Hacer un bebe (Y luego explicarle cómo fue)

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No hallo motivos razonables y racionales para que, históricamente, de pudor hablar de sexo con los hijos. De hecho, la realidad de los nenes de la esquina que en patas hacen malabares para que alguien les tire una moneda desde adentro de un auto es mucho más compleja que el acto natural, sencillo, ancestral, placentero, democrático y universal de coger.
Y acá están, desnudos. Suspiró mi marido, muy cerca del lugar común, mientras arrojaba el libro “Un bebe llega a la familia” sobre la mesa. Las páginas a las que se refería eran justo el capítulo “hacer un bebe”, el mismo que mi hija mayor había estado leyendo detenidamente durante 23 larguísimos minutos de reloj, tirada en un puf en el living, mientras yo sufría por no meterme y el padre pensaba seriamente en suicidarse.
Arremetí con preguntas circundantes, dispuesta a quemarle la cabeza a la nena. Vos sabes que le podes preguntar a mami todo lo que querés, no??? Si vos tenés alguna duda, cualquiera, en toda tu vida, podes hablar con mamá que siempre, siempre te va a responder. Y una sarta de psicopateadas incongruentes, irrealizables e irreales que me sale con una naturalidad… Pero nada, la nena no preguntó nada.
Tiene 8 años, ya habíamos tenido un antecedente. Una vez subiendo la escalera de entrada a nuestro hogar con las dos mochilas, las dos nenas, la cartera, la notebook, las camperas y la llave me dijo: Mamá, cómo es que tuvimos una hermanita? Y mientras yo abría la puerta y se me enredaban las explicaciones, intentando dejar de lado que la buscamos un año y medio, que nos costó que llegara sobre todo porque el padre se la pasó viajando y físicamente era necesario que estuviera en el mismo país, como para empezar, la tipa, tal vez cansada de esperar que yo cerrara la puerta y le respondiera y apurada porque empezaba Hanna Monatna, se respondió a si misma con un: “Ya se, porque Dios nos la mandó”.
Y como uno de los postulados que me ha funcionado, y no hablo de mi cobardía o de mi comodidad, al menos en este caso, es responder acotando la respuesta exactamente a lo que me preguntan, lo dejé pasar. Le agradecí a Dios su existencia, sobre todo parque creo en ella, y ahora que lo pienso, otra vez, que tanto más difícil es explicarle a Dios, con quien se va a pelear infinidad de veces, de quien va a dudar otras tantas, que la realidad concreta y básica de dos cuerpos compartiendo fluidos para perdurar la especie (Entre otras cosas, estamos de acuerdo) que incluso puedo ejemplificar con los animales.
También me quedé tranquila porque al menos no hizo referencia ni al repollo, ni a París ni a la Cigüeña. Eso me hubiera obligado a introducirla directamente al Kamasutra, sin escalas.
Volvamos. Salimos para la casa de los abuelos y veo que la tipa pone el librito en su mochila. Con la pavura que me generó pensar que escucharía de mis suegros su primer clase de educación sexual, le pregunté directamente: Vos querés preguntarme algo sobre ese librito que tenés en la mochila? Me miró profundo con esos ojos tan limpios que tiene y yo rápidamente traje hacia delante de mi pensamiento todo lo relacionado con el amor, la intimidad, la naturalidad y las cuestiones físicas que generan la erección la eyaculación y todo lo que termina con ción. Y del mismo modo hundí en lo más profundo de mi ser todo lo que tiene que ver con los chiches, las películas porno, las fantasías, las enfermedades, la violencia, la explotación y tantas otras cosas que nada tienen que ver entre si, sólo el hecho de que no son tema para una nena de ocho años. Ya llegará el momento y de todo hablaremos, pero ahora muy concentrada estaba en la pregunta que la nena me iba a hacer y en estar a la altura de las circunstancias.
Mamá, enunció: Lo que yo de verdad no entiendo es qué es un ovulo. Y espero la respuesta. Me hubiera encantando gritar: Pero cómo???? La parte en que el tipo introduce el pene erecto en la vagina de la mujer si la entendés???? No tenés nada que preguntarme carajo??? Y cómo es que lo entendes??? Quién te lo contó??? Bueno, todo eso no se lo dije. Me remití a explicarle lo que si es un óvulo y me subí cabizbaja al auto, camino a la casa de los abuelos, con el bendito libro en la mochila.
En casa no hay temas tabú, entendemos que forma parte del cuidado de base que les podemos dar a nuestras hijas. Y a nuestra pareja.  Queremos que tengan una vida plena y feliz y eso incluye su sexualidad. (Mi marido acotaría, si, si, lo segundo a partir de los 32 años, pero por suerte me tienen a mi como madre).
Tiempo al tiempo. Sobre todo al tiempo que pasa y nos pasa. Es rara esa edad en la que se empiezan a mezclar los juegos con muñecas con las preguntas sobre sexo. Rara, natural y positiva. Y joderse, elegimos ser padres, a hacernos cargo carajo.
Luego pasan los días y espero más preguntas, pero no llegan aún. Ahora en serio, me encuentro profundamente conflictuada buscando explicarle cómo es que en casa hay tres teles y el nene de la esquina sigue haciendo malabares. Será que no me lo puedo explicar yo.
Apenas unos días después, ya relajados, haciendo la cola del super, entre gomitas de pelo, hisopos, y golosinas, la tipa agarra una caja de forros y nos pregunta: Esto que es?? Lívido me mira el padre y apuramos una respuesta muy poco didáctica, incompresible y vacía de sentido del estilo del: Deja eso ahí que estamos apurados es algo de grandes después te explicamos ya te dijimos que no toques todo y además vos ya hiciste la tarea??? Y tu cuarto ya lo ordenaste??
Nada de culpa me da, lo juro. Pero a modo de excusa me escudo en que aunque creo que estoy preparada para explicarle qué es un forro decididamente no estoy preparada para que me responda: Mamá, lo que de verdad no entiendo es que significa texturados.

ovuloNo hallo motivos razonables y racionales para que, históricamente, de pudor hablar de sexo con los hijos. De hecho, la realidad de los nenes de la esquina que en patas hacen malabares para que alguien les tire una moneda desde adentro de un auto es mucho más compleja que el acto natural, sencillo, ancestral, placentero, democrático y universal de coger.

Y acá están, desnudos. Suspiró mi marido, muy cerca del lugar común, mientras arrojaba el libro “Un bebe llega a la familia” sobre la mesa. Las páginas a las que se refería eran justo el capítulo “hacer un bebe”, el mismo que mi hija mayor había estado leyendo detenidamente durante 23 larguísimos minutos de reloj, tirada en un puf en el living, mientras yo sufría por no meterme y el padre pensaba seriamente en suicidarse.

Arremetí con preguntas circundantes, dispuesta a quemarle la cabeza a la nena. Vos sabés que le podes preguntar a mami todo lo que querés, no??? Si vos tenés alguna duda, cualquiera, en toda tu vida, podes hablar con mamá que siempre, siempre te va a responder. Y una sarta de psicopateadas incongruentes, irrealizables e irreales que me salen con una naturalidad… Pero nada, la nena no preguntó nada.

Tiene 8 años, ya habíamos tenido un antecedente. Una vez subiendo la escalera de entrada a nuestro hogar con las dos mochilas, las dos nenas, la cartera, la notebook, las camperas y la llave me dijo: Mamá, cómo es que tuvimos una hermanita? Y mientras yo abría la puerta y se me enredaban las explicaciones, intentando dejar de lado que la buscamos un año y medio, que nos costó que llegara sobre todo porque el padre se la pasó viajando y físicamente era necesario que estuviera en el mismo país, como para empezar, la tipa, tal vez cansada de esperar que yo cerrara la puerta y le respondiera y apurada porque empezaba Hanna Monatna, se respondió a si misma con un: “Ya se, porque Dios nos la mandó”.

Y como uno de los postulados que me ha funcionado, y no hablo de mi cobardía o de mi comodidad, al menos en este caso, es responder acotando la respuesta exactamente a lo que me preguntan, lo dejé pasar. Le agradecí a Dios su existencia, sobre todo parque creo en ella, y ahora que lo pienso, otra vez, que tanto más difícil es explicarle a Dios, con quien se va a pelear infinidad de veces, de quien va a dudar otras tantas, que la realidad concreta y básica de dos cuerpos compartiendo fluidos para perdurar la especie (Entre otras cosas, estamos de acuerdo) que incluso puedo ejemplificar con los animales.

También me quedé tranquila porque al menos no hizo referencia ni al repollo, ni a París ni a la Cigüeña. Eso me hubiera obligado a introducirla directamente en la lectura del  Kamasutra, sin escalas.

Volvamos. Salimos para la casa de los abuelos y veo que la criaturita  pone el librito en su mochila. Con la pavura que me generó pensar que escucharía de mis suegros su primer clase de educación sexual, la increpé directamente: Vos querés preguntarme algo sobre ese librito que tenés en la mochila? Me miró profundo con esos ojos tan limpios que tiene y yo rápidamente traje hacia delante de mi pensamiento todo lo relacionado con el amor, la intimidad, la naturalidad y las cuestiones físicas que generan la erección, la eyaculación y todo lo que termina con ción. Y del mismo modo hundí en lo más profundo de mi ser todo lo que tiene que ver con los chiches, las películas porno, las fantasías, las enfermedades, la violencia, la explotación y tantas otras cosas que nada tienen que ver entre si, sólo el hecho de que no son tema para una nena de ocho años. Ya llegará el momento y de todo hablaremos, pero ahora muy concentrada estaba en la pregunta que la nena me iba a hacer y en estar a la altura de las circunstancias.

Mamá, enunció: Lo que yo de verdad no entiendo es qué es un ovulo. Y espero la respuesta. Me hubiera encantando gritar: Pero cómo???? La parte en que el tipo introduce el pene erecto en la vagina de la mujer si la entendés???? No tenés nada que preguntarme carajo??? Y cómo es que lo entendes??? Quién te lo contó??? Bueno, todo eso no se lo dije. Me remití a explicarle lo que si es un óvulo y me subí cabizbaja al auto, camino a la casa de los abuelos, con el bendito libro en la mochila.

En casa no hay temas tabú, entendemos que forma parte del cuidado de base que les podemos dar a nuestras hijas. Y a nuestra pareja.  Queremos que tengan una vida plena y feliz y eso incluye su sexualidad. (Mi marido acotaría, si, si, lo segundo a partir de los 32 años, pero por suerte me tienen a mi como madre).

Tiempo al tiempo. Sobre todo al tiempo que pasa y nos pasa. Es rara esa edad en la que se empiezan a mezclar los juegos con muñecas con las preguntas sobre sexo. Rara, natural y positiva. Y joderse, elegimos ser padres, a hacernos cargo carajo.

Luego pasan los días y espero más preguntas, pero no llegan aún. Ahora en serio, me encuentro profundamente conflictuada buscando explicarle cómo es que en casa hay tres teles y el nene de la esquina sigue haciendo malabares. Será que no me lo puedo explicar yo, hablando de hacernos cargo.

Apenas unos días después, ya relajados, haciendo la cola del super, entre gomitas de pelo, hisopos, y golosinas, la nena agarra una caja de forros y nos pregunta: Esto que es?? Lívido me mira el padre y apuramos una respuesta muy poco didáctica, incompresible y vacía de sentido del estilo del: Dejá eso ahí que estamos apurados, es algo de grandes después te explicamos ya te dijimos que no toques todo y además vos ya hiciste la tarea??? Y tu cuarto ya lo ordenaste??

Nada de culpa me da, lo juro. Pero a modo de excusa me escudo en que aunque creo que estoy preparada para explicarle qué es un profiláctico decididamente no estoy preparada para que me responda: Mamá, lo que de verdad no entiendo es que significa texturados.

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13 comentarios

  1. Peor sería si te preguntase para qué existen los no texturados…

    Brillante, como siempre, querida. Tan cotidiana, tan cercana, tan cruda. Gracias.

  2. Como disfruto leerte!!! Esta cronica estuvo genial!!!! Tan real, como todo lo que nos regalas!!! Gracias!! te quiero!!!

  3. Beta no pude dejar de imaginarte en el super.. genial me robaste la mayor sonrisa de la mañana… tranqui que vas a explicar todo

  4. Beta querida, gracias por dibujarme sonrisas, siempre, con tus palabras.
    Por otro lado y por experiencia, las criaturitas preguntan y sólo registran de las respuestas lo que necesitan incorporar y procesar. Somos siempre nosotros, los “adultos” (?) los que casi llegamos al punto de hacernos pis encima cuando disparan sus preguntas o inquietudes pero ellos lo hacen tan simple que nunca hay riesgos.
    Besos y abrazos que entibian el corazón!!!

  5. buenísimo el remate… tal cual, la imagino preguntándote algo así…
    Tortu es una genia total!!!

  6. Norberto Lema el

    Beta, te necesito para el remate de mis notas en el diario jajajajaja. Es simplemente genial lo que escribiste. Espectacular. Beso

  7. todos estos momentos llegan cuando somos madres y de verdad nos preocupamos por contestar con la purísima verdad y exactitud para no equivocarnos o no cometer errores que creemos que ellos pagarán a la larga.
    Si no llega nunca la pregunta deberíamos ser nosotros los capaces de afrontarla,por que’?por el solo hecho de que cuando u niño no pregunta es porque en casa no está permitido preguntar,no hay lgar para la pregunta,no se si soy clara.
    Entonces,contestar,indagar sobre a qué se refieren,preguntar qué saben o qué creen ellos es tan pero tan sano!!!!!!!! y nos deja mucho mas relajados,así deberíamos vivir todas estas preguntas que nos hacen nuestros hermosos frutos.
    Una crónica fabulosa…hasta con supenso!.
    Gracias,me encanta leerte!

  8. Excelente!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    Me encantó!!!!
    Felicitaciones!!!!!!!!!!!!!

  9. Beta, pasame el autor y el nombre del libro que ya me toca a mi tambien! Besos, muy bueno

  10. MUYYYYYYYYYYYYYYYYYYYY bueno me rei mucho y me senti totalmente identificada, mi hijo varón de la misma edad, su última pregunta fué ¿ que es la menstruación? chan….
    Besos a todos.

  11. jajajajja me mori, mismo que da cagazo que te diga q lo q no entiende es lo de texturado!que buena onda no tener tabues al pedo, total al final se enteran, mejor q seenteren en casa.
    Ahora cuidado, porque en el cole les cuenta a las amiguitas y las madres te cascan.

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