Con las ideas desempañadas

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ConLasIdeas

La menor se pasó a tu cama, el padre está de viaje, la mayor se acordó en el desayuno que precisa un mapa físico político de las Islas Caimán. Como sabe que no vas a justificarla con la maestra, te entregó el iPod para que lo confisques a costa de la futura mala nota, mientras con la otra mano se lavaba los dientes. El día viene raro.

Te tiraste el café en esa camisa tan bonita que quedó arruinada para siempre aunque todavía te quedan siete cuotas para terminar de pagarla. Te cambiaste corriendo, salieron trotando, tuviste que volver a buscar la llave del coche, hoy todas llegan tarde.

Subís al auto y respirás hondo. Un silencio en el asiento trasero. Girás la llave dispuesta a dejar esa mañana atrás, sobre todo porque te espera un día que va a durar como tres. Como ofrenda de paz ponés la radio que le gusta a las nenas y arrancás.

El impulso te dura hasta el semáforo. Se acerca un muchacho que usa un tacho de pintura como balde del que asoma una espuma color gris de algo que debe haber sido jabón. Dice: “¿Te limpio, jefa?” y mientras apoya un secador corto en tu parabrisas y desaparece detrás del vidrio enjabonado. Durante todo ese asalto decís que no querés con todo tu cuerpo, gesticulás grande la O del “no”, movés las manos coléricas negándote a lo que ya está ocurriendo y rezás para que el suplicio termine antes de que cambie el semáforo y el vidrio no te quede más sucio que antes. Son todos iguales, pensás, por lo menos no me roban, seguís. Desde los otros autos te miran con piedad pero también con alivio porque sos vos y no ellos.

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