Cómo logramos que nuestra hija deje de chuparse el dedo (Sin cortárselo)

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Dejar de chuparse el dedo: un logro de gigantes. Cada chico tiene sus propios desafíos, y el de los padres suele ser ayudarlos sin apurar sus tiempos.

“Se le va a hundir el paladar y no va a poder hablar bien”; “se le va a caer la uña”; “le van a quedar dientes de conejo”; “el dedo se le va a hacer más finito”; “¿No está muy grande para chuparse el dedo esa nena?”. Estas y otras barbaridades escuchamos durante años sobre La Menor y su adicción: chuparse el dedo gordo de la mano derecha.

Nunca usó chupete. Se chupaba el dedo cuando tenía sueño, cuando estaba cansada, cuando estaba nerviosa. Muchas veces durante el día y siempre a la hora de dormir.

Acudimos a la palabra de los especialistas. Y muy lindo el tour hasta que llegamos al pediatra que, tan sensato para todo, nos dijo: “Si descubren algo que funcione, me avisan”. Y nos mandó a casa con la orden de no volverla loca con el tema y teniendo que aceptar que se lo iba a dejar de chupar cuando se lo deje de chupar. Otros se comen las uñas, otros no sueltan un trapito, otros no se duermen sin el chupete y para ser más gráficos, hay adultos que si se olvidan el smartphone entran en pánico. No ocurría nada más que eso, se chupaba el dedo y todavía, por su corta edad, no era un problema.

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