El lado B de la Maternidad: Los regalos que no se pueden comprar

0

Hay cosas que no tiene precio. No por caras, sino porque no están a la venta

“Lo que quieras” contesto cuando me preguntan qué le pueden regalar a mis nenas para el día del niño. No quiero provocar con respuestas del estilo de “Nada, porque no entra en el cuarto” o “Nada, porque ya tienen lo suficiente como para todos los días del niño que les quedan hasta que sean adultos responsables”.

Entiendo sin embargo que está bueno que el día del niño tengan obsequios, no soy tan necia, y entiendo también que a la gente le gusta tanto como a mi comprarlos. Sólo intento acotar el volumen. Con mis hermanas ejercitamos el “tu hijo – tu regalo” pero nos juntamos a comer y a pasar ese día bien rodeados. No podemos sin embargo, contra el “Nosotros les compramos lo que se nos antoja porque en cualquier momento nos morimos y además estamos grandecitos como para que nos digan lo que tenemos que hacer” de los abuelos, siempre tan pedagógicos.

Y arrancamos con la búsqueda propia del presente adecuado. Si no hay nada que necesiten (Y que no sea un mapa geopolítico o aparatos para la ortodoncia) pasamos entonces a algo que no tengan combinado con algo que quieran o al menos algo que les guste.  

Reprimo la idea de envolver algo de sus propias repisas, es posible que no se den cuenta, agradezcan y festejen. Me resigno y me concentro en acertarle al día en el que hay descuento con la tarjeta.

Para nosotros siempre es más sencillo recurrir a la tecnología, después de todo es el elemento más atractivo para chantajearlas luego. Suponiendo que el presupuesto nos alcance, y que el aparatejo no esté ya en casa, subyace la duda: ¿Realmente lo valoran? Porque cuando encontramos el regalo tirado por ahí pasamos rápidamente a la amenaza de “Se lo regalo a un nene que lo cuide más” (Bueno, cuando termine de pagar las 12 cuotas).

De esas tribulaciones nos vamos al otro extremo: los juguetes artesanales. Es que los didácticos ya los tienen todos. Si seguimos comprando bloques de encastre vamos a poder construir nuestra próxima casa solitos. Y terminamos comprando un posavasos tejido al crochet con una forma parecida a un Minion. No soy purista, sé que jugábamos a la rayuela porque no había ipod. Hoy las mías hacen las dos cosas. Y la verdad es que no veo la diferencia entre un nene solo con un balero y un nene solo con una tablet. Están igual de solos y la mano se les va a acalambrar igual. Cada uno con las circunstancias de sus tiempos.

El tema es que las cosas están muertas. Hay que cargarlas de sentido para darles vida, esa es tarea de los padres. Y un buen regalo para todos los días en que nuestros hijos sigan siendo niños. Y eso no se compra, no se vende, ni tiene precio. Generarles el tiempo para que puedan disfrutar lo que tienen y lo que son. Entre el colegio, danza, hockey, arte, guitarra, taekwondo, etc. guardar un rato para armar finalmente ese rompecabezas.

El problema más grande no es el exceso de cosas, sino la carencia de momentos para valorarlas. Que no sean fines en sí mismo, sino herramientas para algo más, la búsqueda, el encuentro, el aprendizaje o la diversión, sólo para citar algunos ejemplos.

Es el gesto, nunca el objeto: Tiempo exclusivo, límites claros y amorosos, ganas de jugar con ellos, la felicidad de tenerlos en nuestras vidas, respeto por su individualidad, alegría por cada pequeña cosas de cada día, risas grandes, comida hecha con amor, oído atento y charla dedicada, abrazos oportunos, palabras de verdad, promesas cumplidas, besos porque sí.

Los regalos que se compran son divinos y nos encantan, pero los regalos que no tienen precio son los de mayor valor. Que los padres sepamos distinguirlos para poder combinarlos y hacer, entonces sí, días felices para nuestros niños.

Este texto fue publicado en la revista Nacer y Crecer  - Agosto 2015

Este texto fue publicado en la revista Nacer y Crecer – Agosto 2015

 

Compartir.

Sobre el Autor

Dejar una Respuesta