Color Esperanza. Bah, negro

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imagesDespués de todo teñirte no es tan tremendo, pensaba camino al chino de la vuelta de casa. Que canas vamos a tener todos, generalizo. Por ahora yo me cuento cinco y no las quiero tener más.

Teñirte es una solución de una vez, rápida y con poco  mantenimiento. Peor son las horas y horas de gimnasio para endurecer la cola, que además se te vuelve a caer en cuanto empezaron las vacaciones de invierno y no tuviste con quién dejar a los nenes. O el dineral que tenés que invertir en cirugías para levantarte las tetas.  Teñirte no es nada.

Bueno, yo por ahora jean apretado o remeras largas y push up, soluciones menos exigidas y más baratas. Pero no voy a andar con un sombrero de por vida. Y además, pensaba, ahora llego a casa y lo soluciono. Agarro de la góndola una tintura negra, como la última vez.

El problema es que no me gusta que me toquen. Bueno, no me gusta que me toqueteen. Un poco me curé de espanto con las nenas y mi marido. Y las copadas de mis amigas que me abrazan sólo para molestarme. Pero solita, así, por propia voluntad, ni loca. Detesto los spa, me contractura que me ofrezcan masajes y la frase “hacerme las manos” me resulta, incluso semánticamente, una aberración. Que las manos ya las tengo hechas. Carajo.

En la misma línea, voy a la peluquería cuando ya es una cuestión de dignidad y no me lo corto yo porque parte de crecer es reconocer las propias limitaciones. Y porque está bueno mantener mi trabajo y que mis hijas no lloren cuando las voy a buscar al colegio.

Ahora, me convencía, esto no es tan terrible porque lo hago en casa mientras las nenas ven Avatar por vez número 10.000 (¡Atulez! grita la de tres, y en cualquier momento me llaman del Jardín). La última vez que me teñí fue cuando tenía veinte y pocos. Me sacó de la cuenta mental la china que buscaba el código de la tintura y le gritaba a Pedro que le grite el precio. Pedro es el chino que de ningún modo se llama Pedro y al que incluso a veces llaman Juan.

Luego de esa última vez vinieron unos diez años de mi color marrón perro natural y ahora, de repente, esas cinco canas. Soluciones drásticas, vamos al negro noche. Yo rubia jamás y de paso el negro me combina con el 95% de mi vestuario. Dicen que endurece las rasgos, pero mejor, capaz la menor se intimida y empieza a hacerme caso y ahí si que me pinto hasta la cara con marcador indeleble. Y eso de que el negro adelgaza es una pavada,  pero no desestimemos ningún recurso, que sigue siendo una opción más sana que el reduce fat fast.

Vuelvo a casa emocionada, me meto en el baño, me pongo los guantes y empiezo. Huele a mi adolescencia. Me tiño sola, me tiño toda. La frente y las manos. La toalla que me puse sobre los hombros y la blusa que tengo debajo de la toalla. Es que estaba concentrada en no pasar, otra vez, del límite del pelo cuando la mayor gritó que la menor quería jugo. Hace diez días que la pre adolescente anda en patines porque descubrió que de ese modo está limitada para la colaboración, ni jugo puede servir, me gritó, me asusté y se me cayó la toalla. Era linda mi blusa. Las uñas quedan divinas y si no fuera por los manchones al tono en las orejas cualquiera podría deducir que no le pongo empeño al aseo personal.

Claro, relacionaba mientras le daba al pincel, mechón por mechón, la última vez había sido sola, sin que nadie dijera mamá cada dos segundos. En la casa de mis padres, en un baño que no me preocupaba manchar, con una toalla que, si me preguntaban, aparecía limpia en el toallero por generación espontánea.

Los pensamientos pierden forma cuando redescubro que la imagen de la propia cabeza llena de tintura sólo puede empeorar cuando uno se pone la gorra. Maldita luz del baño. Bueno, vamos a por el fin, que estos son sólo medios. Y todos legales.

Lo bueno es que, quince años después, semejante experiencia está protegida por un rosario de productos que te ayudan a perdurar el efecto. El del color teñido en el pelo digo. Si fuera el de la juventud no estaría escribiendo esto, estaría recorriendo supermercados hasta llenar un container. Ni te cuento si fuera uno para aquello de la cola y el escote…

No es un tema menor esto de la duración (No, no, no voy a caer en el chiste fácil). Antes se iba el negro y volvía a mi color, ahora vuelvo a las canas, que son, justamente la ausencia de eso mismo. Casi una crisis de identidad.

En mi caso al menos no me da el piné para llevar las canas con estilo, como a mi socia por ejemplo, intelectual con mechones blancos que, a pesar de todo, se ha bancado motes aburridos y repetidos que como un ping pong, van del Kodama al Echarri, y vuelven.

Finalmente tengo el pelo negro como hace veinte años y no se si es un retroceso o un signo de madurez. Pero brilla y me encanta.

Retroceso si me hiciera además un jopo desproporcionado, que ni aunque quisiera podría, mirá si a la mañana además de todo me voy a hacer el jopo.

Madurez un poco. Aceptación cariñosa del paso del tiempo, mirada resolutiva y negociación con uno mismo, concluyo. Por ahí pasa la cosa, mi tintura no tapa las canas para volver a los veinte sino que me proyecta hacia adelante y me revela sin esos cinco pelos blancos que me alejan de quien soy.

Porque lo tremendo no es la decisión de teñirme, lo tremendo son mis canas si decido que no las quiero.

Y después de todo sigue siendo mucho peor tener que ir al gimnasio todas las mañanas.

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11 comentarios

  1. Ves cuando te digo que ser rubia tiene una virtud: no se ven las canas… MUY BUENO EL POST COMO SIEMPRE!!!

  2. Muy bueno, como siempre!
    La frase “que las manos ya las tengo hechas” es sublime.
    Me encanta leerte, un beso!

  3. el tema es cuando una se tiñe hace mas de 10 años y ya tiene 39…porque la frase… y de un susto se puso blanca…,era tan cierta!!!!!!!!!!!!!!yo digo que…o me quedo pelada o termino platinada!!!!!!!!!!!!!
    genial lo tuyo como siempre!

  4. Me encantó! Lo vi posteado en el muro de facebook de Cecilia Galli! Todavia no tengo canas, que yo sepa, pero me identifico como madre. Muy bueno!

  5. YO ME TIÑO!!! Y es increíble pasar de ver en el espejo a mi hermano mayor, antes, y al menor, después… Igual lo mío se entiende, jamás resolví el tema del paso del tiempo.
    Excelentemente escrito.

  6. peor es tener que teñirte todos los meses porque las canas aparecen a millones, no te quejes que 5 no es nada!!!! igual yo como la última vez que lo intenté teñí hasta el inodoro, voy a la pelu jajajaja

  7. Tengo 36. Me tiño desde los 25 por necesidad, y desde los 14 por jodida. En estos artificiales 22 JAMÁS me tení el pelo en una peluquería (y, Beta, podés dar fe de mis épocas de pelo larguiiiiísimo). Creo que sólo existe una cosa peor que portar las canas, y es que te toqueteen la cabeza. Lo del gimnasio matinal, por cierto, no cabe en mi Universo posible. Gracias, como siempre.

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