Una semana ideal para buscar la cerradura

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Me miró fijo y me dijo: Dame las llaves. Esa fue una de las primeras frases complejas que armó mi hija menor. La de dos años y medio. Hace un rato. Una construcción compleja. Nada de quedo laz ezas llavez ni nada de llavez mi. Corrección y abstracción.
Y como hace tres noches que la tipa se acuesta SOLA en su cama, cierra la puerta y se duerme SOLA, yo casi se las doy.
Pensaba después, drogada por Qurá Plus y tes feos y dulces para ver si sobrevivo a la gripe, que este tipo de situaciones te reubican en el tiempo y en el espacio. Un gnomo con flequillo de periquita que te mira desafiante y te exige las llaves te puede disparar cuestiones densas. Oscuras. Todas relacionadas con el paso del tiempo o con qué carajo estás haciendo mientras el tiempo se (te) pasa.
Puntualmente no veo que falte mucho para que la escena se repita con ella usando corpiño. Que espanto.
No me asusta el paso del tiempo, me aterroriza no darme cuenta. Y que se pasen los años trabajando todo el año para llegar a las vacaciones para luego empezar el año para volver a las vacaciones.
Y en el medio las corridas y los madrugones, mirás a la nena que hace un rato jugaba con las barbies y ahora se embelesa con la ropa de 47 street y pensás qué va a ser dentro de unos años, si cheta, emo, dark, medio boluda, todo junto, etc. Y que miedo perderte el mientras tanto. Oscilo entre estar obsesivamente atenta (pobres hijas) o dejarlo fluir (pobres hijas). Y el equilibrio. En cuanto lo encuentre les aviso.
Decía que no me asusta el paso del tiempo. Me asustan otras cosas, ya les he comentado sobre el terror que me producen los dentistas y la gente con las uñas de las patas largas. Tengo una amiga que le tiene miedo a los tiburones (No, no vive cerca de ningún océano, vive acá nomás, en Saavedra) y a los aspersores de las alarmas de incendio de los edificios. Digo, después de todo no soy la única ridícula. Y yo la quiero, sobre todo por el miedo a los aspersoes de los edificios.
No me asusta algo con lo que convivo. No me preocupa la decadencia de las carnes (y no me refiero a los precios actuales sino a la imagen más profunda). Una de las primeras señales de que estaba creciendo fue cuando me di cuenta de que lejos de molestarme que mi viejo me fuera a buscar a la salida del boliche más bien me parecía genial. Claro que ahí el tipo ya dormía a pata suelta.
Y mientras volás del colegio a ver a un cliente, del cliente a depilarte, de depilarte al banco y del banco a la oficina para apoyar el traste y salir corriendo otra vez al colegio, después a danza, después a llegar a horario a casa para recibir el pedido del súper, mientras bañas a las nenas y una te pide la llave, ahí, en el medio de todo eso, desde la otra punta del árbol genealógico tus padres también te dan claras señales del avance del reloj. Porque cuando de repente sos vos la que los llevás y los traés, te cuentan lo mismo 80 veces, fumás y puteás y no te dicen nada, comen a escondidas tuyas y te recriminan cuando pasan 24 horas sin que los llames para ver como están, ahí hay algo que cambió. No digo que sea malo eh, pero cambió.
Y por si fuera poco tu propio espejo te devuelve ciertas imágenes perturbadoras. Tengo un amigo que toma la misma pastilla para el colesterol que su madre. Me tengo a mi misma repitiendo frases de mis progenitores que si mal no recuerdo he odiado profundamente. Y me veo dejando salir las fobias que antes reprimía, por ejemplo, descubrí y confieso que no puedo dejar los sobrecitos de azúcar que quedan en la mesa del café. Me los tengo que llevar. Ahora, un dato de color, yo tomo todo amargo. El día que prefiera un par de zapatos cómodos a uno lindos me suicido. Hasta los sobrecitos de azúcar de mi taza de café me permito, más no se.
Cuando empieza el otoño, que viene siendo mi estación favorita, es cuando finalmente logro bajar los decibeles del año escolar – laboral que comenzó. Y entonces ahí mismo llega el domingo de Ramos que me gusta, siempre me pareció una historia desafiante y tierna. Y en la Pascua me atraviesa esa sensación de que todo aún es posible. Aunque la menor me intimide con el pedido de las llaves. Las hojas secas en el piso, el fresquito con sol y los olores de esta época sacan lo mejor de mí. Cuando termina febrero empiezo a necesitar con urgencia un otoño y este año no fue le excepción.
La Pascua, en otoño, es mi celebración favorita. Me gusta mucho más que la Navidad. Es que todos, sufridos y cargando cruces en algún momento, hemos necesitado resucitar, volver a vivir. Y el que no o es porque es un boludo y no se dio cuenta de que estaba vivo o porque nunca se permitió morir por nada. Un desperdicio en ambos casos.
Y mientras corremos para concentrar en estos tres días la semana laboral y vemos en qué supermercado y con qué tarjeta hay descuento para los huevos de chocolate y en dónde carajo queda pescado me permito pensar que a veces es necesario soltar lo que necesita morir y concentrarse en la esperanza de que resucite. Es cuestión de Fe.
El tiempo pasa pero no corre. Es un alivio detenerse y descubrir eso.
Hacía bastante que no pasaba la pluma por acà y quería dejarles un deseo de buena semana para esta semana, que es corta, pero que sobre todo es Santa.
Por suerte cada uno tiene su Pascua. Y sus llaves.Me miró fijo y me dijo: Dame las llaves. Esa fue una de las primeras frases  que armó mi hija menor. La de dos años y medio. Hace un rato. Una construcción compleja.
Nada de quedo laz ezas llavez ni nada de llavez mi. Corrección y abstracción. Y como hace tres noches que la tipa se acuesta SOLA en su cama, cierra la puerta y se duerme SOLA, yo casi se las doy.
Pensaba después, drogada como estoy por el Qurá Plus y por los tés feos y dulces para ver si sobrevivo a la gripe, que este tipo de situaciones te reubican en el tiempo y en el espacio. Un gnomo con flequillo de periquita que te mira desafiante y te exige las llaves te puede disparar cuestiones densas. Oscuras. Todas relacionadas con el paso del tiempo o con qué carajo estás haciendo mientras el tiempo se (te) pasa.
Puntualmente no veo que falte mucho para que la escena se repita con ella usando corpiño. Que espanto.
No me asusta el paso del tiempo en si mismo, me aterroriza no darme cuenta. Y que se pasen los años trabajando todo el año para llegar a las vacaciones para luego empezar el año para volver a las vacaciones. No soy esa, pero a veces creo que si me descuido…
Y en el medio las corridas y los madrugones, mirás a la nena que hace un rato jugaba con las barbies y ahora se embelesa con la ropa de 47 street y pensás qué va a ser dentro de unos años, si cheta, emo, dark, medio boluda, todo junto, etc. Y qué miedo perderte el mientras tanto. Oscilo entre estar obsesivamente atenta (pobres hijas) o dejarlo fluir por completo (pobres hijas). Y el equilibrio. En cuanto lo encuentre les aviso.
Decía que no me asusta el paso del tiempo. Me asustan otras cosas, ya les he comentado sobre el terror que me producen los dentistas y la gente con las uñas de las patas largas. Tengo una amiga que le tiene miedo a los tiburones (No, no vive cerca de ningún océano, vive acá nomás, en Saavedra) y a los aspersores de las alarmas de incendio de los edificios. Digo, después de todo no soy la única ridícula. Y yo la quiero, sobre todo por el miedo a los aspersoes de los edificios.
No me asusta algo con lo que convivo. No me preocupa la decadencia de las carnes (y no me refiero a los precios actuales sino a la imagen más profunda). Una de las primeras señales de que estaba creciendo fue cuando me di cuenta de que lejos de molestarme que mi viejo me fuera a buscar a la salida del boliche más bien me parecía genial. Claro que ahí el tipo ya dormía a pata suelta.
Y mientras volás del colegio a ver a un cliente, del cliente a depilarte, de depilarte al banco y del banco a la oficina para apoyar el traste y salir corriendo otra vez al colegio, después a danza, después a llegar a horario a casa para recibir el pedido del súper, mientras bañas a las nenas y una te pide la llave, ahí, en el medio de todo eso, desde la otra punta del árbol genealógico tus padres también te dan claras señales del avance del reloj. Porque cuando de repente sos vos la que los llevás y los traés, te cuentan lo mismo 80 veces, fumás y puteás y no te dicen nada, comen a escondidas tuyas y te recriminan cuando pasan 24 horas sin que los llames para ver como están, ahí hay algo que cambió. No digo que sea malo eh, pero cambió.
Y por si fuera poco tu propio espejo te devuelve ciertas imágenes perturbadoras. Tengo un amigo que toma la misma pastilla para el colesterol que su madre. Me tengo a mi misma repitiendo frases de mis progenitores que si mal no recuerdo he odiado profundamente. Y me veo dejando salir las fobias que antes reprimía, por ejemplo, descubrí y confieso que no puedo dejar los sobrecitos de azúcar que quedan en la mesa del café. Me los tengo que llevar. Ahora, un dato de color, yo tomo todo amargo. El día que prefiera un par de zapatos cómodos a uno lindos me suicido. Hasta los sobrecitos de azúcar de mi taza de café me permito, más no se.
Cuando empieza el otoño, que viene siendo mi estación favorita, es cuando finalmente logro bajar los decibeles del año escolar – laboral que comenzó sin darme tiempo para reponerme de mis vacaciones. Y entonces ahí mismo llega el domingo de Ramos que me gusta, siempre me pareció una historia desafiante y tierna. Es como un quiebre. Y en la Pascua me atraviesa esa sensación de que todo aún es posible. Aunque la menor me intimide con el pedido de las llaves. Las hojas secas en el piso, el fresquito con sol y los olores de esta época sacan lo mejor de mí. Cuando termina febrero empiezo a necesitar con urgencia un otoño y este año no fue le excepción.
Hay cosas sin embargo que no cambian. Desde chica que me gustan lo huevos de chocolate blanco y odio el sabor de los adornos de azúcar que usan para decorarlos. Las roscas no me parecen gran cosa y el huevo duro en el medio siempre me pareció una payasada.
La Pascua, en otoño, es mi celebración favorita. Me gusta mucho más que la Navidad. Es que todos, sufridos y cargando cruces en algún momento, hemos necesitado resucitar, volver a vivir. Y el que no o es porque es un boludo y no se dio cuenta de que estaba vivo o porque nunca se permitió morir por nada. Un desperdicio en ambos casos.
Y mientras corremos para concentrar en estos tres días la semana laboral y vemos en qué supermercado y con qué tarjeta hay descuento para los huevos de chocolate y en dónde carajo queda pescado me permito pensar que a veces es necesario soltar lo que necesita morir y concentrarse en la esperanza de que resucite. Es cuestión de Fe.
El tiempo pasa pero no corre. El que a veces corre es uno. Es un alivio detenerse y descubrir eso. (Estoy de sagaz… perdón, es el exceso de paracetamol)
Buenos deseos para  esta semana, que es corta, pero que sobre todo es Santa.
Por suerte cada uno tiene sus Pascuas. Y sus llaves. Es cuestión de juntarlas.

llaves (1)Me miró fijo y me dijo: Dame las llaves. Esa fue una de las primeras frases  que armó mi hija menor. La de dos años y medio. Hace un rato. Una construcción compleja. Nada de quedo laz ezas llavez ni nada de llavez mi. Corrección y abstracción.

Y como hace tres noches que la tipa se acuesta SOLA en su cama, cierra la puerta y se duerme SOLA, yo casi se las doy.

Pensaba después, drogada como estoy por el Qurá Plus y por los tés feos y dulces para ver si sobrevivo a la gripe, que este tipo de situaciones te reubican en el tiempo y en el espacio. Un gnomo con flequillo de periquita que te mira desafiante y te exige las llaves te puede disparar cuestiones densas. Oscuras. Todas relacionadas con el paso del tiempo o con qué carajo estás haciendo mientras el tiempo se (te) pasa.

Puntualmente no veo que falte mucho para que la escena se repita con ella usando corpiño. Que espanto.

No me asusta el paso del tiempo en si mismo, me aterroriza no darme cuenta. Y que se pasen los años trabajando todo el año para llegar a las vacaciones para luego empezar el año para volver a las vacaciones. No soy esa, pero a veces creo que si me descuido…

Y en el medio de las corridas y los madrugones, mirás a la nena que hace un rato jugaba con las barbies y ahora se embelesa con la ropa de 47 street y pensás qué va a ser dentro de unos años, si cheta, emo, dark, medio boluda, todo junto, etc. Y qué miedo perderte el mientras tanto. Oscilo entre estar obsesivamente atenta (pobres hijas) o dejarlo fluir por completo (pobres hijas). Y el equilibrio. En cuanto lo encuentre les aviso.

Decía que no me asusta el paso del tiempo. Me asustan otras cosas, ya les he comentado sobre el terror que me producen los dentistas y la gente con las uñas de las patas largas. Tengo una amiga que le tiene miedo a los tiburones (No, no vive cerca de ningún océano, vive acá nomás, en Saavedra) y a los aspersores de las alarmas de incendio de los edificios. Digo, después de todo no soy la única ridícula. Y yo la quiero, sobre todo por el miedo a los aspersoes de los edificios.

No me asusta algo con lo que convivo. No me preocupa la decadencia de las carnes (y no me refiero a los precios actuales sino a la imagen más profunda). Una de las primeras señales de que estaba creciendo fue cuando me di cuenta de que lejos de molestarme que mi viejo me fuera a buscar a la salida del boliche más bien me parecía genial. Claro que ahí el tipo ya dormía a pata suelta.

Y mientras volás del colegio a ver a un cliente, del cliente a depilarte, de depilarte al banco y del banco a la oficina para apoyar el traste y salir corriendo otra vez al colegio, después a danza, después a llegar a horario a casa para recibir el pedido del súper, mientras bañas a las nenas y una te pide la llave, ahí, en el medio de todo eso, desde la otra punta del árbol genealógico tus padres también te dan claras señales del avance del reloj. Porque cuando de repente sos vos la que los llevás y los traés, te cuentan lo mismo 80 veces, fumás y puteás y no te dicen nada, comen a escondidas tuyas y te recriminan cuando pasan 24 horas sin que los llames para ver como están, ahí hay algo que cambió. No digo que sea malo eh, pero cambió.

Y por si fuera poco tu propio espejo te devuelve ciertas imágenes perturbadoras. Tengo un amigo que toma la misma pastilla para el colesterol que su madre. Me tengo a mi misma repitiendo frases de mis progenitores que si mal no recuerdo he odiado profundamente. Y me veo dejando salir las fobias que antes reprimía, por ejemplo, descubrí y confieso que no puedo dejar los sobrecitos de azúcar que quedan en la mesa del café. Me los tengo que llevar. Ahora, un dato de color, yo tomo todo amargo. El día que prefiera un par de zapatos cómodos a uno lindos me suicido. Hasta los sobrecitos de azúcar de mi taza de café me permito, más no se.

Cuando empieza el otoño, que viene siendo mi estación favorita, es cuando finalmente logro bajar los decibeles del año escolar – laboral que comenzó sin darme tiempo para reponerme de mis vacaciones. Y entonces ahí mismo llega el domingo de Ramos que me gusta, siempre me pareció una historia desafiante y tierna. Es como un quiebre. Y en la Pascua me atraviesa esa sensación de que todo aún es posible. Aunque la menor me intimide con el pedido de las llaves. Soy un lugar comùn, pero las hojas secas en el piso, el fresquito con sol y los olores de esta época sacan lo mejor de mí. Cuando termina febrero empiezo a necesitar con urgencia un otoño y este año no fue le excepción.

Hay cosas sin embargo que no cambian. Desde chica que me gustan lo huevos de chocolate blanco y odio el sabor de los adornos de azúcar que usan para decorarlos. Las roscas no me parecen gran cosa y el huevo duro en el medio siempre me pareció una payasada.

La Pascua, en otoño, es mi celebración favorita. Me gusta mucho más que la Navidad. Es que todos, sufridos y cargando cruces en algún momento, hemos necesitado resucitar, volver a vivir. Y el que no o es porque es un boludo y no se dio cuenta de que estaba vivo o porque nunca se permitió morir por nada. Un desperdicio en ambos casos.

Y mientras corremos para concentrar en estos tres días la semana laboral y vemos en qué supermercado y con qué tarjeta hay descuento para los huevos de chocolate y en dónde carajo queda pescado me permito pensar que a veces es necesario soltar lo que necesita morir y concentrarse en la esperanza de que resucite. Es cuestión de Fe.

El tiempo pasa pero no corre. El que a veces corre es uno. Es un alivio detenerse y descubrir eso. (Estoy de sagaz… perdón, es el exceso de paracetamol).

Buenos deseos para  esta semana, que es corta, pero que sobre todo es Santa.

Por suerte cada uno tiene sus Pascuas. Y sus llaves. Es cuestión de juntarlas.

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Sobre el Autor

20 comentarios

  1. Amor, lo de las roscas es porque nunca comiste las de la abuela Aida. Tengo que preguntarle a mamá si tiene esa receta.

  2. Gracias! (ya sabes porque, ja)

    Y si, yo también AMO la semana santa, cada celebración, todo.

    Hermoso lo que escribiste, comparto, comparto.

  3. A mi también me escanta La semana santa…me recuerda a las roscas (sin huevo) con frutas abrillantads que hacia mi nona…petrona..y como hablas del tiempo …ese es la parte que más extraño. Besos

  4. nunca había pensado la semana santa como un momento para SOLTAR.
    Justo ahora tengo muuuucho por soltar, entre otras cosas todos los líquidos retenidos que me quedaron por la cesárea…
    BESOS!

  5. Felices Pascuas, Beta. Me acuerdo la vez que la pasamos juntas en Saint Peter. Me reflejo en tus palabras. Excepto que yo ya uso zapatos comodos jajajajaja. Beso!

  6. Hola Soy amiga de cintipin… lo leí y… la verdad es que no tengo hijos todavia pero soy docente. Tengo 27 años y doy clases de música en jardín y en primaria, y ver egresar a mis primeros alumnitos del coro de niños que dirigía es como muy fuerte. Y es verdad que uno corre corre corre y no para jamás, y así es como no se disfrutan las cosas. Se podrá llegar a cambiar eso??? Bueno gracias por este mensaje, un gran saludo y muchas bendiciones de Jesús para todos en estas pascuas de resurrección.

  7. es dificil hacer un comentario cuando la verdad esta expuesta tan claramente, que uno se siente idiota en no haberla visto de esa manera antes….en fin….te dije que soy feliz de haberte reencontrado?? gracias!

  8. Me siento reflejada en tus escritos. Mientras te leo, parece como si escucharas mis pensamientos. y tus dudas fueron las mías, cuando tenía tu edad y tus experiencias, y por mucho que uno quiera cambiar, si te pasas corriendo todo el día, siempre hay cosas de nuestros hijos que se pierde, ojo no por mala intención sino porque las preocupaciones que todas nosotras las mamás que a la vez sos la mujer de la casa y además trabajamos afuera, tenemos. Porque queremos ser previsoras, y la realidad no nos deja. Y creo que eso es lo que nos saca más. No podemos controlar todo…, en el buen sentido. cuanto daríamos porque los chicos no se lastimaran o les pasara algo, pero si bien somos multifacéticas no podemos estar al mismo tiempo en todos lados. Me encantan tus escritos.

  9. Si el exceso de parasetamol y la sobredosis del Quara Plus te sueltan la pluma con esas reflexiones, bienvenidos sean!
    Me gusto lo de soltar lo que necesita morir…
    Excelente! un beso

  10. Y para qué quería las llaves???

    Personalmente, estoy en un momento de poco misticismo y ninguna religiosidad. Si retomo en algún momento, es la lectura de la Pascua más edificante con la que me he topado.

    Soltar lo que necesita morir con la esperanza de que resucite.

    Bellamente pensado, bellamente escrito. Gracias.

  11. Hola
    Mi hermana “preferida” ( en realidad la unica que tengo jajaj ) me pasa tu blog
    y no se si tenes club de fans o no pero yo ya estoy anotada Me encantannnnnn, son divertidos, tiernos, reales, te hacen reir te hacen llorar …
    Este en especial me llego mucho …. el paso de los anios ( ni hablemos mejor..
    un espantoooo el paso de los mios ) pero los de mi mama y los de mi hermana ; que dejo de ser mi bebe hace 28 anios !!! porque pasan ??? sobre todo cuando vivis lejos , es mas duro el cachetazo que te da la vida .
    Despues el dentista … si la raza humana evoluciono desde el hombre de las cavernas porque seguimos con dientes ??? seria tan facil que no los tengamos
    al menos no tendria que tomarme una “pastillita” para ir al silloncito y abrir la boquita ….
    Y despues la resurrecion de uno mismo en estas pascuas y de verdad que tenes razon , este anio ha sido una pascua primaveral ( para este lado del norte ) de resureccion personal …
    Gracias Betina por ser tan especial , tan divertida , tan real y por darme una sonrisa con cada blog . Ya te dije “el libro” tiene que llegar pronto …
    Un beso Silvina

  12. Que maravilla leerte!
    Felices Pascuas!
    Es simpático como todo se conecta y venimos más lejos de lo que creemos.
    Para los judíos la Pascua (Pesaj) es la celebración de la libertad.
    Y durante esa semana, se habla constantemente de esas “llaves” que nos llevan a la libertad.
    Como la de tu piojita.
    🙂

  13. Pingback: El adorno de navidad pascual

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