Como “Rat in mi kitchen” (Pero “in mi baño”)

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Vamos directo al grano: ¿Alguna vez se enfrentaron cara a cara con un ratón? Nosotros sí y vivimos para contarlo

En casa no hay ni cucarachas. Con mucho esfuerzo mantenemos vivas 2 nenas, 2 gatos y 5 cactus. Me parece importante advertir este contexto antes de meternos de lleno en la historia que sigue.

Hace muy poco hicimos la cocina de nuevo. Fueron tres semanas vehementes de obra, materiales, albañiles, polvo, la casa dada vuelta y las tarjetas de crédito explotadas. Finalmente terminamos y empezó entonces el chiste de sacar del hogar los desechos que habían quedado después de la aventura remodeladora. Nuestro hogar es en dos plantas pero la vida diaria transcurre en la planta de abajo (en donde incluso están los cuartos). Los restos del extreme makeover de la cocina quedaron arriba y los íbamos sacando conforme la municipalidad nos lo permitía.

Una noche, tarde, con el cansancio habitual de padres que son padres pero que además se empecinan en tener una profesión y una vida, yo me fui a acostar y consorte se fue a bañar. Raro, pero me acosté y me dormí. Entre sueños escuché la voz lejana de mi amado que pronunciaba mi nombre, como un canto: Be, BE, BE… (Qué lindo el amor que te arrulla los sueños) BEEEEEEE…. BETINA! En ese momento me despabilé y salí rapidito de la cama porque el Betina solo lo usa mi madre cuando se enoja. ¿Se habría olvidado las toallas? Qué rara la insistencia, consorte es un prodigio, no se si me arrulla los sueños, pero seguro resguarda mi escaso descanso.

Abrí la puerta de mi cuarto, siempre cerrada para que Suárez y Roberta, los dos gatos obtusos, no colonicen nuestro sommier y lo que vi heló mi capacidad de razonar: Consorte, parado y en bolas, me llamaba desde la otra punta del pasillo oscuro, la puerta a medio abrir, la luz del baño era un faro, medio cuerpo adentro, medio cuerpo afuera, el ruido de la ducha que caía como la banda sonora de una película de terror. Y sin ninguna coherencia con la imagen que acabo de describir, este hombre que me anunciaba: Be, hay un ratón, y corría la cortina de la bañera como si yo tuviera alguna intención de acercarme.

Tardé en procesar esa frase sencilla de 4 palabras no porque aún estuviera dormida, sino por la magnitud trascendente de lo que estaba ocurriendo. La desgracia. La tragedia. Lo tremendo. El espanto.

Be, no sé qué hacer, insistió luego de ver que lejos de acercarme, retrocedía. Yo sí sabía qué hacer, lo veía con una claridad pasmosa: Despertar a las nenas, agarrar los gatos, los cactus y las cápsulas de Nespresso, salir de casa y ponerla a la venta. No se me ocurría otra opción razonable.

Traeme un tupper, dijo el hombre, que seguía impasible y en pelotas viendo como el ratón se daba el baño más largo de su vida.

¿Yo? ¿Un tupper? ¿Hasta ahí? Y mi voz alcanzó agudos que nunca nadie pensó que podían salir de mi garganta de tango. No me contestó. Me miró fijo y comprendí que en ese momento toda nuestra vida de pareja estaba en juego. El “y en las malas” había llegado, y las malas habían tomado una forma realmente mala: una gris con cola y orejas. Abrí el cajón de los tuppers, con lo que me cuesta mantenerlos con su tapa, agarré uno redondito y se lo alcancé desde lo más lejos que pude. Estirando el brazo. Poniéndome en puntas de pie y todo al borde del paro cardíaco. En un momento, puro morbo, me acerqué lo suficiente como para ver al intruso. Chiquito, parecía inocente y hasta era lindo. Yo me quería morir del asco.

Consorte miró el tupper, más chico que su mano, evaluó lo cerca que iba tener que estar su cuerpo del roedor y me interpeló en un tono que le desconocía: ¿Estás loca? Tenía razón. Volví a la cocina. Qué bien que abren los cajones nuevos eh, y saqué el tupper más grande que encontré. Se lo dejé y volví corriendo a la puerta de mi cuarto, mi trinchera precaria. Todo pensando que el bicho se iba a escapar, se iba a escurrir e iba a venir derecho hacia mi para hacerme cosas horribles. No sé cuáles, pero horribles.

Se libró una batalla épica en el baño, escuché ruidos y la voz de triunfo del valiente cazador. Me faltó valentía para presenciarlo. Llegó consorte con el gran tupper tapado y tuve dos pensamientos inmediatos: Meter adentro del tupper a Suárez y a Roberta, los gatos que observaron todo el proceso con su poses señoriales de siameses, sentados en el pasillo y mirando la situación con cara de “Por favor que le pasa a esta gente, ya ni de madrugada se puede estar bien acá.” ¿El ratón? Bien, gracias. Son gatos inclusivos. Ellos no están para ocuparse de esos detalles.

El segundo pensamiento era que debíamos deshacernos rápido del ratón porque Consorte es más bueno que el pan y si lo dejaba mirarlo dos minutos más íbamos a tener que adopatarlo, ponerle nombre y pagarle los estudios. Se puso un boxer (Si, recién ahí) y tiró al ratón a la calle. Volvió acongojado por la suerte del animalito. Yo mientras, googleaba qué inmobiliaria vendía casas armadas, hasta con la heladera llena, como para cerrar la operación a la mañana siguiente y sacarnos el temita, y la vivienda, del encima. Vivir podemos vivir en cualquier lado. Cualquier lado sin ratones digo.

Las nenas nunca se despertaron. Pero creemos que es una gran oportunidad para hacerles creer que tal vez, solo tal vez, el ratón vino a casa por el desorden de sus cuartos. Lo estamos evaluando, la paternidad también es saber aprovechar las herramientas que nos da la actualidad para educar.

Finalmente supimos que no había más intrusos en la casa (Están los amigos adolescentes de La Mayor, pero a esos todavía no les tengo tanto asco) y ya casi puedo caminar por mi hogar sin sentir que me espera el espanto en cada esquina. Creo que en un par de años recupero la paz y todo.

Mientras, Consorte confirma una vez más que es mi superhéroe favorito, aunque ande llorando por los rincones porque no sabe si en el revoleo el ratón falleció (Sic) o se lastimó… pobre bichito de Dios, que a esta altura el tipo ya asegura que era IGUALITO al de Ratatouille…

Por estos días, queridos lectores, adrenalina es abrir la cortina de la bañera. El resto son detalles.

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2 comentarios

  1. Me hiciste reír mucho!!! en mi casa paso y las cosas que uno dice y hace en esas situaciones son únicas! en mi caso quedo encerrado en mi dormitorio, y tuve que colaborar en la cacería! mi criatura esperaba afuera en el pasillo, tenia 3 años, cada vez que yo salía a buscar algún elemento contundente ella me preguntaba qué les pasa porqué gritan!!! y los ruidos que se escuchaban de la lucha que había adentro realmente parecía de una cuerpo a cuerpo!!! y cuando llame a mis padres para comentar la horrorosa situación por la que habíamos atravesado mi papá me contesto, me llenaste la casa de hámsters durante años y armas semejante escándalo por un ratón!

  2. ;D ¡OMG! he reído, sobre todo porque Consorte iba a querer adoptarlo, ponerle nombre y pagarle los estudios. jajaja.. no esta historia es la más jocosa hasta la histeria. Me ha dolido el vientre entre realidad y sarcasmo.
    Grato leerte.

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