Carta para la mujer que todas las madres llevamos dentro

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Con cariño y firmeza, van unas palabras dedicadas a esa mujer que somos. Porque llevarla adentro no es igual a tenerla hundida en el olvido.

Querida, antes que nada, disculpame la insolencia, entiendo que estás ocupada. Ser madre es, posiblemente, la tarea más compleja y demandante del universo. Pero soy la voz de la cordura y tengo que hablarte antes de que sea tarde. O antes de que sea triste.

Ser mujer, te juro, es mucho más que usar corpiño, tener el ciclo y maquillarte un poco cuando podés. Ser mujer no tiene nada que ver con usar pollera o con hacer la comida. Mucho menos con planchar, limpiar o lavar. Ser mujer no debería significar nunca sometimiento ni golpes, ni un corazón fracturado, ni un estropicio de sueños, ni ojos morados. Pero suponiendo que tengamos clarísimo todo esto, cuando nos llegan los hijos puede que la madre que damos a luz se coma por un rato a la mujer que le permitió, justamente, esa maternidad. Y es lógico. Si es complejo definir al “ser mujer”, definir al “ser madre” me resulta casi imposible. Igual, recordá que te pedí perdón por la insolencia, pero quiero recordarte algunas cositas. Seguime, que sos valiente, porque, además de madre, sos mujer.

La maternidad es postergación. Es cierto, pero postergación no es abandono. Cuando los nenes son chiquitos puede que debas detener algún anhelo y, además, lo vas a hacer con alegría por ese otro que amás más allá del amor. Pero después retomalos. Probá caminos, que tus hijos no sientan que frenaron tu bonanza. Que vean, en todo caso, que son una buen motivación para ir aún más lejos. El ejemplo educa. ¿Los querés frustrados o los querés colonizando sus empeños?

Hay momentos que son solo para vos y para tu pareja. Es un espacio que se puede haber redefinido con los hijos, pero que no está bueno resignar. El sexo sigue siendo genial, no te lo pierdas. Y un paseo, una cena, un beso casi porno, una charla sin niños… usar la cama de a dos para hacer lo que se les antoja, incluso dormir, todo eso es lo que ansía la mujer que sos. Escuchala, hacete el favor.

Sé libre en tus ideas y en tus decisiones. Sé libre para ceder pero también para defender lo tuyo. Nada puede contra una mujer libre y hay pocas cosas en el universo que hagan más feliz a una persona que la capacidad de poder elegir. Además, divertite. Que no todo sea una odisea o un sacrificio. Divertite con tus hijos, pero sin tus hijos también divertite.

Ponete linda, sea cuál sea tu concepto de belleza. Ponete linda para vos, conquistate. Ponete linda porque darte tiempo para eso es respetar a la mujer que te ocupa, y que se lo merece. Aunque claro, verte linda es una consecuencia de sentirte del mismo modo. Ponerte linda es un concepto en varias capas que requiere dedicación, muchas veces en soledad, que exige mirarte con honestidad, y que nada tiene que ver con el maquillaje (Pero igual hasta que los chicos crezcan no dejes el tapa ojeras).

Tus amigos son importantes. Por supuesto que tus hijos lo son más. Pero tus amigos te dan forma más allá de tu maternidad, te brindan espacios para tomar aire fresco. Y los necesitás, pero además, puede que sean ellos los que te necesiten de vez en cuando, no les falles. Para cualquier mujer es sano compartir la vida con sus amigos.

Es que si sólo sos madre y desconcés a la mujer, además de clausurar una parte fundamental de tu humanidad, les estás enseñando a tus hijos que así deben tratar el día de mañana a sus mujeres y tus hijas aprenden que esa amputación irreal es lo que les corresponde. O lo que les espera.

Te decía, que mejor recordarlo antes de que sea triste. Porque cuando tus hijos empiecen a tomar su propios caminos, sería bueno que el amor esté presente en tu vida, que tus amigos te encuentren para tomar una copa, que tengas empeños pendientes y las ganas de llevarlos adelante, que tus hijos te vean completa, con todas tus partes, para que puedan hacer su vida sin culpas y sin vos, sabiendo que pueden volver cuando quieran. Pero sobre todo, sería bueno que te mires y reconozcas a esa mujer que le pudo dar lugar a la madre sin tener que morir para que sea.

Querida, te dejo con tu lista interminable de quehaceres, pero recordá que para que algo viva, hay que regarlo a diario. Y te abrazo como sólo sabemos abrazar las mujeres.

 

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