Todo lo que hacen mis hijas cuando no hacen nada

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Las vacaciones son un buena oportunidad para explorar aquellas actividades que no hacemos habitualmente y que se nos ocurren únicamente cuando no tenemos “nada para hacer”.

El calendario del año escolar parece un tetris complejo que incluye colores que no conocíamos, horas partidas de modos rarísimos y que por poco no nos indica el horario en el que podemos y/o tenemos que ir al baño. Los fines de semana, de deportes, cumpleaños, eventos familiares y paseos no escapan a ese orden ajustado.

Esa estructura, que por suerte la tecnología nos permite compartir y tener siempre actualizada, nos ayuda a todos los integrantes de la familia a combinar lo que tenemos ganas de hacer con lo que debemos hacer y a salir airosos de semejante empresa.

Este año, cuando comenzaron las vacaciones, con un cansancio inusitado y un diciembre a las corridas, La Mayor se declaró en huelga y dijo que quería “descansar” y no ir a la colonia de vacaciones. La Menor dijo que ella sí, como para decir algo, porque como aún no tiene voto, abusa de la voz. No encontré mucho argumento para rebatir los motivos de La Mayor: No me llevé ninguna materia, ahora me puedo quedar a la mañana sola en casa, quiero descansar.

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