Yo sí soy Charlie. Y sin peros

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No me gustan los chistes sobre pedofilia. No me atrae tampoco el humor Tinelesco. Defenestro al periodista que no chequea sus fuentes o al que se le ven hilos ajenos. No me gusta el pop sinfónico. No soporto el uso de sandalias con medias.

Creo sin embargo que puedo no reirme, cambiar de canal, no comprar esa revista, poner otro dial y vestir como se me antoja. Si pudiera dejarles un solo consejo a mis hijas, sería el de San Martín (Pero no cuenten conmigo para cruzar ninguna cordillera y menos a caballo): SEAMOS LIBRES, LO DEMÁS NO IMPORTA NADA.

Si además de libertad de expresión, hablamos de periodismo (Escrito, gráfico, satírico, humorístico, da igual) alcanza con revisar la historia, propia y ajena, para puntear cientos y cientos de ejemplos en donde fue la libertad de prensa la que salvó a los pueblos de sus propias desgracias. Y muchas veces fue un periodista, de vocación apasionada, el que llevó adelante causas que le valieron la vida. No podemos alegar nuestra propia ignorancia, es como cuando pasás un semáforo en rojo, decir que no lo viste no te exime de la multa. Busquen. Sepan.

Hoy leo a varios que, luego de aclarar que no están de acuerdo con la violencia, proclaman que no son Charlie. En mi muro al menos, muchos son los que posteaban las tapas de Barcelona del Papa antes de que a todos nos caiga tan pero tan bien. Y están en su derecho, claro, pero para mi la libertad no tiene peros. Y culpar, de algún modo y disfrazado en textos políticamente correctos (nunca tan bien aplicado el término) a los asesinados es como decir que “la violaron porque tenía la pollera corta”. Despojá cualquiera de esas opiniones de las palabras bonitas y te queda algo bastante parecido a “Se lo buscaron”. Me da tanto miedo, que por eso escribo.

No se trata de un tipo en la calle faltándole el respeto a otro, no se trata de un caso de bulling. Si fuera así, estaríamos hablando de otras cosas. Se trata de un periodista opinando, comunicando, diciendo. No le quito responsabilidad al periodista, al contrario, sólo que para hacerse cargo de lo que publica necesita estar vivo.

Los únicos límites posibles a la hora de editorializar deberían ser los de la propia conciencia. Y si no te gusta, o te ofende, no compres, no leas o mandá una carta de lectores.  Al final de todas las discusiones al respecto siempre hay un censor. 

Charlie Hebdo puede ser obsceno, insolente, procaz, ácido, irrespetuoso, escatológico o todo lo que queramos discutir. Nada de eso me parece relevante. No me parece relevante porque eran periodistas a los que mataron por opinar. ¿Entendés? Y si no entendés, sabé que el que no va a poder ver más sus dibujos sos vos.

Soy Charlie Hebdo porque les volaron la cabeza cuando estaban haciendo su trabajo. 
Soy Charlie Hebdo porque creo que defender la libertad de prensa es mucho más importante para los que no son periodistas que para los que lo son.
Soy Charlie Hebdo sin peros y sin necesidad de estar de acuerdo con sus dibujos.

Y para contextualizar la tristeza, me atrevo y cito a Voltaire “Puedo no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”.

Incluso si te vas a poner sandalias con medias.

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4 comentarios

  1. Como te comente, no concuerdo. No necesitamos ser esa persona para defender con nuestra vida su derecho a expresarse. Y eso es justamente de lo que habla el texto “yo no soy Charlie”. Nos consume esa costumbre de endiosar a los muertos. No me gusta Charlie Hebdo, no estoy de acuerdo con Charlie Hebdo, y no necesito ser Charlie para condenar las atrocidades que le hicieron a esas personas, periodistas, padres, hermanos, hijos, y ciudadanos (en el orden que quieran). No son mejores por estar muertos, ni peores. No me identificaba con ellos antes ni lo hago ahora. No me acerco ni un milimetro al terrorismo por no hacerlo, ni me alejo de mi convicción de que la expresión, incluso la de aquellos con los que no me identifico ni me identifiqué en vida, es sagrada en su condición de esencialmente humana.
    Yo no soy charlie hebdo, y creo que de politicamente correcto no tiene mucho. No me gustaron las tapas de barcelona, y tampoco condené su aparición, ni a los que las compartian. No polarizo, no siento la necesidad de reivindicar algo que en realidad nunca me gustó pera que no crean que reivindico algo que me gusta mucho menos (de hecho me aterra).. Yo no soy charlie hebdo y defiendo mi derecho a no serlo, no me lo impondrán los dementes fanáticos que si polarizan, al punto de asesinar.

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