Regalos que no son regalos

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Tanto libro escrito sobre maternidad, tanta publicidad grandilocuente y tanta canción dando vuelta… Beta Suárez, escritora y autora del blog Mujer, Madre y Argentina, dice que nadie puede criticar que las madres pretendamos que los regalos que recibimos en nuestro día estén a la altura de la circunstancia.

Amanece temprano y antes de que te puedas levantar a lavarte los dientes como para que el aliento no arruine lo romántico de la situación, llegan los nenes, el padre y el perro de la familia, con el desayuno, los paquetes, los moños y las caras de felicidad. Oficialmente es el Día de la Madre.

Es todo risas (porque la verdad sea dicha) hasta que llega el momento de abrir “el regalo”. Mejor lo escribimos como suena “EL REGALO”. Vos venís demorando la cosa, tenés que digerir todo lo que tuviste que comer porque los nenes “lo prepararon con sus propias manos” y después porque, seamos sinceras, le temés a la decepción.

Hay regalos que no son regalos.

Los regalos que son para todos, no son para nosotras. Así de clarito.

Los regalos que nos hacen trabajar. Sacando que sea algo que de verdad queramos (y que hayamos dejado pegado en la heladera, por si alguno pasaba por ahí y lo veía de casualidad), mejor esos regalos “inútiles” que no nos compramos porque, bueno, hay que pagar la cuota del colegio.

Los regalos que eligió la vendedora que no nos conoce y que, además, está más interesada en su comisión que en nuestra felicidad.

Los regalos sin amor. El envoltorio. Que no sea lo mismo que el año pasado. Que la tarjeta tenga más que una firma. Que no sea de ese color que jamás usamos. Todo eso habla de muchas otras cosas, además del regalo. Un regalo sin amor no solo no es un regalo, es una ofensa triste.

Sin embargo, no hay presentes prohibidos, desde la licuadora, pasando por una joya y hasta un taladro eléctrico, cada madre se construye como única y al final, sólo necesita saber que la pensaron como la destinataria de aquello que, de algún modo (anoten), la define. Ojo entonces, si compraron el libro “Cómo dejar de gritar” tal vez están a tiempo de devolverlo. O de quemarlo.

Pero volvamos a tu cama. Tu marido te mira casi con miedo. Los nenes contienen la respiración. Abrís la bolsa, te fijás que esté el ticket de cambio y ya casi no importa el contenido. Mejor detenernos en el lapicero hecho con una lata de arvejas y en las 200 tarjetas que te hicieron, a puro color, en todas las actividades a las que van.

El día de la madre es raro, además de feliz. Hay hijos sin madres y madres sin hijos. La maternidad no siempre es presencia y a veces, es añoranza. No todos somos madres, pero todos somos hijos. Vale entonces festejar a cualquier madre que tengamos cerca, y que lo valga.

Y vos que pensabas que ya habías dejado atrás el colecho, te ves rodeada de tostadas, papeles de regalo y gente, y te despedís de la colcha impoluta que venía invicta de manchas y te sentís tan agradecida. Casi bendecida.

Es que aunque la colcha te gustaba bastante más que el regalo, las cosas son cosas, y el resto es la vida. Nadie nos quita aquello que festejamos.

PD: Feliz día a la madre que nos parió, a las que nos rodean y a la que somos.

Por Beta Suárez, escritora y autora de Mujer, Madre y Argentina. En Instagram, @mujer.madre.y.argentina.

Columna publicada en Clarin – Entremujeres – Octubre 2017.

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