9 tips para hablar de sexo con tus hijos

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Hablar de sexo no es habilitarlos para que tengan relaciones. Hablar de sexo es darles herramientas, valores y límites para que no corran riesgos ni se sometan a presiones externas.

Hablar de sexo con los hijos supone reconocer que son seres sexuales. Eso, por ejemplo para el padre de mis hijas, puede generar un ataque de pánico (solo para mencionar una de las reacciones posibles).

Sin embargo, nunca entendí por qué era más fácil hablar de pobreza, muerte, guerra y tantas otras cosas tremendas, que de sexo. El sexo esa una parte importante de la vida, tanto que le da incio.  Lo cierto es que, antes o después, nuestros hijos van a crecer. Van a tener las charlas de educación sexual en el colegio. Nuestras hijas se van a indisponer. Se van a sentir, además, curiosos, abrumados y expectantes con los cambios de sus cuerpos, el deseo y la idea de lo prohibido.

En ese momento sería genial que vean que hay un espacio disponible para que podamos despejar dudas, derrumbar mitos y acabar con los fantasmas.

La clave para empezar es dejar de lado los temores y las dudas que nos genera el hecho de que nuestros hijos crezcan y quieran, entre otras cosas, hablar de sexo.

1- Preparar el terreno

Para hablar de sexo con nuestro hijo adolescente lo ideal es que hayamos hablado de sexo con ellos de pequeños. Pasar de la fantasía de la cigüeña a la definición de orgasmo puede que no sea tan fácil. Pero ánimo, mejor tarde que nunca.

2- Escuchar y prestar atención

Responder sólo lo que preguntan aquí es válido únicamente si estamos atentos a aquello que intuimos que no se animan a preguntar.

3- Podemos habilitar a otras personas 

Padrinos, tíos, doctores. Es posible que haya cosas que no quieran preguntarnos a nosotros. También es posible que no les fascine la idea de vernos como especialistas en el tema.

4- Es hora de llamar a las cosas por su nombre 

No demos sermones ni charlemos como amigos, somos sus padres. Al principio tal vez es incómodo, pero podemos empezar, justamente, hablando de los motivos de esa incomodidad.Adecuar la información a la edad de nuestros hijos es muy importante.

5- Perder la vergüenza para hablar de sexo no es lo mismo que tener que contarle a tus hijos a qué edad debutaste y qué tal la pasaste.

Eso depende de cada uno. Respetar nuestra intimidad es un modo de enseñarles a respetar la propia. Nosotros no llegamos al desayuno familiar diciendo “Qué buena noche tuvimos”, no los forcemos a que nos cuenten lo que no nos quieren contar. Están en todo su derecho. Podemos quitar los tabúes y dejar el misterio, en el mejor de los sentidos.

6- Aprovechemos la cantidad de material disponible en la red (Videos, textos, carteles, etc) para que nos sirvan como disparadores o para que nos den ideas sobre cómo plantear algunas cuestiones.

7- Seamos oportunos para sacar el tema.

Si pasamos de la cantidad de sal que tienen los ravioles que estamos comiendo a charlar sobre las poluciones nocturnas puede que la cena nos caiga mal a todos. Y sobre todo puede que nunca más quieran hablar con nosotros.

8- Sexo y porno no son lo mismo, aunque con el acceso que se tiene hoy a material XXX es posible que los chicos lo confundan.

Hablemos claro y no sumemos confusión nosotros. Tal vez nuestros hijos quieren saber sobre los cambios puntuales de su cuerpo y nosotros arrancamos con el kamasutra. Nuestros hijos están expuestos a estímulos muy diferentes a los que teníamos nosotros a esa misma edad. Hacer un esfuerzo por escucharlos profundamente nos ayuda y los va a ayudar a ellos.

9- Sexo es mucho más que relaciones sexuales.

Hablemos del cuerpo, de los cuidados, de la sanidad, del respeto. Hablemos del placer, pero también hablemos de los tiempos y de los riesgos. Con el tiempo y con el hábito hablar de sexo deja de ser embarazoso (perdón, no puede evitar el juego de palabras).

Nosotros, como padres, queremos ser fuentes confiables de información útil, precisa y honesta. Si decimos algo que no hacemos o en lo que no creemos nos vamos a quedar hablando solos. Recuerden que nuestros hijos nos conocen desde que nacieron.

Hablar de sexo no es habilitarlos para tengan relaciones. Hablar de sexo es darles herramientas, valores y límites para que no corran riesgos ni se sometan a presiones externas. Es darles una base para que puedan cuidar su salud y la de los demás. Es animarlos a vivir su sexualidad, en el sentido amplio, de modo pleno y natural. Es darle todo lo que podemos darles para que, cuando llegue el momento, puedan elegir de modo responsable y consciente. Incluso aunque nosotros nos estemos de acuerdo con sus decisiones.

Hablar de sexo es como hablar de otras cosas, hay que escuchar hasta los silencios. Y mantener la puerta siempre abierta para seguir conversando.

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