeres hacemos muchas cosas al día y estar comunicadas nos permite organizarnos y también combinar todas nuestras facetas con la maternidad. Tenemos a los chicos a la distancia de un chat y ellos nos tienen a nosotras a mano, como una batiseñal que hace que las mamás dejemos cualquier cosa para salir heroicas al encuentro del nene que, por ejemplo, olvidó el mapa geopolítico de Europa para la clase de Geografía. Pero sin batería no somos nada. No estamos.

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