Ctrl P (Y vamos viendo)

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descarga (1)La primera vez me retiré con la conciencia llena de conos derribados. La segunda vez salí sintiéndome incapaz de salir a la calle armada con un vehículo de cuatro ruedas, aunque el papelito sellado que declaraba un registro de conductor legalmente otorgado, sufridamente conseguido, sostuviera lo contrario.

Una semana después, y con mi sentido de incapacidad acentuado, me dirigí a las oficinas correspondientes a buscar mi primer carnet de conductor, desolada, en pánico, y con la única esperanza de que la P de principiante fuera bien grande y visible.


Es que el que avisa no traiciona, dicen. Esa P me daba permiso para que el auto se me detenga en cualquier parte del trayecto y todas las veces que se le ocurra y para titubear en cada esquina ante la posibilidad de que venga un auto… Manejar es una locura, no entiendo cómo lo tenemos naturalizado, lo lógico sería que nos estampemos en cada cruce. Cualquier otra cosa es un milagro.


La P también me habilitaba a ir pisando los 20km x hora de la mínima permitida y me daba seis meses de gracia. Como todos han sido vírgenes y nadie nació manejando, esperaba cierta comprensión solidaria. La P era mi verdadero airbag (El chiste de que los tengo incluidos ya me lo hicieron, para qué repetirlo). Sin embargo, paso a detallar algunos problemas de la P con los que, paradójicamente, me he chocado:

  • El primer problema, radical, de base, es que no me la dieron. “En Provincia no se da, sólo en Capital, Señora”. Cuando me repuse del “Señora”salí caminando despacio, con mi licencia, sin la P. Nunca me sentí más desnuda y eso que de púber salía a bailar en corpiño (Reclamos a Madonna).

  • Si no me la dan, me la hago solita. La P tiene fondo verde y con lo que cuestan los cartuchos de impresora y los problemas para entrarlos al país, lograr el color adecuado no es fácil. Casi que lo logré pero inmediatamente después se me amontonaron las objeciones.

  • La P no la ven los que vienen de costado, no la ven los que cruzan ni los que vienen por delante. Puedo pegar una en cada vidrio. O varias, pero ahí la que no veo soy yo.

  • La P se presta  a suspicacias porque inicia varios vocablos poco felices a la hora de mantener la calma detrás de un volante. La P es de pelotuda. Pero para mi, antes que nada, es de Pánico. No quisiera portar una apología del insulto fácil. Nada más parecido a la muerte que un lugar común.

  • Otra opción era plotear el auto pero se acrecienta el riesgo del punto anterior. Y además por el costo me conviene contratar un chofer. El costo incluye comprar otro auto para mi consorte que se negará a subir al auto ploteado, estoy segura.

  • Imbéciles hay en todas partes.  Desde los que te dan “aliento” diciéndote “Avisá por dónde vas… así vamos por otro lado”  hasta los que te tocan bocina y te pasan para terminar adelante tuyo en el siguiente semáforo. Bobos. Sepan, señores experimentados, que manejan mal, lo digo yo que lo más fuerte que tengo ahora mismo es la teoría. Y nunca choqué. (je). Pensar que un cartelito con una P les va a quitar esa boludez es abusar de la esperanza.


Finalmente desistí y tiré la P que había impreso porque concluí que más que pegar un cartel en el auto debería detenerme cada vez que alguien se exaspera y darle un resumen de 6 páginas con la explicación de lo complicado que ha sido para mi llegar hasta aquí. Manejando.


La base del ecosistema automotor es el desconocimiento y la negación. Ignoramos la debilidad de la situaciones particulares y negamos el abanico de desgracias que están al alcance de pisar mal el freno. Por ejemplo, si los que me tocan tanta bocina supieran el desastre que puedo llegar a hacer creo que directamente la desconectan. Y en el mismo tono, si lo peatones supieran de mi inexperiencia dejarian  de cruzar por cualquier lado.


“Cuidado que acá hay gente que maneja como mamá” le dije a la menor en el estacionamiento de un shopping. Y me agarró fuerte de la mano. Los peatones tenemos tendencias suicidas, noto ahora que puedo pisarlos.


Pasan los días y ya dominé el impulso de bajarme y dejar el auto en la mitad de la calle. No es poca cosa, el resto se va acomodando. Hoy un señor en bicicleta me gritó: “Nena, prendé las luces”. Y sin saberlo, esas cuatro primeras letras lo salvaron de ser embestido. Lo bueno es que siempre estaciono bien,  será por la emoción de haber llegado.


Yo no manejo, tengo experiencias. La primera fue cuando, por primera vez y 20 años tarde, fui a buscar a mis hijas al colegio. La sensación fue la de haber escalado el Everest calzada con Louboutins. Princesa también empieza con P.


Apenas una semana después estaba en pleno centro de la ciudad metiéndome solita de contramano por Libertador, pero eso se los cuento en otro post…


Mientras, conduzcan con precaución. Hay mucho principiante en la calle. Y sin la P.

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7 comentarios

  1. Falta la parte donde las tres amigas te perseguimos por Libertardor y nos deteníamos al lado de cada auto estacionado a ver si eras vos en estado de shock

  2. alicia aquino el

    con todos los P elotudos que hay en la calle, no te sientas discriminada,.hacé cómo hacía una parienta :: no soy yo la que no sabe manejar, sino que hay demasiados coches por dónde voy: jajaj!! y..bueno ..con Gabo, pasa mas o menos lo mismo..¡¡TEN FE!! es cómo ser madre,muchas veces no vas a saber qué carajo hacer, pero siempre vas a encontrar algo con lo cual saldrás airosa, beso.

  3. buenisimo, como siempre, la verdad es complicado manejar, siempre, pero te acostumbras, porque en realidad todo es complicado, no solo manejar jaja

  4. Yo también aprendí a manejar grande, cuando tuve a mi primera hija y me vi obligada a movilizarme cargada de cosas. Al principio sentí el mismo pánico que vos describís (terminaba con taquicardia e hiperventilada cada vez que llegaba a destino, jajaj), pero perseveré (que a cabeza dura no me ganan muchos…), practiqué muchísimo, y un año después me encontré conduciendo tan cómoda como caminando. Para más orgullo, mi marido que hasta conductor profesional fue, me dijo que manejaba muy bien, mejor que gran parte de la gente que conocía!!! Hoy el auto no me lo quita nadie, me da una libertad inimaginable y disfruto muchísimo de la sensación de conducir.
    Ya lo dice el dicho, persevera y triunfarás!!!

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